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ABC JUEVES, 2 DE AGOSTO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Pablo Casado PRESIDENTE DEL PP La izquierda no tiene el monopolio de los buenos sentimientos Pablo Casado charla ayer con un agente de la Guardia Civil en el puerto de Algeciras, destino de los inmigrantes rescatados en el mar AFP Pedro Sánchez recibe hoy a Pablo Casado El patrimonio del bien JESÚS LILLO Después de hablar en inglés y francés con los inmigrantes recién llegados a Algeciras, Pablo Casado dejó ayer esa intimidad que desde los tiempos de Aznar obra el milagro del don de lenguas y, ya en español, pidió a Pedro Sánchez que se haga respetar en Europa. El multilingüismo es un fenómeno que suele darse en la derecha española cuando no tiene mayoría absoluta en el Congreso, y lo de pedirle a Pedro Sánchez que se haga respetar en la UE ha de entenderse como una vindicación del europeísmo de Cataluña, donde dice Quim Torra, muy bilateral Don Felipe ya no es el Rey de los catalanes. Hacerse respetar en Europa es, por sinécdoque, hacerse respetar en Cataluña, parte de un todo cuyos dirigentes van por libre y a los que Sánchez consiente y bilateraliza. Para el PSOE, Pablo Casado es muy de extrema derecha por defender el control de nuestras fronteras. En cambio, con Quim Torra, nazi perdido, da gusto sentarse a hablar y recorrer de la mano y entre lacitos amarillos los jardines y fuentes machadianas de La Moncloa. Como dicen los clásicos, contigo, no, bicho El bicho, la avispa asesina que atemoriza a España, es aquí Pablo Casado. La izquierda no tiene el monopolio de los buenos sentimientos dice el líder del PP en respuesta al buenismo de manual que maneja el Gobierno, matriculado en un máster de márketing político cuyos trabajos, evaluación continua, no habrá que buscar en cajas y carpetas traspapeladas. Están a la vista. Hay que poner de moda ser buenos dice Carmen Calvo. Buenos, pero también selectivos, porque la bilateralidad es condición y privilegio exclusivo de quienes lo merecen y aportan su talento al bien común, como los peones de Torra y Puigdemont con los que ayer compartió mesa la ministra de Transición Territorial, o algo parecido. Pedro Sánchez recibe hoy a Pablo Casado como si se tratase de un apestado. El líder del PP no lleva lazos de colores en la solapa, y tampoco hace gala del supremacismo racial que distingue al separatismo, pero es un facha por pedir sensatez política y alertar contra el relativismo del presidente del Gobierno. En la España de Sánchez y Calvo, y por puro maniqueísmo, la moda de ser buenos pasa por fabricar malos. El molde en el que han metido a Casado ya lo tenían pensado y hecho. E SPAÑA