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ABC DOMINGO, 29 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 MONTECASSINO ALGO TRAE EL POTOMAC ÁLVARO VARGAS LLOSA ¿CONSERVADOR O LIBERAL? Casado desafía a la política identitaria de la izquierda con la política identitaria de signo contrario P ABLO Casado enfrenta, como todos los grandes partidos de derecha, un dilema: ¿conservador o liberal? En bastantes conservadores españoles hay tentaciones liberales y en muchos liberales españoles hay raíces, familiares o sociales, conservadoras. En España, como en otras partes, hay vasos comunicantes entre ambas tribus y no siempre es fácil, para los demás, identificar la diferencia. Todo gran partido de derecha vive escindido entre ambas opciones. Si definimos, con simpleza y acaso simplismo, la opción conservadora como aquella que enfatiza una identidad común y la liberal como aquella en la que prepondera el sentido de lo individual, todo indica que Casado ha preferido, en una instancia inicial, hacer suya la primera. Su apuesta desacomplejada por la nación, la familia y la vida busca aglutinar a las dispersas huestes electorales de la derecha española devolviéndoles el orgullo de una identidad común muy maltratada. Casado desafía a la política identitaria de la izquierda con la política identitaria de signo contrario, planteándole una lucha cuerpo a cuerpo. Pero no es seguro que Casado siga haciendo de la política identitaria de derecha la viga maestra de su estrategia para llevar al PP de vuelta al poder. Porque hay en él, conviviendo con el hermanastro conservador, un liberal que, en áreas como la economía y la globalización, se aleja por completo del tipo de nacionalismo y proteccionismo que vemos hoy en otras derechas occidentales. Además, Pablo Casado Casado no ignora, a su edad, que hay un amplio número de españoles de las nuevas generaciones que, aunque están muy alejados de la izquierda reaccionaria, tienen un sentido más bien individual y plural de la identidad. Esto último es una de las razones además de la cuestión catalana por la que Ciudadanos creció tanto. Casado es demasiado inteligente para no darse cuenta de que, en pleno siglo XXI, un partido de derecha que quiera apelar a una mayoría de votantes deberá buscar la manera creativa de entusiasmar a ciudadanos liberales (que no necesariamente se pondrían esta etiqueta pero que lo son) al mismo tiempo que da un sentido de pertenencia a esa masa conservadora que ansía protección contra lo que juzga un mundo muy hostil a su tribu. Será fascinante observar, en los meses venideros, cuál de estas tres posibilidades termina materializándose: un PP revitalizado por la recuperación de la identidad conservadora pero que por eso mismo se resigna a un caudal de votos insuficiente para marginar a Ciudadanos; un PP que, habiendo resucitado a la moribunda base, sale a conquistar españoles no conservadores enfatizando esa dimensión liberal de Casado que en estos días ha permanecido agazapada, algo intimidada, por la otra y decide invadir los predios de Ciudadanos; por último, un PP que prefiere no dar preferencia a ninguna de las dos opciones, un poco al estilo de los conservadores franceses en años recientes. Es evidente que, de las tres, la que más conviene al PP es la segunda y que tanto la primera como la tercera convienen más, en principio, a Ciudadanos. Hay ejemplos internacionales que invitan a no anticiparse a los resultados del forcejeo entre conservadores y liberales porque todo es posible. El (relativo) liberal Macron, en Francia, desplazó a la derecha conservadora, pero en los países del grupo de Visegrado los liberales fueron desplazados por conservadores que privilegiaron la política identitaria, y en Holanda la pugna entre conservadores y liberales no acabó de resolverse del todo. En Estados Unidos, la disputa no se ha dado entre partidos, sino al interior del Republicano. Allí, el ala liberal ha sido derrotada por el de la política identitaria. La función ya empieza: mucha atención y palomitas. HERMANN ÖZIL Y EL MITO ALEMÁN Un gesto de lealtad a Erdogan destruye la quimera integradora E J. V. FERNÁNDEZ DE LA GALA califica como literatura del resentimiento Él, como buen diplomático, domina la ceremonia feliz de las bienvenidas. Pero lo que cuenta después es la crónica de los despropósitos encadenados. Dice que leyó Cien años de soledad en 1957, esto es, diez años antes de que se escribiera. Culpa a García Márquez de las dictaduras embalsamadas de los Castro, los Ortega y los Chávez. Y afirma, para remate, que el mérito de su genial novela se sostiene incomprensiblemente en la artificiosidad de un estilo poco natural aburrido y nada estimulante Solo tres explicaciones se me ocurren para este alegato. La primera es la incapacidad que demuestran algunos para dejarse seducir por la rotunda sencillez de la belleza. La segunda es la pura animadversión política extendida al terreno literario. La tercera es mucho más prosaica: la más insana envidia. Que cada uno elija De político a político La señorial salida del mundo de la política del anterior presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha sido tema a tratar por muchos de nuestros columnistas, pero es difícil que un político dedique a otro un escrito, publicado en ABC, tan bonito, entrañable y veraz como el que le dedica José Manuel Romay Beccaría, presidente del Consejo de Estado, a Mariano Rajoy nos comenta PAZ AGUIRREBENGOA. Que añade: No sé si los españoles hemos sido conscientes de la categoría del presidente que hemos tenido. Todo un caballero. Por eso tendrá siempre la admiración y la gratitud de muchos españoles Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. L jugador Mesut Özil, al que los españoles conocen bien por su paso por el Real Madrid, es protagonista absoluto del último gran trauma de la sociedad alemana. Es portada en las revistas y en los periódicos más serios y es el gran asunto de debate político, cultural y sociológico en las televisiones y hasta entre los políticos. Y no por el fútbol. Alemania está en shock por la causa Özil titula Frankfurter Allgemeine. El pequeño futbolista de origen turco ha destruido de un golpe un mito alemán. Un mito que era la mejor bandera de la gran quimera socialdemócrata de la Alemania oficial que pretende que el alemán es un pueblo mestizo, multicultural y eficaz integrador. El niño pequeño y moreno de origen turco plenamente integrado en la sociedad alemana como en la selección nacional era el símbolo perfecto para proclamar el fin de los fantasmas del pasado. De las culpas terribles con la raza aria, carnets de limpieza de sangre, niños rubios o cría de cachorros del superhombre. Aquella Alemania no existe. Es más, Alemania, reza el mensaje, es tan impecablemente democrática que quienes llegan de países subdesarrollados, dictaduras y culturas autoritarias en la educación alemana crecen como demócratas, tolerantes y europeos plenamente integrados en una sociedad multicultural. Y de repente, en mayo, en plena crisis entre Alemania y Turquía por la agresividad del presidente islamista Erdogan en contra de las críticas de Berlín a la represión de la oposición y la construcción de una dictadura, estalla la bomba. El alemán modélico Özil aparece en unas fotografías de propaganda electoral en demostrativo apoyo a Erdogan. También posaba otro jugador de la selección alemana, Ilkay Gündogan. Pero el turco perfecto era Özil. Y el gran traidor. O el fracaso. Porque pese a su educación democrática y alemana optó por el dictador islamista frente a Alemania. El estupor fue total. En realidad sin motivo: los turcos en Alemania que votan en elecciones turcas siempre son menos laicos y menos liberales que la media en Turquía. Özil, la joya en la selección, el alemán turco perfecto, un islamista con veleidades dictatoriales. ¿Tres generaciones en Alemania y el resultado es este? Su abuelo minero llegó en 1961 a Alemania con una caja de cartón. Su padre, Mustafa, aún nació en Turquía. Lo mandaron en 1967 a Gelsenkirchen, donde en 1988 nacería él, Mesut, la estrella. En un ambiente seguro con educación alemana en el colegio, dominio de la lengua, con doble nacionalidad y plenamente integrado en un ambiente democrático de europeo occidental. Aun así, la estrella, el multimillonario que hoy juega en la Premier, revela estar, y eso es lo grave, donde la inmensa mayoría de los turcos en Europa, mucho más cerca de un islam dictatorial que de una democracia laica. Como la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes. Pero los mitos socialdemócratas vetan estas verdades en el discurso hegemónico hasta que un Özil las hace estallar en semejante bosque de mentiras e hipocresías multiculturales.