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ABC DOMINGO, 26 DE AGOSTO DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA ES TIEMPO DE HÉROES POR JAVIER SANTAMARTA ¿Por qué se ha parado el proyecto de un Memorial de los Héroes en los Jardines del Descubrimiento de la plaza de Colón? Es una cuestión de Estado en la que toda España se tiene que ver reflejada en su capital, en un lugar donde, cuando pasen por ella y la visiten, se encuentren justamente orgullosos, como lo están en otros países, de sus héroes y de su Historia dines del Descubrimiento un auténtico Memorial de los Héroes. Y paliar de paso la chapuza de su predecesor Gallardón de ubicar al bueno del almirante Colón en medio del tráfico entorpeciendo todo y dejando su base huérfana. Como propuesta estaba el que fuera todo un héroe desconocido como Blas de Lezo el que aparentemente inaugurara ese Memorial. Digo aparentemente, pues fue en septiembre de 2014 cuando se pusiera el primer hito en este Memorial, dedicado al gran Jorge Juan. Una figura tan excepcional que me parece impropio que esté representado por un ancla tipo hall por muchos 1.200 kilos de peso que tenga. De hecho, poca gente repara en él. Máxime cuando al lado se alzó dos meses más tarde, la magnífica estatua de Blas de Lezo, obra de Salvador Amaya. Y yo me pregunto, cuatro años más tarde, ¿por qué se ha parado este proyecto? Un proyecto, el de un Memorial de los Héroes, que no es ni puede ser una cuestión municipal, como si estuviéramos hablando de las zonas de aparcamiento restringida, la recogida de basuras, o el ordenamiento urbano. ¡Esto es una cuestión de Estado! Y en la que toda España se tiene que ver reflejada en su capital en un lugar donde, cuando pasen por ella y la visiten, se encuentren justamente orgullosos, como lo están en otros países, de sus héroes y de su Historia. De primeras, y empiezo dando ideas, que vuelva don Cristóbal a su pedestal y que deje CARBAJO de entorpecer el tráfico. Segundo, tráigase al invicto don Álvaro de Bazán, que en la Plaza de la Villa no pinta nada, y póngase en ella la vieron y murieron en la II Guerra Mundial. Di la olvidada estatua de Felipe II de Leone Leoni que vuelta hacia el otro lado del estanque de vuelta al fue quitada de la Plaza de la Armería hace décasedente Lincoln (que notaba que no dejaba de mi- das para quedar arrumbada de manera insultanrarme con cierta sorna desde su sillón) y tras pa- te. Además, ¡qué mejor sitio para el que hizo de sar los jardines en honor a la Constitución, me esta Villa, Corte y Capital! topé con el tremendo bloque pétreo donde se leen todos los caídos en la Guerra del Vietnam. Justo para el resto de este Memorial parece que enfrente de donde se recordaba esa otra guerra toma la delantera Bernardo de Gálvez, perdida por los poderosos Estados Unidos de Norcuya estatua admiré también en Washingteamérica en Corea. O al menos, no ganada. ton pero no en España, gracias al impulMe senté de vuelta en las escalinatas del pseu- so de Teresa Valcarce, que ya lograra poner su redo partenón cerca del Honesto Abe, como le lla- trato nada menos que en el Capitolio. ¡Que vaya man allí a Lincoln, y tras mirar desde mi peque- con Washington, caramba! Pero no tendrá la que ña atalaya todo aquello, le devolví la mirada y pen- tiene preparada ya el gran artista Salvador Amasé. ¡Pero cómo no van a estar orgullosos estos tíos ya. Y lo que allá tampoco tendrán y propongo, es si hasta de las derrotas hacen honrosos recuer- un grupo sobre la increíble Expedición Malaspidos, y de las victorias altares! Si sus grandes hom- na, una de las primeras científicas del mundo. Otro bres están representados allí donde la vista te al- a la Expedición Balmis, la primera filantrópica de cance. A una escala para que te sientas aún más la Historia. Pero también a los navegantes Loaysa pequeño ante su grandeza. Prometo