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ABC DOMINGO, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es cultura CULTURA 61 El historiador británico Antony Beevor publica el próximo jueves su nuevo libro, en el que presenta una concienzuda investigación centrada en el desastre de Arnhem, la última victoria alemana en la Segunda Guerra Mundial EDITORIAL Crítica PÁGINAS 688 PRECIO 26,90 euros ANTONY BEEVOR HISTORIADOR La operación Market Garden MANUEL P. VILLATORO EL PUENTE DE ARNHEM Sobre estas líneas y a la derecha, dos imágenes del puente de Arnhem sobre el Nederrijn tegido por varias casas. La sección de defensa y los integrantes del estado mayor de la 1 Brigada Paracaidista (menos el general Lathbury, que seguía en Oosterbeek con el general Urquhart y el 3 er Batallón) se establecieron en los edificios que se encontraban al oeste de la rampa, junto al puesto de mando de Frost. Freddie Gough, comandante del escuadrón de reconocimiento, llegó con su estado mayor en tres jeeps y presentó su informe en el preciso momento en que los hombres de Frost llevaban a cabo el segundo intento de tomar el puente. Otra sección y un ingeniero equipado con un lanzallamas tomaron posiciones para atacar un búnker situado en el lateral. Pero el ingeniero ayudante tocó en el hombro al ingeniero encargado del lanzallamas justo en el momento de disparar y este se sobresaltó. La llama sobrepasó el búnker y alcanzó unos cobertizos de madera que había detrás. Debían de contener munición, dinamita y combustible, porque se produjo una potente explosión acompañada de una nube de fuego. Parecía que el puente entero estaba en llamas lo cual dio pie a comentarios jocosos: se trataba de tomarlo, no de destruirlo, etcétera El error, no obstante, tuvo una consecuencia beneficiosa. Al poco, llegaron tres camiones cargados de soldados y, cuando aminoraron la marcha para sortear las llamas, los hombres de Frost los acribillaron a balazos. Los camiones no tardaron en arder, y varios soldados murieron abrasados. Los demás se vieron obligados a replegarse. Frost no olvidaba que los alemanes habían volado el puente del ferrocarril delante de sus narices y temía que hicieran lo mismo con el gran puente de tráfico rodado. Un oficial de los Reales Ingenieros, sin embargo, le aseguró que, con el calor de las llamas de los cobertizos y vehículos incendiados, se habrían derretido los cables que conectaban las cargas explosivas, en caso de haberlas. Pese a todo, Frost estuvo inquieto toda la noche. Tenía intención de lanzar el asalto decisivo a la mañana siguiente y, a pesar de los incansables esfuerzos del grupo de transmisiones, seguía sin poder ponerse en contacto con el puesto de mando de la división ni con los demás batallones. Los motivos del desastre absoluto de las comunicaciones de la 1 División Aerotransportada durante la operación Market Garden siguen sin esclarecerse, y quizá nunca lo hagan. Influyeron las dificultades del terreno, muy arbolado y lleno de edificios, la falta de potencia de los equipos, el hecho de que las baterías se agotaran y, en el caso de algunos aparatos, una elección errónea de los cristales de radiofrecuencia. Tras valorar qué perímetro necesitarían para defender el extremo del puente, Frost quiso reintegrar a la Compañía C al grueso del batallón y llamó por radio al comandante Dover, su oficial al mando, pero no consiguió establecer contacto. Cuando los alemanes volaron el puente del ferrocarril, la Compañía C se dirigió a su segundo objetivo, el cuartel general alemán en Nieuwe Plein. Al pasar junto al hospital de St. Elisabeth, los hombres de Dover soprendieron a treinta soldados alemanes en el momento de bajar de dos autobuses y, tras un tiroteo desigual, los abatieron a casi todos. Los británicos capturaron a cinco y siguieron avanzando. Al poco, sin embargo, se toparon con un flujo constante de hombres y vehículos. Pertenecían al que pronto sería el Kampfgruppe Brinkmann, organizado en torno al batallón de reconocimiento de la división Frundsberg. En conjunto, Frost debía de contar con setecientos hombres pertenecientes a todo tipo de cuerpos y armas, desde Reales Ingenieros a soldados del Cuerpo de Armamento y Material. Los encargados de transmisiones se instalaron en el tejado del puesto de mando de la brigada tras apartar unas tejas para sacar las antenas. Pasaron la noche intentando establecer contacto con el puesto de mando de la división y con los otros dos batallones de la brigada. Enviaban continuamente el mismo mensaje: el 2 Batallón estaba en el puente y necesitaba refuerzos con urgencia. El historiador británico Antony Beevor continúa su particular cruzada contra la desinformación que existe alrededor de algunas de las batallas más determinantes de la II Guerra Mundial. Después de haberse zambullido de lleno en las aguas del Canal de la Mancha con El Día D o de acompañar a Adolf Hitler en su última y desesperada ofensiva europea en la reciente Ardenas (Crítica, 2015) el autor superventas ha decidido volver este 13 de septiembre a las estanterías de las librerías con una nueva y concienzuda investigación: La batalla por los puentes (Crítica, 2018) Un ensayo en el que, como ya es habitual en él, los grandes movimientos militares y las pequeñas vivencias de los soldados se unen para recrear de forma pormenorizada la operación Market Garden y el desastre aliado sucedido en aquel puente lejano (el de Arnhem) que saltó a la fama gracias al cine. Beevor nos traslada en este caso hasta septiembre de 1944, en los momentos posteriores al Desembarco de Normandía. Fue entonces cuando en el bando aliado triunfó la controvertida idea con la que el británico Bernard Montgomery pretendía destruir la fortaleza europea de Hitler y entrar a Alemania: romper el cerco teutón a través de Holanda y acabar la guerra por Navidad Antony Beevor