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ABC SÁBADO, 18 DE AGOSTO DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA LA ÚLTIMA JUGUETERÍA POR SERAFÍN FANJUL No es preciso esforzarse mucho para convencerme de que unas técnicas superiores desplazan a otras menos desarrolladas, así pues, como uso práctico, prefiero la luz eléctrica a candelabros. Gracias por la aclaración. Pero aquí no se discute eso sino la utilización masiva, en auténtica competencia desleal, de la electrónica combinada con la ignorancia y la pereza mental vil, ¿a qué vienen esas antiguallas? Pero hay otras cuestiones: ¿Cuándo las van a oír? ¿En qué difieren unas de otras? ¿Qué actitud de disfrute sensorial es esa que prima la cantidad sobre la calidad? ¿El aturdimiento es progreso? Preguntas ininteligibles para los innúmeros hatajos de bípedos implumes que pueblan los distintos países. ¿De qué habla este arqueólogo? dirán, suponiendo que sepan qué cosa es un arqueólogo o cómo se escribe. El ser humano, tras alcanzar cimas sublimes y excelentes en la técnica y la vida material, cae víctima de su simpleza, su credulidad y su vagancia. Después de abrevar en la charca del consumismo turístico enloquecido ¡hay que conocerlo todo! de pronto, ya, recibe una triaca que no falla y cura todos los venenos, de todas las serpientes, incluida la de Adán, la pobre, tan tradicional y obsoleta en sus añagazas ingenuas. Ya no hay que ir a Sans Souci, a Versalles o La Granja, basta con descargarte en el móvil Los mejores jardines del mundo Los desiertos que dan más sed Los monumentos más icónicos, o mediáticos, o paradigmáticos del planeta Que la mayor parte de los emplazamientos se hallen en Estados Unidos o Inglaterra (un poquito en Francia) es una mera casualidad y no tiene finalidad alguna, como es natural; y que el Guouguou haya suplantado y exterminado a la música autóctona de cada país; y que las maquinillas matamarcianos hayan liquidado a la juguetería artesanal y de calidad. Aunque muchas veces me he preguntado a quién rayos interesa en España que no sé qué miembro de la realeza inglesa matrimonie con Pippa o con Pepa. ¿De veras hay tanta gente que se pasa la noche en vela siguiendo la noche electoral americana que cubren minuto a minuto multitud de televisiones españolas? Amos anda, que dice el castizo. Y si las imágenes, los ruidos y los contenidos, nada subliminales (pero también) vienen siempre del mismo sitio, ¿cómo puede sorprender que en colegios públicos españoles se ignore y margine el 12 de Octubre y se celebre a bombo y platillo el Día de Acción de Gracias? P ASEANDO recientemente por el centro de Plasencia maravillosa ciudad medieval y renacentista me animé al ver, de lejos, el cartel Juguetería Los Reyes Desilusión inmediata: cerrada del todo, local en venta o alquiler, otra más. Y rememoración instantánea de un largo y penoso periplo por todas las jugueterías perdidas: desde Puk, en el barrio de Salamanca, donde me iniciaron en tiempos lejanos en la divertida y artística afición a fabricar soldados de plomo (que también llevan estaño, antimonio y otras aleaciones) hasta la desaparecida Cháuve, no lejos de la anterior, por jubilación del dueño, con sus magníficas colecciones de figuritas y trenes y sus vívidos dioramas. Fueron cayendo las de Eloy Gonzalo recuerdo hasta tres las de Argüelles y, por fin, sólo van unos meses, se fue del todo la última de Bravo Murillo: sobrevivían vendiendo libros de texto, artículos de escritorio, lo que fuera. Hace unos años, no muchos, se rindió la Sra. Hoffmann en la Burgstrasse de Núremberg y con ella marcharon sus figuras planas, recortables, muñecas finas. Pero lo peor estaba por llegar: el verano pasado, en mi primera visita a Viena, busqué, como peregrino en romería, la firma Josef Kober en el Graben, el centro de la espléndida urbe. Las numerosas