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ABC MARTES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 El Rey, durante su recorrido por las instalaciones de Gastech, ayer en Hospitalet (Barcelona) ORIOL CAMPUZANO Torra evita a Don Felipe en Hospitalet El Rey como antídoto JESÚS LILLO Quim Torra no soporta que aplaudan al Rey en lo que considera su república, pintada de amarillo Piolín por su somatén territorial. Por eso lo evita, con la excusa de aquella ruptura de relaciones con la Corona con la que trató de camuflar su manifiesta impotencia. Ayer no se dejó ver por Hospitalet, donde Don Felipe inauguró entre ovaciones la mayor feria internacional dedicada al sector del gas, a la que acuden unos 30.000 profesionales y que después de tres años de deslocalización asiática regresa a Europa. Tampoco el Rey acudió precisamente a Barcelona para saludar a un funcionario cuya falta de diligencia pasa inadvertida ante la deslealtad con que se maneja, sino a contrarrestar el temor que el tractorismo separatista genera en los mercados y a personificar la modernidad de una España cuya seguridad jurídica y estabilidad política animan la inversión. Entre los directivos de Shell, Exon, Qatar Petroleum, Gazprom o Cheniere, nadie echó ayer en falta a quien de lejos, con su identificación reglamentaria en la solapa, hubiera parecido que iba a coger la lectura del gas del contador. El escenario era irrepetible pensó el Govern para internacionalizar el conflicto con un desaire que, sin embargo, y a excepción de quienes aún siguen y aplauden su farsa desde La Moncloa, solo consigue a estas alturas exteriorizar un berrinche. De aquí a Arabia, para vender corbetas o fortalecer la industria gasística nacional, la experiencia y el magnetismo del Rey en el campo de la economía globalizada es el mejor antídoto ayer en Barcelona, donde más falta hace contra quienes improvisan un sindiós económico que conduce a la ruina. Por mandato constitucional, la figura y la actividad de Don Felipe no pasan de ser representativas en este tipo de actos, lo que paradójicamente multiplica su valor en el epicentro de una revuelta definida por los símbolos, la cobardía ejecutiva, el juego de ausencias y presencias y las metáforas de colores, más llevaderas que el verdadero valor. Allí donde no hay Estado y donde el Gobierno tolera el vaciamiento de la democracia, arrendada a una trama golpista, el Rey reaparece para que al menos durante media hora justo cuando hay visita, gente de fuera se quiten de en medio los del conflicto y el berrinche. Y encima lo aplauden.