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ABC MARTES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es cultura CULTURA 47 CONVIRTIÓ EN PICASSO Picasso y Montmartre, un barrio prostibulario para un genio El Montmartre de Picasso apenas tardaría una década en morir sustituido por Montparnasse en la geografía artística de París. El joven Picasso se instala en Montmartre (imagen de la derecha) por razones económicas y artísticas (en el barrio se cruzan muchos artistas y literatos de ayer y de mañana) Los testimonios y las fotografía de la época evocan la figura de un joven nada rupturista (lleva corbata, con cierta frecuencia) que destaca por una sed insaciable de novedades y nuevas maneras de vivir, ver y pintar el mundo. El artista da rienda suelta a esa creatividad frenética en un París que estaba agonizando... el París de Montmartre, de los poetas callejeros, las tabernas de mala muerte, la bohemia miserable, los hoteluchos prostibularios... En ese mundo se formó Pablo Ruiz, joven pintor clasicote que se transforma en Picasso en pocos años, tocando todo cuanto tocaban sus pinceles con la gracia del gran arte. Sobre estas líneas, a la izquierda, La habitación azul (1901) y, a la derecha, La celestina (1904) quines esperan la triste suerte de una función que se acaba, sin gracia, sin futuro, hundidos en la más palmaria y mísera soledad. Corrientes El joven Pablo Ruiz que comienza a ser Picasso es una síntesis capital de todas las corrientes del arte de su tiempo. La pintura académica española que venía de su padre, profesor de dibujo. La nueva pintura catalana de finales del XIX, muy influenciada, también, por las escuelas parisinas. Anglada Camarasa contribuye a su manera a la leyenda del Paris la nuit Instalado en Montmartre, el Picasso que había comenzado a florecer, con un brío majestuoso, estaba enriqueciéndose con otras influencias mayores: Toulouse Lautrec y Van Gogh, entre otros. Picasso puede firmar autorretratos inspirados en los personajes de Toulouse Lautrec. Y puede inmortalizar la muerte de su amigo Casagemas a la manera de Van Gogh. Lo propio del genio picas- cohabitarían siempre la aventura y siano, en Montmartre, instalado en su el orden El Picasso caníbal devoestudio del Bateau- Lavoir, sin embar- raba mujeres y obras maestras, nugo, es una suerte de frenesí erótico crea- triéndose de tal canibalismo para dor que no lo abandonará nunca y co- dar a luz un rosario vertiginoso de menzó a florecer entonces. rupturas y convulsiones creadoras. Picasso encontró a su primer gran Picasso ya conocía los prostíbulos amor parisino, Fernande Barcelona, antes de de Olivier, hacia 1904. Los instalarse en París. Pero Eternidad el prostíbulo de Las sedibujos eróticos y pornoEra capaz de gráficos de la época conñoritas de Avignon conferir una firman que aquella pri (1907) está iluminado con mera pasión anunciaba eternidad divina a las luces de las vanguarlas tormentas amorosas la silueta desnuda dias que llegaban desde por venir. El joven Pablo de cualquiera de París y es un aldabonaRuiz comenzó a pintar zo capital, anunciando el sus amantes desnudos de prostitutas. advenimiento del cubisAndando el tiempo (muy mo, tocado con la geomepoco tiempo) Picasso inmortalizaría tría celeste del gran arte ibérico descon trazos de genio a un número in- cubierto en el Museo del Louvre. calculable de mujeres, aventuras de El Picasso rosa puede pintar auuna noche, matrimonios, aventuras torretratos que oscilan entre la geoprolongadas en el tiempo. metría celeste del gran arte clásico y En la fiebre creadora que comenzó la deconstrucción de las formas clá imitando los colores fauvistas sicas que sería una de las fuentes del cubismo. Al mismo tiempo, la sabiduría apolínea del joven Pablo Ruiz, intentando ser fiel a un padre profesor de dibujo, sigue siendo la matriz última de toda la creación picassiana. Con un lápiz en la mano, Picasso era capaz de conferir una eternidad divina a la silueta desnuda de cualquiera de sus amantes. Ido el amor y la pasión, el mismo Picasso podía asesinar o devorar a la misma mujer, amante o esposa. Olga Khoklova escapó a tal destino. Las mujeres de los periodos azul y rosa oscilan entre ambos mundos. Con la excepción de La celestina las mujeres azules, perdidas en tristes hoteles de paso, son heroínas condenadas al infierno de la muerte en vida. Las mujeres en rosa están tocadas por afeites en rojo vivo, sentando sus reales en las tabernas donde esperan a sus clientes tomando un copazo de artemisia absinthium el prosaico ajenjo de los poetas modernistas.