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ABC MIÉRCOLES, 15 DE AGOSTO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Policías inspeccionan el vehículo que arrolló a los viandantes junto al Parlamento de Londres AFP Posible atentado De nuevo Londres, otra vez Ignacio ÁLVARO MARTÍNEZ Otra vez Londres. De nuevo, en el puente que conduce al Parlamento británico. Otro coche que parece desbocado, otro atropello múltiple. El pánico bien de mañana. Con los precedentes que llevamos a la espalda, con ese manual de espantos y lágrimas que acumulamos desde aquel verano de 2016 en que un yihadista convirtió el paseo de los Ingleses de Niza en una necrópolis, lo más normal es que ayer la sombra del terrorismo volviese a planear a orillas del Támesis. Afortunadamente, solo hubo tres heridos (ninguno de gravedad) un minúsculo daño si lo comparamos con la última vez que un coche se lanzó a toda velocidad por el puente de Westminster, en marzo de 2017, pues el resultado entonces fue estremecedor: seis muertos, medio centenar de heridos y la ciudad convertida en una casa de locos en la que las sirenas de la Policía y las ambulancias ponían banda sonora al penúltimo ataque terrorista por medio de un vehículo como arma letal. Aquel primer terrorista del puente no se conformó con el atropello multitudinario sino que salió del coche y, antes de ser abatido por los agentes que custodian el Parlamento, le dio tiempo a apuñalar mortalmente a un agente desarmado. Una bestia. El incidente de ayer, que la Policía británica tramita como un atentado, coincide con las vísperas del primer aniversario de las matanzas de Barcelona y Cambrils, el primer ataque terrorista con ese procedimiento que se ha perpetrado en España. Es inevitable que regrese a nosotros el pasado y que nos pongamos a eso de las cuatro de la tarde del 17 de agosto cuando llegaron las primeras noticias de una furgoneta a toda pastilla sobre las Ramblas. El terrorismo obra sobre nosotros un efecto bucle que te pone en el día y la hora de otro atentado que sientes aún más cerca, de aquella pena, de aquel espanto... Por eso, cada vez que de nuevo planea el terror por Londres, cuando ululan otra vez las sirenas como lechuzas pardas que anuncian la muerte, es inevitable acordarse de Ignacio Echeverría y su monopatín, de su formidable valor y de la extraordinaria pasta humana de aquel joven español que cayó muerto en los atentados de junio de 2017 intentando salvar la vida de otros. A Ignacio le debe España un homenaje permanente, a la altura que merecen sus héroes. INTERNACIONAL