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ABC MARTES, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA ¡VIVA EL REY! POR FEDERICO YSART El Rey no tiene partido, ni puede tener más apoyo que la adhesión de sus conciudadanos a la institución que representa. Bien merece pues sacudirse prejuicios y complejos del pasado para, como ciudadanos libres, aclamar ¡Viva el Rey! Porque en la Corona está hoy la mejor garantía de un futuro de convivencia OR qué no gritar ¡Viva el Rey! cuando desde una institución pública se promueve la guerra contra el Estado español? Que la amenaza parta del ridículo personaje que preside la Generalitat catalana no disminuye la afrenta. Y demuestra cuán bajo ha llegado a caer una sociedad que mantiene al frente de su autogobierno a un golpista xenófobo teledirigido por un forajido. Resulta estupefaciente el estruendoso silencio de tantos demócratas frente a agresiones como esta a nuestro sistema de libertades. Tal vez esa apatía forme parte de una cultura cívica, la de nuestra sociedad actual, que hunde sus raíces en el régimen instaurado por los vencedores de una lejana Guerra Civil. Su evolución durante cuarenta años permitió, desde los años sesenta, la consolidación de una clase media que comenzó trocando libertad por seguridad y siguió adormecida por el bienestar creciente de un desarrollo económico como el que el resto los europeos vivía desde años atrás. La salida de la autocracia, última fase de la dictadura, se visualizó en la extinción de símbolos y prácticas de aquel régimen, un cambio superficial que no erradicó las consecuencias de la realidad vivida durante tantas décadas. El nacional- socialismo, nacional- catolicismo y demás nacionalismos propios de la democracia orgánica familia, municipio, sindicato constituyeron una fábrica de estatistas republicanos, y en todo caso un eficaz antídoto contra toda tentación liberal. Las flamantes formaciones de derecha, centro e izquierda que florecieron en la Transición participaban de una fe inquebrantable en el llamado Estado de bienestar, reforzada por una extraña aversión al liberalismo político. Y al cabo de otros cuarenta años en ello sigue la mayoría. Sin embargo, pese a la persistencia de aquellos caducos materiales, pudo levantarse la democracia que garantiza nuestra Constitución, un pacto social fraguado con renuncias y el generalizado anhelo de una efectiva reconciliación; el común acuerdo de que el pasado pasado está. ¿Sienten hoy los españoles como cosa propia aquel compromiso? Una mayoría silenciosa parece atropellada pie queda por ahora la clave del arco constitucional, la Corona. Los dos reyes que han ejercido sus funciones demostraron el valor de la institución en las dos grandes crisis políticas sufridas por la democracia, dos golpes de Estado frustrados. Con el Congreso de los Diputados secuestrado, Don Juan Carlos I deshizo el golpe con un mensaje público en la noche del 23 de febrero del año 81 del pasado siglo. La Corona, símbolo de permanencia y unidad de la patria no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático Treinta y cinco años más tarde, vista la incapacidad de los partidos parlamentarios para detener el asalto a los españoles perpetrado por la Generalitat, lo hizo Don Felipe VI. Ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su estatuto de autonomía En ambos casos, la Corona operó como válvula de seguridad de la democracia parlamentaria. Sus titulares cumplieron el papel que la soberanía popular les tiene encomendado: ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado, y arbitrar el funcionamiento de las instituciones. Y lo hicieron eficazmente. Por eso se ha converNIETO tido en objeto a batir. Los populistas, tanto el nacional- populismo sedicioso como el leninismo que conpor la frivolidad de un Gobierno sometido a los duce el tercer grupo parlamentario en el Conmovimientos antisistema engrosados durante greso tienen declaradas sus hostilidades al Rey, la pasada crisis económica, diversos en sus tác- término éste que siempre soslayan. Prefieren ticas y métodos, pero convergentes todos en un el insulto o, en un ejercicio de progresismo reacfin común: desmontar los anclajes del proyec- cionario, hablar del Jefe del Estado como si no to de convivencia recreado hace cuarenta años hubieran salido del régimen anterior. para hacer de España la Nación de todos los españoles. n un país escaso de liberales y con una Los derechos y libertades, la organización teinmensa mayoría pragmática en cuanrritorial del Estado, los principios rectores de to a la forma de gobierno, la monarquía la política social y económica o la separación parlamentaria ha probado su eficacia de poderes constituyen el armazón de garan- para mantener en pie la normalidad constitutías con el que la soberanía popular creó el Es- cional. Cubre los vacíos abiertos por otras instado de Derecho que asegurara durante gene- tituciones y da la seguridad que ofrece quien anraciones el imperio de la Ley. tepone los intereses generales a conveniencias Pero la propia Ley de leyes está hoy en entre- partidarias. dicho, como el Tribunal Constitucional encarEl Rey no tiene partido, ni puede tener más gado de su pervivencia; confundidos los dere- apoyo que la adhesión de sus conciudadanos a chos; magistrados vejados; el Parlamento bur- la institución que representa. Bien merece pues lado a golpe de decretos caprichosos; un sacudirse complejos del pasado y como ciudaGobierno dictando la opinión pública a través danos libres, aclamar ¡Viva el Rey! Porque en la de una televisión sometida a sus dictados, como Corona está hoy la mejor garantía de un futuro en el régimen pasado, y una parte de la socie- de convivencia. dad española, la catalana, secuestrada por un gobierno autonómico en abierta rebelión. En FEDERICO YSART ES PERIODISTA ¿P E