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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 2 DE AGOSTO DE 2018 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO INSUFRIBLES Ni El Quijote se salva del mitin igualitario del sanchecismo N 1959, Robert Allen Zimmerman, un muchacho judío pueblerino, dejó el pequeño, gélido y montañés Hibbing, donde vivía con sus padres, dueños de una tienda de electrónica, para enrolarse en la Universidad de Minnesota, en la ciudad de Minneapolis. Poseído ya por la música, una vez allí se hizo llamar Bob Dylan y no dio pancada académica. Su tiempo se le escurría en escuchar discos folk compulsivamente, rasgar su guitarra de palo en los garitos donde se lo toleraban y leer todo lo que caía en sus manos (de Homero a Kerouac, de Rimbaud a Clausewitz) En 1960, con solo 19 años, plantó la universidad y se escapó a Nueva York, para intentar convertirse en cantante folk profesional y para conocer a su ídolo, el cantautor izquierdista Woody Guthrie, en cuya guitarra figuraba grabado este lema: Esta máquina mata fascistas Cuando fue a rendirle pleitesía, Woody ya estaba ingresado en un psiquiátrico, víctima de la enfermedad de Huntington. Bobby le cantó a pie de lecho, como quien busca el plácet del viejo monarca para convertirse en el nuevo príncipe del folk. Le salió bien. En 1963 el progresismo lo entronizó como el profeta del cambio y él cantó sus himnos de protesta en la legendaria Marcha Sobre Washington. Pero al igual que el genio ilustrado David Hume, Bob se dio cuenta enseguida de que el partidismo cerrado equivale a ver la vida con orejeras dogmáticas. Se sintió manipulado por el progresismo obligatorio y se revolvió a su manera: dejándose el pelo largo, calándose sus gafas de pasta negra, vistiendo botines beatles y ropa psicodélica de Carnaby Street y, sobre todo, cambiando la guitarra de palo por una galerna eléctrica. Dylan dejó de escribir arengas políticas apegadas al catecismo zurdo y abrió su foco al amor, a la extrañeza de vivir y a las vivencias reales de las personas. En 1965 acudió a la gran misa folkie anual, el Festival de Newport, y los feligreses se quedaron espantados ante su pinta, su ruido eléctrico y sus nuevas y extrañas letras nada comprometidas. Lo abuchearon por ser libre y distinto. Huelga decirlo, a la eventual vicepresidenta Carmen Calvo no la adornan la fina inteligencia, el talento y la cultura profunda de Bob Dylan, así que ella no ha hecho el viaje que protagonizó Zimmerman entre 1960 y 1965. Carmen, mascarón de proa de este insufrible mitin perenne llamado el sanchecismo, cree que todas las facetas de la vida deben pasar por el tamiz de la ideología, en este caso la progresistaigualitaria, la única correcta y admisible. Ayer, frisando la estupidez, la vicepresidenta habló sobre la obra capital en español, el Quijote, y todo lo que se le ocurrió fue demandarnos que hablemos menos de su protagonista y más de Sancho, Dulcinea y Aldonza, porque representan la cultura de la igualdad De nuevo el progresismo intrusivo de esta Gobierno no votado, que pretende hurgar y tutelar hasta lo más íntimo de nuestras vidas: nuestras relaciones personales, cómo hablamos y amamos, cómo debemos interpretar los libros que leemos. Ni se les ocurra dejarse fascinar por el genio de Sherlock Holmes. Los políticamente correctos son Watson y la señora Hudson, la casera. E MONTECASSINO HERMANN LA POMADA DE LA CALVO Nos ponen a un bolchevique a enseñarle a Cervantes ideología de género ON España incendiada por la ola de calor, por el desprecio generalizado de las leyes por gobernantes y gobernados, por la coacción y la violencia impune en fronteras y en arterias bloqueadas de ciudades secuestradas, es importantísimo mantener el buen humor para evitar que la furia juegue alguna mala pasada al sufrido ciudadano. No vayan a acabar detenidos los pacíficos contribuyentes que pagan la fiesta en un país en el que hoy todo matón tiene patente de corso para la permanente impunidad de sus tropelías. Para reírnos siempre tendremos a Carmen Calvo. Su patosa pretenciosidad es fuente inagotable de chistes y gracietas que distraen a los españoles de sus muchas cuitas. Nadie se equivoca tanto cuando habla sin decir nada. Ayer Calvo oficiaba la toma de posesión de Luis García Montero como director del Instituto Cervantes. Un acto al nivel de la vicepresidenta, desde luego, porque se trataba de celebrar a un muy mediocre poeta cuyo único mérito para llegar a dirigir el buque insignia de la cultura española en el mundo es ser uno de los jefes de la pomada cultural del izquierdismo carpetovetónico, tan sectario como paleto todo el. Y dentro del mismo, ser además un comunista tan odiador como su mujer, Almudena Grandes, la escritora de la revancha miliciana y bolchevique por antonomasia, mascarón de proa de C toda la nueva apología del chequismo que triunfa en la izquierda desde aquel aciago marzo de 2004 en que Zapatero lanzó su maldición contra la Transición y sus instituciones. Calvo se puso a dar consejos y le dijo a este Beria del ripio que lo único que importa es la igualdad. Llevas el mejor nombre: Cervantes. Hay que proteger a don Alonso, pero también a Sancho, a Aldonza y a Dulcinea, porque no hay mejor cultura que la igualdad La igualdad es la cultura. ¿Quién da más? El dinero público no es de nadie. La cultura es el GPS para moverse en sociedad. Esa también es de ayer. Calvo es vicepresidenta del Gobierno de España y, lo que es más grave aun, catedrática de Derecho Constitucional. Eso puede agriarnos el humor. Lo de vicepresidente es una circunstancia casual y discrecional que es lamentable, pero como tal asumible. Lo que revela el grado de deterioro del Estado y su administración es que Calvo sea catedrática de Derecho Constitucional. Ella que dirige lo que tantas veces parece una banda de gamberras que ofenden a la Constitución, al sentido común y a la lengua a diario. Y capaces de poner a un enemigo de la Constitución y de la Monarquía a dirigir el Cervantes. Sánchez también tiene un título inexplicable. Es doctor en Economía aunque su tesis doctoral esté bajo siete llaves y es sospechosa de haber sido presentada en fraude de ley. Quien la vio dice que es un bodrio vergonzoso que no habría pasado una reválida del bachillerato franquista. La hiciera el equipo del ministerio de Miguel Sebastián como se dice, o no, lo decepcionante es el desinterés absoluto por la tesis doctoral del presidente que muestra esa jauría de sabuesos periodísticos que tantísimo ha ladrado sobre unas supuestas irregularidades de Pablo Casado, que han resultado falsas. Ahora ya, como no tienen master para hincar el diente, han convertido a Casado en xenófobo y racista Por pedir que se combata la inmigración ilegal y se fomente la legal. Por pedir seguridad en las fronteras y medios para que las fuerzas de seguridad cumplan con su deber. Circulan por ahí buenos videos en los que el santo laico de la izquierda española, aquel brillante farsante que es Barack Obama, dice exactamente lo mismo que Casado. Al final, el problema de Casado va a ser que es blanco.