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ABC DOMINGO, 26 DE AGOSTO DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 31 Los controles de Policía se centran en las motos, desde donde los sicarios disparan en movimiento a los yonquis y camellos Redadas, atracos, ejecuciones y funerales con karaoke P. M. DÍEZ MANILA A las diez de la noche, una sirena aúlla en el barangay (barrio) Longos, cerca del puerto de Manila, para que los menores vuelvan a casa. Nadie hace ni caso. Entre jóvenes que vacilan a ladyboys en los puestos de comida, niños con poco más de diez años juegan en plena calle mientras prueban sus primeros cigarrillos y escarceos amorosos. A las puertas de la funeraria Eusebio, un difunto es despedido por su familia con una fiesta con karaoke. A su lado hace guardia Orly Fernández, quien lleva recogiendo cadáveres desde 1975 y está autorizado por la Policía para levantar los cuerpos de los crímenes. Con ejecuciones y desapariciones, aquí ha habido una guerra sucia contra la droga durante los últimos 40 años asegura este peculiar personaje que, ataviado con un sombrero, camiseta de tirantes, pantalones cortos y chanclas, no desentonaría en una película. Tras haber visto de todo en su carrera, dice que llegó a recoger un millar de cadáveres en 2016, cuando el presidente Duterte empezó su sangrienta guerra contra la droga. Al igual que Orly, una decena de periodistas filipinos hacen guardia cada noche en la comisaría de Manila para seguir a los investigadores hasta las escenas de los crímenes. Operaciones antidroga, ajustes de cuentas, ejecuciones de escuadrones de la muerte Las calles de Manila se llenan de cadáveres cada noche. La Policía vela por nuestra seguridad, pero esta gente está loca se queja Edgardo Montinola, un taxista al que tres ladrones le robaron el coche y la recaudación pistola en mano la madrugada del miércoles. Tras interceptar el vehículo, la Policía abatió a uno de ellos e informó de que llevaba shabú y un arma. Sobre un charco de sangre, su cuerpo yacía sobre la acera a metros de Montinola, que ya tiene un motivo más para apoyar a Duterte. Unos niños juegan sobre montañas de basura en el arrabal de chabolas de Smokey Mountain, en Manila dato oficial que llama la atención son los 23.500 homicidios sin resolver de los dos últimos años, de los que la Policía calcula que el 11,34 (casi 2.700) están relacionados con las drogas. Aunque algunos grupos de derechos humanos creen que estas cifras podrían ser mayores, ahí se encuadrarían las ejecuciones extrajudiciales de los escuadrones de la muerte Muy crítico con Duterte, a quien califica de inútil por el que ha muerto mucha gente Raider dice llevar desde enero sin intervenir en ninguna operación Dándole largas a sus compañeros, ahora trabaja como informante de la Policía para resolver el asesinato del hermano de su novia, que acaba de descubrir su oscuro pasado. En el punto de mira Además de liquidar directamente a dos personas en las ejecuciones extrajudiciales de su grupo, mató a un atracador que intentó robarle cuando tenía 23 años y trabajaba con su primo en un jeepney los peculiares coche- autobuses que colapsan las congestionadas carreteras de Filipinas. Por eso, y porque sabe que la Policía no haría nada, no puede denunciar públicamente esta guerra sucia contra la droga. Temiendo que sus antiguos compañeros le pongan en el punto de mira al pensar que los ha traicionado, le gustaría marcharse de Manila y empezar una nueva vida. Pero no puede hacerlo. Como está esperando la renovación de su licencia de guardia de seguridad, tiene que seguir colaborando con la Policía y hacer lo que le digan. Aunque sea matar a otro yonqui. que hemos hecho cosas horribles, como matar al hijo de 21 años de un camello para obligarlo a salir de su escondite, o tirar al mar en un saco de arroz a un pervertido de 15 porque manoseaba a las chicas Pero insiste en que no cobra por las ejecuciones ni percibe ningún salario de la CSG. Aunque pensaba que nos iban a dar algo de dinero, las recompensas se las reparten el jefe del grupo y la Policía. A nosotros solo nos invitan a comer y a beber y nos dan algún regalo señala contrariado. Su decepción con las ejecuciones de los vigilantes como los llaman aquí en Filipinas, no viene por motivos económicos, sino morales. He visto al comandante de nuestro grupo ir a un puesto de venta de droga para recoger su soborno y la Policía ha ignorado a veces mis avisos porque también están pringados denuncia Raider frustrado con la corrupción reinante. En lugar de perseguir a los traficantes, algunos compañeros se han cambiado de bando y ahora les ayudan asegura antes de resumir la situación desengañado: Si los narcos tienen dinero, pagan por su protección. Solo nos cargamos a los pobres Desde que Duterte declaró la gue- rra a las drogas nada más ser investido presidente, la Policía reconoce haber matado a más de 4.400 sospechosos que, según la versión oficial, se resistieron a ser detenidos. Además, han sido arrestadas 152.000 personas en 105.000 redadas, en las que la Policía se ha incautado de 2.757 kilos de shabú que en la calle habrían alcanzado los 14.790 millones de pesos (238 millones de euros) Para la magnitud y duración de las operaciones policiales, se trata de unas cifras no demasiado altas que revelan cuál ha sido su objetivo: los camellos de poca monta y no los grandes narcotraficantes. Otro