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ABC LUNES, 23 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN VUELVE EL PP Para cumplir su promesa regeneradora, Casado debe entrar de lleno en el terreno de la confrontación ideológica S I Pablo Casado es capaz de honrar el discurso que le llevó a derrotar a la favorita y auparse hasta la presidencia de su partido, no solo saldrán ganando sus siglas, sino que lo hará toda España. No es tarea fácil, empero. Dar cumplimiento a esa promesa regeneradora implica abandonar el mullido terreno del relativismo para entrar de lleno en el de la confrontación ideológica. Combatir con vigor los dogmas del pensamiento políticamente correcto, omnipresente hasta la náusea en la práctica totalidad de los medios de comunicación. Armarse de coraje intelectual y de munición argumental. Hacerse fuerte en determinadas posiciones de principios y defenderlas hasta el final, sin miedo a la crítica ni concesiones a la demoscopia. ¿Tendrá el joven Casado la valentía y la determinación necesarias para librar esas batallas? ¡Ojalá! Vuelve el PP anunció, triunfante, tras conocer su victoria. No especificó a qué PP se refería, aunque todos comprendimos que aludía a la formación surgida en 1990 de las cenizas unidas de UDC y AP. Al legado de Manuel Fraga y José María Aznar, que tuvo el valor de reivindicar, junto al del líder saliente, mientras todos los demás protagonistas del congreso se comportaban como si el partido hubiese surgido ex novo de la mano de Mariano Rajoy en 2004. Al proyecto que supo agrupar a todo el centro derecha español en torno a unos valores firmes, posteriormente relegados al fondo de un cajón o directamente traicionados: la vida (indefensa en el caso de los no nacidos tras la proclamación y aceptación por parte del PP del derecho indiscriminado al aborto) la libertad e igualdad de las personas, al margen de su pertenencia a uno u otro grupo (incluido el sexo, invocado por Sáenz de Santamaría como gran argumento de campaña) la unidad inquebrantable de la nación consagrada en la Constitución, sin margen para diálogos cambalaches o tributos apaciguadores con cargo a nuestros impuestos (semejantes al pagado sin éxito en Cataluña por Cristóbal Montoro con la creación de un FLA sin fondo) el apoyo a la familia y a la natalidad, indispensable en este tiempo de glaciación demográfica; la lealtad con las víctimas del terrorismo (que siguen padeciendo la insoportable presencia de los herederos de ETA en todas las instituciones, a la vez que esperan justicia por más de 300 asesinatos sin resolver) una fiscalidad justa, muy distinta de la consistente en cargar sobre las espaldas de la clase media los costes de todas las crisis. Entendimos que invocaba el ideario tradicional de ese PP de antaño, deseoso de albergar con comodidad tanto a liberales como a conservadores. Deseoso de molestar y aun desafiar a esa izquierda nuestra tan pagada de sí misma y tan convencida de su superioridad moral. Deseoso de reivindicarse sin complejos y reconocerse con orgullo en los símbolos que enarbolamos quienes amamos a España. Ese PP dejó de existir hace años, arrastrado paulatinamente hacia un pragmatismo romo cada vez más relativista. Antes habían sido minados sus cimientos por una corrupción generalizada, que hemos ido descubriendo poco a poco con infinito asco. Una gangrena simultáneamente económica y moral, tanto más grave cuanto mayor fue el poder ostentado por sus portadores. Una enfermedad letal relacionada con la mayoría absoluta. El PP al que apeló Casado puede y debe regresar, con todas las cautelas necesarias para que nunca vuelvan a adueñarse de él quienes van a la política a servirse en lugar de servir. Puede y debe rearmarse. Y puede y debe buscar aliados fiables, ajenos al separatismo traidor. Porque el principal enemigo, el gran enemigo de España, es el nacionalismo empeñado en robarnos nuestra patria. IGNACIO CAMACHO ESENCIAS A Casado no le basta con el voto papista de los incondicionales. El PP tiene la reputación en estado de catástrofe L principal problema de Pablo Casado es que el partido cuya jefatura acaba de conquistar está hecho un desastre. Por fuera tiene la reputación arruinada y por dentro es una máquina defectuosa, deteriorada por el desgaste. Las primarias han demostrado que ni siquiera es cierta su legendaria cifra de militantes. Sin embargo, cuenta con un capital importante: un electorado sólido, de edad madura, dispuesto a votarlo sea quien sea su candidato y pase lo que pase. Esa base social papista que, como la mayoría de los católicos, sigue al líder político o espiritual que en cada momento le pongan por delante sin entrar en más detalles. El célebre suelo electoral, que ha bajado en los últimos tiempos pero aún mantiene una masa crítica considerable. La misión de Casado consiste en volver a elevarlo. No necesariamente, en principio, con un discurso más templado porque, aunque a Rivera no le guste la idea, muchos de los votos que ha captado Cs proceden de electores de derecha muy ideologizados que veían a Rajoy demasiado pragmático, débil con el nacionalismo, pusilánime y timorato. Ciudadanos es un partido de vocación centrista que paradójicamente ha crecido en buena medida gracias al desencanto de un conservadurismo que encontraba en el presidente un paradigma muy blando. Gente que al menor pretexto, al mínimo signo de rearme de valores, volverá al redil natural abandonado. Si el PP recupera un discurso antinacionalista sólido, no impostado, es probable que cierre el boquete de ese flanco. Con eso ya podría desequilibrar la actual correlación de fuerzas, pero le va a costar más el resto. Enganchar a los jóvenes alejados por la corrupción y la imagen de partido anquilosado, esclerótico, viejo. Por joven que sea Casado, y joven su equipo, le van a hacer falta más méritos. El factor generacional es relevante, pero el marianismo ha dejado numerosos desperfectos. Para los menores de 40 necesita un discurso más abierto. Una actitud implacable con los comportamientos deshonestos y un programa liberal en sentido pleno, también en el de los impuestos, las relaciones personales o la igualdad de géneros. Para ganar una elección interna sirven los reclamos esencialistas que aglutinan emociones y sentimientos; para construir una mayoría social es menester ensancharse hacia el centro. Su desafío consiste en lograrlo sin traicionar sus principios ni caer en el relativismo posmoderno. Si no lo consigue se quedará con un insuficiente espectro de simpatizantes, escasos aunque muy contentos. Lo que es innegable es que el PP tiene ahora una esperanza, un rebrote de autoestima que hubiera sido imposible con Soraya. Los nuevos liderazgos siempre suscitan un cierto optimismo, un margen de confianza. Casado lo tiene que confirmar con ciertas decisiones arriesgadas. Después de la galbana de Rajoy, la causa de la derecha merece una dosis de audacia. E JM NIETO Fe de ratas