Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
72 ABCdelVERANO CINE VIERNES, 20 DE JULIO DE 2018 abc. es estilo ABC Michael Haneke: Vivimos engañados por la tecnología Estrena Happy End con Isabelle Huppert como protagonista MARÍA ESTÉVEZ C on precisión de cirujano, la cámara de Michael Haneke secciona la automatización de la burguesía hasta amputar, con cada secuencia, la frialdad que erosiona a la sociedad actual. No hay piedad en Haneke. El ganador de la Palma de Oro de Cannes en dos ocasiones regresa con su acidez característica para declarar la guerra a las redes sociales, al cruel narcisismo del iPhone que seduce al ego, tragedia y denuncia en una enorme metáfora sobre la opresión de las clases más deprimidas. Así es Haneke, un director capaz de transformar su cine en un ejercicio contra los peores valores de la humanidad. ¿Simboliza su película ese estado zombi en el que vive la burguesía? -Sí. Somos autómatas autistas que no nos damos cuenta de cómo el exceso de información nos está alejando de la realidad. Nos dejamos manipular por las noticias de las redes sociales sin realmente entender lo que sucede a nuestro alrededor. Cada personaje de mi película representa o revela ese estado. No me gusta explicar el contenido de mi trabajo porque tiene más sentido cuando se ve. Mi reto tras las cámaras es crear un clima que infecte a la audiencia del sentimiento que quiero provocar con la película y que eso lleve a una discusión. ¿Qué le motiva a llevar a cabo esa crítica? -Como artista, trato de crear sobre lo que despierta mi curiosidad, lo que considero que necesita expresarse en la pantalla. Vivimos en una sociedad aletargada, completamente engañada por la tecnología. ¿Su película es una provocación? -Sí, por supuesto. Es una provocación, está concebida para provocar. Todas las reglas están dirigidas para que el público se vaya a casa contento y feliz de que la película se ha acabado. La historia rompe sus esquemas. ¿Su cine puede catalogarse de nihilista porque en sus historias no hay esperanza... -Tal vez, pero entonces el mundo es en sí nihilista porque los problemas no en el espectador. Cada una de mis que yo presento son reales. Podemos películas es diferente a la anterior, intentar escondernos, como hace la pero, al final, te quedas con la sensafamilia de mi película, pero están ahí. ción de que el mundo necesita camNo tengo una actitud negativa, creo biar. Quiero generar debate, provocar que como artista mi traun cambio. Ese es el trabajo consiste en provocar. bajo de cualquier artista. FAKE NEWS Debemos abrir los ojos a A título personal, me da Nos dejamos lo que está sucediendo en terror la violencia, el domanipular por el mundo y dejar de vivir lor. las redes sociales en nuestra torre sin mi- ¿Cómo escribe sus guiosin realmente rar alrededor. nes? entender lo que sucede a nuestro- ¿Es crítico con el pro- Happy End nació como alrededor greso? consecuencia de lo que ve- -Me preocupa que no semos en las noticias cada día, pamos adaptarnos a la teces una reacción personal a nología. Fingimos saber cuando no sa- una situación social que me intriga. bemos nada. Tenemos contenido que- -Hay un cierto formalismo en la peno sabemos leer. La información que lícula que recuerda a Roman Polanski recibimos es puramente superficial, o Stanley Kubrick... no nos enseña. -He crecido dentro de la cultura eu- ¿Qué representa la violencia en sus ropea y hay un gran número de direcpelículas? tores a los que admiro, pero no me he- -Un lugar del que hay que huir, pero inspirado en un director particular que provoca siempre un debate inter- para hacer este proyecto. Michael Haneke instruye a los actores antes de dar acción a una escena de Happy End ABC Nuevo tratado de misantropía Haneke HAPPY END Dirección: Michael Haneke. Intérpretes: Isabelle Huppert, JeanLouis Trintignant, Mathieu Kassovit OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE a palabra happy en el título de una película de Michael Haneke es como ponerle medio aguacate a un cocido lebaniego o un Stop a un circuito de Fórmula 1. Ni el cine de Haneke ni, L por supuesto, esta película pueden contemplar en este adjetivo otra cosa que la ironía. Hay un hilo que la ata a Amour pues Jean Louis Trintignant es un vetusto anciano que mira a la muerte con ojos golosos, desprecia a su familia (punto en el que coincidirá con usted) y le proporciona al optimismo de Haneke la posibilidad de afianzarse en su misantropía y en su crítica agria a esa sociedad acomodada, amoral, cruel y autodestructiva que siempre está en la camilla de autopsias del doctor Haneke. La familia, los Laurent, son los protagonistas, desde el patriarca suicida, a su hija (impotable como solo puede ser Isabelle Huppert) y nietos, una de las cuales comparte con su abuelo la misma desesperación por darse matarile, muestran sus vísceras y su descomposición de acuerdo al habitual e inexistente programa de autoayuda del cine de este director. Sitúa los dramas y corrosiones de la familia en Calais, por el conveniente hecho de que así puede tratar, de fondo, el asunto de la inmigración. Y cuela entre la frialdad, el sarcasmo y la acritud, un aparente interés por el demoníaco influir de las redes sociales. Happy End es, pues, purita dialéctica Haneke, plena de lucidez y amargor, con un Trintignant que aún deslumbra y con ese veneno que sí deja rastro en el (mal) cuerpo de la víctima (el que mira, el que reflexiona) Es un poco lo de siempre, pero quizá con la uña menos sucia que en otras ocasiones.