que en aquel y Urdaneta, este último descubridor del Tornaviaentonces pensé, ¿y en España por qué no tenemos je. O a los navegantes perdidos del San Telmo, desnada igual? Sí, recordé las estatuas esparcidas por cubridores de la Antártida. O a los grandes de nuesmi capitalina ciudad. Una que llaman de Casco- tros mares, héroes como Juan de Austria, Antonio rro pero que nadie apenas recuerda el verdadero Barceló, el Almirante Cervera, Casto Méndez Núnombre del héroe. Otra de un tal Noval, cuyo pe- ñez o los inmortales Churruca y Gravina. destal donde se cuenta su hazaña está destrozaY por supuesto una importante que no puede do. Una al pueblo del 2 de Mayo casi oculta cerca faltar: la de Juan Sebastián de El Cano. El marino del Tempo de Debod; o las estatuas de Daoiz y Ve- que hace 500 años nos confirmó que el mundo era, larde cuyos sables siempre faltan y a los que se les por fin, global. Hoy, en estos momentos que vive ponen en su lugar litronas. De pena. España, más que nunca, es tiempo de héroes. Y Sin embargo, hace pocos años atrás, la alcalde- los tuvimos. Los tenemos. sa entonces de Madrid, Ana Botella, aceptó la propuesta de remediar esa falta haciendo de los JarJAVIER SANTAMARTA ES POLITÓLOGO H AY dos recuerdos que tengo muy vívidos. Uno algo lejano. De 1977. El de la remodelación de los que ahora se llaman Jardines del Descubrimiento en lo que todos llamábamos (y seguimos llamando) plaza de Colón en Madrid. Culminaría con la inauguración de lo que era un misterio para todos los madrileños mientras se instalaba. Tres extraños bloques en el lateral que daba a la calle de Serrano, que en general, nadie acababa de entender más allá de que fueran una especie de remedo escultórico moderno de las dos famosas carabelas y la nao protagonistas de aquella inigualada gesta: la Pinta, la Niña y la Santa María. Sin embargo nos explicaron que aquellos bloques de hormigón, obra del escultor Vaquero Turcios, tenían nombres diferentes y significados dispares pese a tener un mismo tema. Los bloques se llaman: Las Profecías, La Génesis y El Descubrimiento. Todos ellos con relieves, figuras e inscripciones de lo más variopintas: desde Chilam Balam de Chumayel a San Isidoro de León. Recuerdo gran revuelo y discusiones entre quienes les encantaba la obra y quienes la odiaban. Hoy son parte inherente de Madrid. El otro recuerdo es algo más cercano. De 2001. Un mes después de los atentados de Nueva York, cuando por razones de trabajo tuve que viajar a Washington. A la capital de un país con el corazón en un puño, pero orgulloso como pocos. No terminaba de ver tan claro si ese orgullo era más engreimiento que otra cosa. Al fin y al cabo, uno como europeo ya se sabe que cuando viajamos allá, vamos con esa superioridad moral que nos da nuestra Historia ante un país tan joven que hay restaurantes en Madrid con más años que esta nación. Y en una de esas tardes libres que pudieron permitirme, di un paseo por el famoso y tantas veces filmado, National Mall. A un extremo, el imponente Capitolio. Al otro, el memorial y el monumento a Lincoln. Situado cerca de un enorme estanque rectangular. A ambos lados, la Casa Blanca y enfrente tras un pequeño lago, el memorial a Jefferson. Y en el centro, claro, el gigantesco obelisco dedicado a Washington. Todo visto tantas veces sin tener necesidad de haber viajado. Sin embargo, varios memoriales más se escondían. Paseando desde donde estaba la estatua de seis metros de Lincoln, pronto me topé con un pelotón armado vestidos con ponchos que mostraban de manera hiperrealista que estaban patrullando en algún lugar tropical. Era el monumento a los veteranos de Corea. Seguí andando para ver a un majestuoso Martin Luther King. Y sin ir muy lejos, y tras pasar un pequeño templete que recordaba los caídos en la Primera Guerra Mundial, estaba el gran memorial por aquellos que sir- Y