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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 26 DE AGOSTO DE 2018 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO ELOGIO DEL MANTEL No vamos a renunciar a esa conquista de la civilización N las entretenidas páginas veraniegas de este periódico, el gran especialista gastronómico de ABC, Carlos Maribona, ha iniciado una feliz campaña de denuncia de innovaciones con las que nos mortifican en restaurantes de querencia moderna. Lamenta Carlos, por ejemplo, la moda de los locales sin mantel. O esa que apretuja y hermana a los comensales en largas mesas de banco corrido, lo que te obliga a escuchar la conversación de parroquianos desconocidos y hasta a enfrentarte a la eventual contingencia de sus expansiones gástricas. La peste de las mesas sin mantel, que se expande por España como la avispa velutina, llevaba ya años asolando a los comensales de Londres, donde hoy ya solo los indios, los asiáticos y los restaurantes de élite conservan la salvaguarda de la higiénica cubierta. La primera vez que pasé por la experiencia de la tabula rasa fue en un grato pub de Chelsea, el Builder Arms, donde se zampa de manera aceptable (dentro de lo que es el universo fish chips asado del domingo) La acogedora decoración colonial, con sofás ornamentales y algunos cuadros de caducas glorias imperiales, conferían un encanto british al local, atestado de un blondo pijoterío, que parecía salido de un capítulo de la serie Made in Chelsea o de un guateque de Pippa Middleton. Las mesas eran de madera basta, un toque rústico embellecido con vasijas de flores. El problema es que cuando nos sentamos todavía flotaban por la mesa migas y manchurrones salseros de los comensales anteriores. No pasa nada. Pronto llegó un glamuroso camarero en camiseta, con su flequillo Bowie etapa Modern Love que solventó raudo el problema: el tío sacó una bayeta más sucia que la conciencia de Jack el Destripador y la pasó someramente por la mesa, añadiendo así a la madera desnuda una húmeda película de grasilla infecta. Una guarrada. Pero sonreímos, dijimos thanks y comimos sobre el festival de la bacteria. Otra pedantería en boga es esa de lo guay aquí es comer en la barra Te cargan en la minuta el mismo facazo que en mesa, pero cenas en un taburete incómodo, usualmente chupándote los humos y calores de la cocina. Ya, pero es que es una pasada ver trabajar a los cocineros Ya, pero yo voy a comer. Me importa un bledo el laboratorio del chef, el secreto de sus espumas emulsiones, gelatinas y puntos exactos de corte. No tengo ningún interés por ver a un Gran Maestro llegado del mismísimo Kyoto plantándole unos bigotes de langostino a una pieza selectísima de sushi. Soy tan gañán y conservador que prefiero una mesa con mis pies en el suelo, con mantel, a distancia prudencial de los vecinos y, a ser posible, sin un camarero turras que me llene la copa de vino cuando no lo he pedido y que no tenga esa inefable habilidad de preguntarte si está todo bueno justo cuando es evidente que tienes la boca llena. Lucharemos por el regreso del mantel, vestigio de civilización. Defenderemos la servilleta hasta la última barricada. Daremos la batalla por la prohibición del móvil en los comedores y nos chotearemos de las cartas de agua y los maîtres didácticos que te explican hasta el ADN del congrio. E PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI VISIGODOS Lo prudente habría sido echar catorce cerrojos al sepulcro de Franco E expulsaron de la Universidad de Deusto, hace casi medio siglo, por reventarle una clase a Fray Justo Pérez de Urbel, primer abad mitrado del Valle de los Caídos. A Fray Justo le han quitado hace unos meses la calle que tenía en Burgos y que ahora es del Orfeón Burgalés, para que todo quede en casa. Es innegable que el pequeño y enteco benedictino fue franquista hasta las cachas. Como medievalista, los he conocido mejores, pero era el último providencialista que quedaba en una universidad casi tomada por el materialismo histórico, que es una forma secularizada de providencialismo. Yo creo que Fray Justo, capellán de la Sección Femenina de Falange, director de la revista infantil Flechas y Pelayos y censor de tebeos, fue el que convenció a Franco de que debía adoptar el título de Dux Hispaniae Gratia Dei, Caudillo de España por la Gracia de Dios, que es el mismo que llevaron Leovigildo y Recaredo. En el Burgos de la guerra civil sonaba a restauración medieval. Una década después, cuando Fuhrers y Duces se habían disuelto en la Nada, parecía de personaje de tebeo, como el Guerrero del Antifaz o el Defensor de la Cruz, que era un centurión romano con burka. Ocultaba su rostro tras un velo de odalisca porque se había convertido al cristianismo y sacaba a los suyos de la cárcel Mamertina por un túnel que comunicaba con las catacumbas. Luis Alberto de Cuenca me corregirá si me equivoco, pero tengo oído que a este De- M fensor de la Cruz lo inspiró o diseñó Fray Justo, para quien trabajó de negro Carlos Luis Álvarez, Cándido. Los jesuitas llevaban a Fray Justo a la Universidad de Deusto, curso tras curso, a enseñar Historia Medieval. Allí nos explicaba que Castilla nació como entidad política gracias a diversos cultos sepulcrales: a Fernan González en San Pedro de Arlanza, a Sancho II en Oña y al Cid en Cardeña. Posiblemente fuera también Fray Justo quien tuvo la feliz idea de montar un nuevo culto sepulcral con Franco en Cuelgamuros. La de la necrópolis no fue suya. Procede de un proyecto asimismo visigótico del marqués de Cerralbo, que propuso en 1889 levantar una pirámide coronada por una gran cruz como monumento al III Concilio de Toledo y a los combatientes carlistas. Se abrió una suscripción popular, pero los tradicionalistas, terriblemente deprimidos por la escisión de Nocedal, no respondieron como el marqués esperaba. Los vencedores de la última guerra civil hasta el momento recuperaron el proyecto cincuenta años después. En definitiva, se trataba de volver a la Edad Media, cuanto más lejana mejor, a los buenos tiempos de Leovigildo y Recaredo, de San Isidoro y San Leandro. Nada ilustra mejor el fracaso del intento que la fantasmal visión de la basílica, allá en el quinto pino, desde la carretera de Guadarrama. Ni culto sepulcral ni gaitas escocesas, pero sí un testimonio histórico, de primera magnitud, con su Franco dentro, de la inanidad de las ambiciones humanas. Esta izquierda palurda y estúpida, que no ha leído a Fray Justo pero que flipa con Juego de Tronos, quiere cargarse el invento porque teme un apocalipsis zombie, que es la única forma en que se representa el fin de la historia, con los Caminantes Blancos vistiendo viejas camisas azules hechas jirones de Velasco y con Franco en el papel de Rey de la Noche. Y puede que lo consigan, puede que consigan que los restos de Franco se lleven por delante lo que queda de España. Joaquín Costa pedía echar siete llaves al sepulcro del Cid, a pesar de que ya no quedaba del Cid ni el recuerdo. Lo prudente habría sido ponerle catorce al del último Visigodo, y no sacarlo a pasear, pero a los socialistas les van las guerras de religión. Como a Fray Justo, por cierto.