Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA MONTECASSINO HERMANN AUTO DE FE CONTRA ORBAN El húngaro es referente de la temida nueva derecha H OY comienza en el Parlamento Europeo un espectáculo que revelará la inmensa hipocresía que se gasta en la Unión Europea. Hoy se prepara una especie de auto de fe socialdemócrata contra un país que se niega, con el apoyo rotundo y expreso de su población, a tragar ruedas de molino del acervo cultural izquierdista y neomarxista. Y que está decidido a defender su identidad y cohesión nacional. Porque hoy comienza un debate sobre un informe que pretende quitar el voto en el Consejo a Hungría por atentar supuestamente contra principios de la UE. Las acusaciones son ideológicas y jurídicamente vagas, preparadas por la izquierda del parlamento europeo en este acoso que es el intento de aplicar el artículo 7 del Tratado de la Unión porque no les gusta la política de Orban. Enfrente tendrán a la bestia negra de la socialdemocracia de todos los colores que es el jefe de Gobierno de Hungría, Victor Orban. Que dirá que él cumple con sus obligaciones legales y por lo demás hace política para los húngaros y no a la extrema izquierda occidental. Rechazará la acusación tan manida de racismo. Contra los gitanos y, más ridícula, contra los judíos, que cada vez son más en Budapest, donde se mueven con sus signos externos como la kipá, lo que no pueden en Berlín o París, tomados por musulmanes. Dirá que Hungría no tiene ni quiere la multiculturalidad de dichos barrios franceses, británicos y alemanes. Ni aceptará oleadas de inmigrantes ni refugiados musulmanes para que dinamiten seguridad, democracia y libertades en barrios y ciudades. Hungría se niega a fomentar la homosexualidad y la transexualidad en los colegios y jardines de infancia. Y se niega y negará, y ahí les duele mucho, a aceptar que un multimillonario extranjero como George Soros, por mucho origen húngaro que tenga, dicte gracias a su dinero y a las miríadas de ONG y voluntades compradas imponga allí su doctrina mundialista y antinacional. Ese Soros, al que recibió Pedro Sánchez en Moncloa antes que a ningún mandatario democrático, financia ONGs para inundar Europa de africanos, fomentar el separatismo catalán, combatir a organizaciones cristianas e inocular neomarxismo en colegios y cultura. No solo en Hungría sino en todos los estados nacionales. La izquierda asustada por su declive y por el auge de la nueva derecha se abraza incomprensiblemente a Soros. El auto de fe contra Orban es reflejo del pánico general ante el empuje de una nueva derecha en Europa, esa que llaman ultraderechista o populista. A Orban lo odia una izquierda que es sistemáticamente humillada en las elecciones húngaras. Y a Orban no saben si temerle u odiarle esos partidos que llevan muchas décadas recabando los votos de la derecha para hacer política intercambiable con la izquierda. Esos partidos son los que han impedido que existieran alternativas reales a la política sometida a la hegemonía cultural de la izquierda en el continente. Saben del atractivo de que goza Orban en muchos países europeos, precisamente porque hace política de derechas y no rehuye sino busca y gana una y otra vez la batalla ideológica contra la izquierda. Y saben muy bien que ese atractivo también se da en el seno de sus propios partidos. El Partido Popular Europeo no tenía ayer una posición tomada ante una eventual votación mañana en el parlamento. Puede que castiguen a Hungria sin voto y puede que echen a Fidesz del PPE. Lo que no podrán impedir es que el fracaso de la socialdemocracia de izquierda se convierta también en el fracaso de la socialdemocracia de derecha. Ni que los europeos conozcan y cada vez más de ellos prefieran una opción electoral como la del demonizado líder húngaro. IGNACIO CAMACHO ADIÓS A TODO ESO Soraya encarnó el marianismo como estilo. Un modo burocrático de gobernar que fracasó por falta de instinto político P JM NIETO Fe de ratas OCO antes del 1 de octubre del pasado año, un ministro de Rajoy me explicó muy ufano por qué el referéndum ilegal de Cataluña no iba a celebrarse. Dijo que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, su minigabinete de crisis y los servicios de espionaje lo tenían todo previsto hasta el menor detalle en carpetas que cubrían cada hipótesis con exhaustivo cálculo de probabilidades. Lo que pasó aquel día ya lo sabemos: el Gobierno fue burlado con todas las agravantes y la crisis independentista entró en una fase inflamable. Pero alrededor de Soraya se había creado, como sobre Alfonso Guerra treinta años antes, una leyenda de mujer poderosa, controladora e intrigante que llegó a crear un aura cuasi mitológica al personaje. El poder lo tenía, ciertamente, delegado por su jefe, pero lo ejercía con pulso administrativo. Siendo una excelente parlamentaria, contundente y llena de brío, su modo de abordar los conflictos se reducía casi siempre a un encuadre jurídico, y esa estrategia burocrática, leguleya, muy del gusto de Rajoy, se convirtió en el sello de marca del marianismo. Ella encarnó un estilo rutinario de gobernar que renunciaba a la ideología en aras de un abstracto pragmatismo y que acabó fracasando por falta de instinto político, entendiendo por tal el mínimo de empatía, de olfato y de ímpetu necesarios para defender un proyecto con cierto vigor emotivo. Ni siquiera, como se demostró tras la caída del presidente, para atraerse la confianza de su propio partido, donde su falta de implicación en los momentos más comprometidos la hizo víctima de una coalición de enemigos, movilizados por la hostilidad común a su probablemente exagerado halo de egoísmo ambicioso y conspirativo. Acostumbrada a manejar un país desde el cuadro de mandos, Soraya no podía aceptar un papel subsidiario, y menos a las órdenes de un líder tan audaz como novato, forjado en el laboratorio de Aznar, la némesis interna, la sombra perseguidora de los sorayos. Aunque nunca se ha medido en las urnas habría sido una gran candidata para Madrid, pero nos quedaremos con las ganas de comprobarlo. Sí está contrastado, en cambio, que deja al PP la herencia envenenada de un duopolio mediático que ella ayudó a construir su otro gran error de miopía política a la medida de sus adversarios. Ayer tarde, un escueto mensaje automático de Whatsapp Soraya Sáenz de Santamaría ha salido del grupo certificó su marcha a través del chat del PP en el Congreso. Impersonal, distante, gélido: un portazo posmoderno. Puede que su despedida sea sólo un hasta luego; dependerá, en principio, de la suerte judicial de Casado en el Supremo. Cuesta aceptar que su vocación, su edad en sazón y su indiscutible talento renuncien a una nueva oportunidad en un futuro por naturaleza imperfecto. Y que después de haber vivido un período tan decisivo y tan intenso le diga, como Robert Graves, adiós a todo eso.