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ABC LUNES, 23 DE JULIO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 DIARIO DE UN OPTIMISTA ¿ES REALMENTE REDONDO ESTE BALÓN? POR GUY SORMAN Como muchos niños de origen africano, durante su juventud Mbappé pasó más tiempo jugando al fútbol delante de su casa, en un barrio desfavorecido, que en los bancos de la escuela ceses sería una patada en el trasero de los nacionalistas enrocados en su etnia blanca y contrarios a la inmigración en Europa. Podría ser. Pero se recordará que hace veinte años el equipo de Francia ya ganó el Mundial, en París, y que el ídolo de la época era el goleador argelino Zinedine Zidane. Francia, se clamaba entonces, se había vuelto black- blancbeur (negra- blanca- árabe) Lamentablemente, poco tiempo después, unas revueltas en las afueras de París y Lyon arrojaron a las fuerzas de Policía contra jóvenes rebeldes procedentes de la inmigración africana. El sueño multicultural se rompía en pedazos, a pesar de Zidane. Por eso me guardaré bien de hacer pronósticos sobre el futuro cultural y social de esta nueva aventura. La propia epopeya de Kylian Mbappé es ambigua: su éxito personal y su talento único podrían hacer creer a muchos jóvenes franceses surgidos de la inmigración que el futuro y la fortuna pasan por el deporte más que por la escuela. Nos arriesgamos entonces a ver cómo aumentan los miembros de los clubes de aficionados y se vacían un poco más las escuelas elementales. Por consiguiente, ¿por un Mbappé se va a provocar una multitud de decepcionados, frustrados, analfabetos? Paradójicamente, la integración en la sociedad francesa podría sufrir por el éxito del equipo de Francia, más que beneficiarse de él. ¿No es también ambigua la actitud de la sociedad francesa en su conjunto? Aplaudimos a estos nuevos franceses jóvenes surgidos de la inmigración, pero con la condición de que se dediquen al deporte y ganen. Les encasillamos así en un papel que tiene un precedente en Estados Unidos: se discrimina a los negros ahora algo menos, gracias a su lucha por los derechos civiles salvo que tengan éxito en la música y en el deporte. Mbappé, por lo tanto, es un modelo y es también un antimodelo. El mayor favor que se podría hacer a los franceses de su generación y de su cultura sería decirles: ¡No juguéis demasiado al fútbol, id a la escuela, estudiad, trabajad, respetad la ley! Así es como se resolverá la supuesta crisis de la inmigración. Lo que no impide amar también el fútbol. L O confieso, no siento por el fútbol ninguna pasión especial; apenas conozco las reglas y hasta evitaba practicarlo en el patio de mi escuela elemental. Al hilo de este Mundial, que la selección de Francia ha ganado en Moscú, me vuelve a la memoria el recuerdo del único partido al que he asistido en mi vida. Fue en el Mundial de Seúl en 2002, al que me invitó el presidente coreano, Kim Dae Jung, que quería agradecerme que le hubiera visitado en su celda cuando era un preso político. Aquel día me encontraba sentado a su lado, en la tribuna de honor, para asistir al partido inaugural, que enfrentaba a Francia y Senegal. El presidente coreano se asombró de que el equipo de Francia incluyera a tantos negros, y de que en la alineación del equipo de Senegal hubiera varios jugadores blancos. Los coreanos, como los chinos, tienen una concepción étnica de la nacionalidad y no hay nada que les extrañe más que la inmigración, el mestizaje, el multiculturalismo. Kim Dae Jung llegó a la conclusión de que los franceses eran algo africanos y los africanos, muy franceses. Francia, concluyó, ganaría sin duda. Pero venció Senegal. En Moscú se han dado unas circunstancias semejantes ya que, en la selección francesa, 14 de los 23 jugadores eran de origen africano y magrebí. Por otra parte, la prensa africana apoyó en masa al equipo de Francia, y varios periódicos de Mali y Sudáfrica anunciaron que África había ganado el Mundial de Fútbol. Aunque el fútbol como deporte no me incite a dar gritos de alegría ante la televisión con cada gol, como fenómeno social, político, cultural, por el contrario, es imposible que no me interese. Pero es difícil extraer enseñanzas definitivas. Cuando Kylian Mbappé, de 19 años, se impone como la nueva estrella del fútbol, se hace millonario al instante y lleva una camiseta de la selección francesa, ¿quién gana? ¿Francia? Mbappé es francés, desde luego, aunque su FIRMA padre fuera un inmigrante de Camerún y su madre procediera de Argelia. Como muchos niños de origen africano, durante su juventud Mbappé pasó más tiempo jugando al fútbol delante de su casa, en un barrio desfavorecido, que en los bancos de la escuela. Por lo tanto, en una versión optimista y progresista de la sociedad francesa, Mbappé sería el representante perfecto de la integración lograda, el nuevo rostro de una Francia joven y multicultural. El éxito de este equipo multicolor que ha suscitado el entusiasmo de todos los fran- Integración La integración en la sociedad francesa podría sufrir por el éxito del equipo de Francia