compras que les hiciera tuvieron lugar por correo electrónico y llevaba tiempo desconectado de la casa, fundada a mediados del siglo XIX, superviviente a las crisis de la primera gran guerra y al bombardeo inglés de la segunda. Pero no pudo resistir el asalto de los alquileres estrafalarios y especulativos de la actualidad ¡Oh, el sacrosanto mercado! ocupado su local por una tienda de moda de una cadena internacional que, con toda seguridad, no obtiene beneficios para cubrir los 80.000 euros mensuales de renta. La Josef Kober había trasladado su emplazamiento a una calle cercana donde también acudí con ansias de creyente necesitado de un milagro. Los carteles de Zu mieten en la que fuera nueva sede terminaron de desanimarme, como en Plasencia. Fin del episodio. Y miedo me da volver el año próximo ya toca a la Zinnfigurenmesse de Kulmbach, la feria bianual que allá se celebra: no por lo que vaya a encontrar, sino por cuanto me temo ya no encontraré jamás. Pero escaso interés tendría hablar de gustos y disgustos personales si detrás no latieran otros problemas relacionados con la sociedad y con la brutal aculturación que se ha abatido sobre nuestra civilización occidental, primero reticente y apática consigo misma y luego proporcionando al enemigo la soga para ahorcarnos: el papeles para todos no es sino la versión local, chabacana y cañí, en un panorama mucho más amplio. NIETO El economicismo como Dios y único guía y la hipertrofia tecnológica invasiva y abusiva como su profeta, han descoyuntado y asfixiado las bases de nuestra cultura, despectivamente denominada tradicional, antigua, vieja. Mas en el saco las jugueterías no van solas, las acompañan sastrerías, mercerías, papelerías... y librerías, vale decir la lectura, ya ridiculizada, reducida a la mínima expresión en tuiter, guasás, feisbú y otros logros de gran aprovechamiento y mejora del espíritu humano. No es preciso esforzarse mucho para convencerme de que unas técnicas superiores desplazan a otras menos desarrolladas, así pues, como uso práctico, prefiero la luz eléctrica a candelabros, velas y hachones, por hermosos que éstos sean. Gracias por la aclaración. Pero aquí no se discute eso sino la utilización masiva, en auténtica competencia desleal, de la electrónica combinada con la ignorancia y la pereza mental. Los grandes almacenes (eufemística y estúpidamente llamados grandes superficies para mejor introducir la lavativa, disuelta en la inconcreción) se comen a las tiendecitas de barrio por varios motivos, sí, por supuesto, pero no obligatoriamente porque sus objetos en venta sean mejores o más acordes con los gustos y necesidades del público. Y una vez tienen el mercado bajo su control, ellos imponen qué se vende y a qué precio, en definitiva, ellos moldean las aficiones, las tendencias, las decisiones presuntamente libres de los orondos ciudadanos que, en su estulticia, se burlan del cine en blanco y negro, de los tochos impresos de muchas páginas (mejor, de ninguna) de los discos de verdad: si se pueden descargar treinta mil canciones para llevar en el mó- L a multiplicación astronómica de los mensajes no ha mejorado la información y el conocimiento, sólo la confusión, la marginación de cuanto no pertenezca a la subcultura anglosajona de consumo, la abducción de los cerebritos hipnotizados por la pantalla minúscula, aferrados el día entero a su tabla de salvación, un cacharrito que sirve lo mismo para matar millones de marcianos, en reiteración obsesiva, que para anunciar a la Vane o al Dániel (sic) descubriendo el Universo, estoy llegando a Manuel Becerra noticia salvadora para el mundo y que debemos agradecer todos en el alma. Y perdonen si doy un consejo que nadie me ha pedido: tira el móvil y atrévete a vivir. Se pasa estupendamente. SERAFÍN FANJUL ES MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA