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ABC MIÉRCOLES, 3 DE OCTUBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 PERFIL DEL AIRE TRIBUNA ABIERTA ALEXANDER MCQUEEN Y LA LITERATURA POR CLARA ZAMORA MECA Las creaciones de McQueen están hechas de la misma materia que las manifestaciones literarias del romanticismo NIR moda y literatura puede parecer un juego sacrílego. Algo así como una distracción perversa de las fatigas filológicas y eruditas, con cierto gusto por la profanación. El personaje británico que me inspira y obsesiona pudo jactarse de haber traspasado este umbral espeso de los estereotipos. Su genio creativo clavó la aguja en un atormentado embrujo. Su mente estableció un puente en el tiempo, que vinculó la literatura finisecular decimonónica con la estética finisecular del siglo siguiente. Cien años de diferencia, distintas posibilidades y capacidades de expresión, una misma sensibilidad. Los fines de siglo son una trasposición única, simbólica, confusa del miedo al cataclismo. Hasta aquí, nada nuevo; pero mi carácter obsesivo es un arma de doble filo. La parte negativa voy a obviarla para evitar su compasión de lector benévolo. La parte positiva es un filón extraordinario. Ahondar de manera incesante sobre una idea que me asalta es algo íntimamente seductor, como un enamoramiento en espiral ascendente. En ese camino, siento que avanzo y establezco mis propias premisas. Trataré de explicarme. La literatura ha sido, históricamente, el caudal infinito que ha inspirado a todas las demás parcelas de la creatividad. Las ideas se identifican con palabras. Los escogidos que supieron expresarlas sembraron el prodigio que supone el rico colorido de sentimientos, sensaciones y tormentos, que ha supuesto, de manera natural, la base para el resto de las disciplinas artísticas. Es ella la que explica la paleta de colores en las que se mueve el alma humana, desde el sereno azul al rojo apasionado, sin dejar de lado los tonos satánicos que extrajeron con sus plumas los escritores románticos. Ese sentimiento de lo ideal, tan singular y agradable en lo terrible Estar en posesión de una sensibilidad tan especial y exquisita como tuvieron aquellos literatos sube la fiebre. Un fondo lujurioso, oriental, cruel y magnífico es el que, sin miedo al vituperio, establece la conexión que aquí pretendo defender. La línea etérea que conecta las Moralités légendaires de Jules Laforgue y su descripción poco conocida de Salomé, en la que aparece exquisitamente caricaturizada, con la ópera de Offenbach, que no dejó de complacerse en los matices más siniestros de esta heroína, con las ilustraciones que Beardsley hizo para acompañar los textos de su amigo Wilde hilan su esencia con la estética del diseñador de moda británico Alexander MacQueen. Su aparición supuso un nuevo escalofrío en aquel tiempo. Materializó a la Venus negra que hervía en su interior. Extraer la belleza del mal es la esencia de las piezas aquí enumeradas y la idea que las hermana. El arte de McQueen fue poderoso y reconocido, cultivado en invernaderos aparentemente impíos, un furioso impulso de voluptuosidad insaciable precipitado hacia lo imposible. Los seres dotados de esa sensibilidad especial y exquisita, poco frecuente, son hombres de fantasía imperial, a quienes el mundo les aburre perdida y desesperadamente. Tienen el instinto de la autodestrucción. El espíritu de perversión, de hecho, provocó su última caída, con un discreto suicidio en 2010, a los cuarenta años de edad. Para los que viven con tanta intensidad, la vida suele ser corta. Como una revelación del yo subterráneo, las creaciones de McQueen están hechas de la misma materia que las manifestaciones literarias del romanticismo. Su ímpetu de acción frenética, el exotismo lujurioso y sanguinario, como si la pasión fuera una cosa en exceso natural, dominaron con más seguridad su voluntad, acariciándolo con la suprema lascivia que supone la tenden- PACO ROBLES PEDRO EL RESISTENTE Todo le resbala a este profesional de la política, que estará en el sillón hasta que lo echen UBO un Pedro I de Castilla al que unos llamaban el Cruel, y otros, el Justiciero. Cuestión de perspectiva, como dice doña Rosa en el café que sigue regentando en La colmena, la obra maestra de Cela. Esa perspectiva es la que les falla a muchos cuando analizan la labor del actual ojo a la ironía, porque puede caer de un momento a otro presidente del Gobierno. Pedro I de Moncloa es un político que ha demostrado una cualidad en su vida profesional: otra vez la ironía, porque la política es una profesión para este doctor en Copiaypegalogía. Pedro Sánchez se define por su capacidad para cumplir el mandato de don Camilo a rajatabla. El que resiste, gana. Y tanto que gana. Desde el congreso de su partido, hasta la Presidencia del Gobierno que le otorgó el Congreso de los Diputados sin necesidad de ganar las elecciones. Como si fuera uno de esos aprobados de despacho que se inventó la Logse para maquillar el fracaso escolar. Exactamente igual. Da lo mismo que sus ministros dimitan porque no llegan al listón de honradez que les impuso un tipo que ha conseguido el doctorado a la remanguillé. Da igual que el país vuelva a sentir la zozobra de la crisis económica por la inseguridad jurídica y normativa que propicia este Gobierno de ocurrencias que no va más allá de los viajes y las puestas en escena. ¿O no es eso lo que pasó en La Moncloa cuando celebraron el final del terrorismo el pasado lunes, vulgo antier? Sánchez no ha terminado con esta lacra, pero se apunta el tanto con un acto, que es lo suyo. Marketing. Mercadotecnia. Merchandising. Venta de humo. Todo le resbala a este profesional de la política que estará en el sillón hasta que lo echen. Primero le dobló el brazo al aparato de su propio partido. Susana Díaz perdió el pulso y Sánchez salió victorioso y reforzado por las bases que aspiran a lo mismo que él ha conseguido: vivir del presupuesto, como lúcidamente denominó a esta clase política el añorado Félix Bayón. Por eso no se irá por la puerta grande quien entró por la gatera del pacto de perdedores. Sánchez, que es hijo del caciquismo de la Restauración aunque él no lo sepa, es consciente de que las elecciones se ganan después de conseguir el poder. Esa carambola ya la ha realizado en su primera fase. Ha conseguido firmar en el BOE sin el aval de las urnas. Desde el poder se ganan los comicios más fácilmente. Eso lo sabían Cánovas y Sagasta. Y lo sabe Sánchez. Pedro I el Resistente o el Desahogao. Que cada uno le adjudique el adjetivo que más le cuadre. Desahogao, sin la de intervocálica del participio, le cuadra como uno de esos aviones o helicópteros que utiliza para irse de concierto o de viaje promocional. El desahogo es lo suyo. Nada de cargos de conciencia, ni de pedir perdón por haber llegado sin las credenciales de los votos. Todo lo contrario. Arrogancia suma de quien se cree un líder internacional cuando no pasa del raspado cum laude. Al final lo echarán los mismos que lo pusieron ahí, pero entonces ya se habrá ganado la pensión vitalicia. Que es de lo que se trata. U H Una creación de Alexander McQueen AFP cia natural hacia la perdición. En sus creaciones, se mantiene la idea de belleza feroz, inalcanzable, con muchos de los atributos de la mujer fatal decimonónica. Supo mantenerse en la vanguardia sin rozar apenas la realidad de su tiempo. La fascinación que deja en mí McQueen es la fascinación romántica por las hermosas difuntas, porque un vestido en un maniquí, sin su puesta en escena, es como un texto de Swinburne impreso en plástico, intolerable. Europeo, formado en la escuela de la novela gótica, demostró una seria efervescencia y degeneración. Este creador de sueños situó el acento en la literatura, probablemente en una grotesca ignorancia, pero que pone de manifiesto que, en cuestiones de sensibilidad, en el mundo de los sentidos, aún con la libertad de costumbres, el que manda es el instinto y, en estos casos descritos, el tormento y la extravagancia dentro de los cuales se esconde la angustia. CLARA ZAMORA MECA ES PROFESORA DE HISTORIA DEL ARTE EN LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA