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ABC DOMINGO, 29 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS UN OMINOSO SILENCIO ¿Quién se ha preocupado por los guardia civiles heridos en Ceuta? MINOSO. No hay otro adjetivo. Hay un ominoso silencio del Gobierno sobre la gravísima crisis de irrupción de inmigrantes africanos en el Estrecho. De aquellos negros de las pateras cuatro pobres hombres que llegaban a la playa de Los Lances de Tarifa, hemos pasado a la avalancha de migrantes Parece como si quitando el prefijo in nos zafáramos del problema. Decir inmigrantes es facha: lo políticamente correcto es migrantes Que no preocupan al Gobierno, ninguno de cuyos miembros se ha dignado hablar en la costa del Estrecho, ni en Tarifa, a cuya playa de los Alemanes llegó una lancha inflable llena de migrantes subsaharianos mientras los bañistas, sorprendidos, permanecían en sus sombrillas como si tal cosa. Ni a socorrerlos fueron, cuando se pusieron a correr duna arriba. Los que estaban en sus sombrillas tan campantes, mirando con curiosidad el trágico espectáculo, ¿eran bañistas o miembros del Gobierno de Sánchez? Esto es lo único que está haciendo el Gobierno: limitándose a ver los barcos venir, llenos de personas desesperadas o engañadas por las mafias, ayudadas en algunas ocasiones por las muy bien intencionadas ONG, que de hecho son cómplices cuando no colaboradoras necesarias de los traficantes de carne humana de África a Europa. Dice el alcalde de Algeciras que aquello ya es como la italiana Lampedusa antes, cerradas muchas fronteras europeas y negados sus puertos a estos barcos de la desgracia sobre los que, ¿usted oyó alguna noticia en la información de la porta- O voz tras el Consejo de Ministros? Será que estoy mal del oído, pero no escuché nada. Ahí, ahí, es donde tenía que haber ido el avión oficial: a Algeciras, en vez de llevar de picos pardos a Sánchez y a su mujer al festival de Benicásim, en una bromita de la agenda cultural que nos ha costado 20.000 euros, ida y vuelta al FIB de The Killers Sí, ya sé que en Algeciras no hay aeropuerto, pero sí en Jerez o Málaga, y muchos helicópteros para trasladar al Okupa de La Moncloa a pie de problema. Pero ni Sánchez ni nadie del Gobierno se ha ocupado sobre el terreno de este problemón de la avalancha de inmigrantes que tenemos encima y que dicen que no quedará así, sino que va a más. Pero, claro, como esto no es el Aquarius, ni se puede hacer demagogia con TV incorporada, lo más cómodo es decir que no es un problema español, que los inmigrantes vienen aquí como Frontera Sur de Europa, para marchar luego a Francia. En lo que va de año ya hemos recibido 17.000 inmigrantes ilegales (sí, repito, inmigrantes ilegales, ¿passsa algo? que es la cifra de todos los que llegaron en 2017. Y ni un ministro a pie de obra, ni una presidenta de la Junta de la Andalucía a cuyas costas nos llega media África. Y sin tener dónde dar cobijo a los que llegan, que tienen que dormir hacinados en los propios barcos de Salvamento Marítimo. En uno solo han llegado más del doble de inmigrantes que puede acoger el centro de San Roque. Y el otro, oyendo a The Killers en Benicásim... Que no se ocupen de esta pobre gente los que se dicen tan humanitarios es menos comprensible aún que el abandono a su suerte de la Guardia Civil y la Policía Nacional que deben vigilar las fronteras de Ceuta y Melilla. No vienen en son de paz. Vinieron agresivos y violentos con cizallas, cócteles molotov caseros y botellas de excrementos cuando 602 saltaron la verja tras cortarla y hirieron a 22 guardias civiles. ¿Quién se ha preocupado por esos guardias civiles heridos en el asalto violento a la valla de Ceuta? ¿Quién ha tenido una palabra de reconocimiento para la Guardia Civil? Nada, es un problema de Europa y en todo caso de Italia y de Grecia, que nos han convertido en la nueva Lampedusa. Por eso el silencio del Gobierno es doblemente ominoso, sólo preocupado por Franco. IGNACIO CAMACHO BURBUJAS DISIPADAS Tenía razón la vieja guardia del socialismo: el acercamiento a los separatistas conduce al suicidio político L Gobierno de Sánchez, que tanto prometía y anunciaba, se le está parando el motor a los dos meses de su llegada. No tira, no funciona, no anda porque, además de audacia, para gobernar se necesita una mínima estabilidad parlamentaria. El presidente parece disfrutar del poder, cuyos resortes explota con tanta soltura como arrogancia, pero más allá de su personal ventura, la crudeza de la política ha comenzado a disipar las burbujas del efecto champaña Su debilidad es patente y ni la va a poder compensar a base de gestos y propaganda ni los decretos- leyes son una panacea sostenible desde una minoría tan acusada. Los socios radicales que le sirvieron para desalojar a Rajoy mediante una coalición improvisada carecen de fiabilidad para darle cohesión a una alianza. No es lo mismo armar un frente de rechazo que pactar un programa. Y esto último tampoco resulta viable con aliados de esa laya sin traicionar los principios del Estado igualitario proclamados por la socialdemocracia. La contradicción que bloquea a Sánchez se deriva de que todos los partidos que apoyaron su moción de censura son, salvo el suyo, adversarios de la Constitución como modelo de convivencia. El más moderado es el PNV, lo que da para hacerse una idea. Podemos aspira a una refundación del sistema desde la extrema izquierda y el resto son los herederos de ETA y una docena y media de nacionalistas catalanes instalados en el delirio de la independencia. Con esa gente no se puede ir muy lejos sin abandonar la tradición que el PSOE representa. Visto lo visto, quizá ni siquiera es posible pactar un presupuesto que cumpla las prescripciones de la Unión Europea. Los socialistas acabarían entendiéndose con Podemos tarde o temprano, como han hecho en autonomías y municipios. Pero no tienen modo de apaciguar a unos separatistas incapaces de salir de la estrategia del golpismo. Puigdemont los tiene abducidos, secuestrados con su liderazgo de mando a distancia, y ha dado al traste con cualquier fantasía de armisticio. Cuando ganó las primarias, Sánchez se sintió libre para saltarse los límites que hace dos años le impuso su partido, pero la realidad ha acabado por demostrar que aquellas prohibiciones no constituían un capricho. La denostada vieja guardia tenía razón: cualquier acercamiento a los secesionistas conduce a una especie de suicidio político. En estas circunstancias, o el presidente se somete después del verano a una cuestión de confianza o se verá abocado a convocar elecciones anticipadas. Pero que nadie se haga ilusiones porque las puede ganar y por ende sin la suficiente ventaja, lo que situaría de nuevo al nacionalismo en la indeseable posición de bisagra. Es el problema endémico de un sistema electoral que, con bipartidismo o sin él, otorga la capacidad de decidir sobre la gobernación de España a unos partidos cuya prioridad esencial consiste en liquidarla. A JM NIETO Fe de ratas