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ABC DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS LOS SINFERMINES Lo que quiere el alcalde de Pamplona es inventar los bous al carrer IENSE algo insólito, irreal, contradictorio, increíble, incoherente. Pues por mucho que se lo parezca, eso está ocurriendo en España desde que tenemos Gobierno nuevo; o desde antes, cuando el de Rajoy no daba la cara, especialista en el toreo de perfil con el piquito de la muleta del 155 para dar salida al gravísimo problema del independentismo catalán. Y lo más sorprendente es que a la gente le parece lo más normal del mundo que ocurran estas cosas increíbles, pero ya habituales. Verbigracia: que el presidente de la comunidad autónoma catalana, un sinlacha mandado por un prófugo desde el extranjero, a pie de obra de los Juegos del Mediterráneo, ponga como no quieran dueñas a Su Majestad y al papel constitucional de la Corona. Que ponga en duda el papel de supremo arbitraje constitucional del Rey. Y el presidente del Gobierno del Reino de España, ojo, del Reino, que en su vida se ha visto en otra, encantado de haberse conocido como inquilino de La Moncloa, en vez de salir en defensa de S. M. y de cuanto representa para la estabilidad y unidad de la Patria, lo que se le ocurre decir es: Debemos tender la mano Yo sí la tendía también: mas para darle un buen bofetón al tal Quim Torra que ha ofendido a nuestro Rey. Se está gobernando a golpe de ocurrencia por vía de decreto- ley. No hay programa de Gobierno: hay decisiones que se toman a lo salto de cigarrón, sin saber dónde se va a caer. Lo que ayer era blanco hoy es negro, y viceversa. Pero como los que tal hacen P son los nuestros, mire usted cómo han dejado de manifestarse los pensionistas y cómo, previo pago de su importe, el Gobierno le ha comprado ya la paz social a los sindicatos. Y como todo se pega menos lo bonito, si tal hacen en Madrid, ¿qué en esa Navarra que quieren avascongar a cualquier precio? Pues más ocurrencias. Lo del alcalde de Pamplona es épico, si no fuese para hartarse de llorar ante los quevedescos muros de la Patria mía. Don Joseba Asirón se presentó a alcalde de Pamplona por Euskal Herria Bildu y salió elegido con los votos de un cuatripartito de los que se llaman a sí mismos euskaldunes navarros que debe de ser algo así como si yo digo que soy andaluz murciano Pues bien, en este tiempo de gobernar a base de paridas, ocurrencias y demagogias que dan votos, a este Asirón tan navarro no se le ha ocurrido mejor excentricidad que plantear unas fiestas de San Fermín sin corridas de toros. Con encierros, sí, porque dice que los encierros son lo más pamplonés que se despacha, pero sin que esos toros que al amanecer corren desde los corrales de Santo Domingo a la plaza sean lidiados y estoqueados a la tarde. De modo que el alcalde de Pamplona ha inventado los sinfermines Aunque ha garantizado los carteles de este mes de julio, dice que es un tema que debe estar abierto al debate de la evolución de las cosas. Déjenme que me ría, porque esto de los sinfermines me produce más que indignación, risa. Es, ¿qué te diría yo? como si el alcalde de Valencia dice que hay que hacer unas Fallas sin que ardan los monumentos en la noche de San José, porque son un peligro de incendio que hay que someter a debate. O como si el alcalde de Sevilla pide una Feria de Abril sin casetas, porque son exponente del clasismo y del señoritismo, y que de caballistas y enganches, nada, que antes hay que abrir un debate. Así que de momento el alcalde de Pamplona ha mandado a Hemingway a tomar por saco. Haga usted universalmente mundial la Fiesta de Pamplona para esto, don Ernesto. Los Criadores de Toros de Lidia, la Fundación Toro Lidia y todo quien tiene dos dedos de frente en la Fiesta Nacional ha puesto las cosas en su punto. Él no lo sabe, pero lo que quiere el alcalde de Pamplona es inventar los bous al carrer los encierros sin corrida de toros. En vez de euskaldunizar a Pamplona, ¿a que va a avalencianarla? IGNACIO CAMACHO VUDÚ POLÍTICO La estigmatización nacionalista del Rey coloca a Sánchez en un aprieto que cuestiona su política de acercamiento D JM NIETO Fe de ratas ERROCADO Rajoy y con Sánchez en pleno cortejo de aproximación a Le Pen Torra la comparación es del propio presidente los independentistas han señalado al Rey como su siguiente objetivo. No es que aspiren a destronarlo sino que el nacionalismo necesita alimentar sus mitos insurgentes mediante la invención sucesiva de enemigos. Como al nuevo Gobierno no lo pueden denostar por ahora, al menos mientras anden cruzándose guiños, han elegido la Corona como diana preferente de su campo de tiro. Les viene bien para agitar la leyenda de la herencia del franquismo y además el Monarca no puede entrar al trapo, ni devolver los insultos, ni darse siquiera por ofendido. Ahora ya incluso sale gratis quemar sus fotos porque los tribunales europeos tienen sentenciado que no es delito. Es el muñeco perfecto para la liturgia del vudú político. La estigmatización de Felipe VI es un proyecto concertado para replantear la estrategia victimista del agravio. Al tiempo que Torra, tras entrevistarse con Puigdemont, posaba de resentido en los Juegos del Mediterráneo, Artur Mas ha pasado media semana en Madrid reclamando en cenáculos de opinión pública una disculpa oficial del Jefe del Estado. Tienen el discurso de octubre clavadito en el entrecejo porque saben que fue el dique que frenó el golpe cuando la nación amenazaba colapso. Esa intervención convierte al Rey en el perfecto malo, el adversario alegórico contra el que estimular a los radicales y mantener vivo el delirio republicano. Tampoco se trata de nada nuevo: ya lo han abucheado en el fútbol y le montaron un escrache callejero el último verano, cuando fue a Barcelona a solidarizarse con las víctimas de los atentados. A estas alturas don Felipe tiene hasta un gesto ensayado entre hierático, solemne y preocupado para aguantar las hostilidades sin parecer débil ni antipático. Ya está curado de espantos ante esa cínica doblez nacionalista de molerte a palos con una mano mientras te tienden la otra para el diálogo. Pero Sánchez sí tiene algo que decir ante todo esto. El líder del Gobierno no se puede quedar de brazos cruzados ante un ataque institucional contra quien firma su nombramiento. Ni hacerse el sueco para que el ruido ambiental no incomode su flamante política de gestos. La ofensiva soberanista no admite dejación de responsabilidades ni benevolencia con el desafuero. Antes de recibir a Torra en la Moncloa, el presidente está en la obligación de hacerle saber que su actitud condiciona cualquier acercamiento. Primero por simple dignidad, porque la famosa distensión resulta incompatible con manifestaciones de animadversión y de desprecio, y luego y sobre todo porque esa Corona hostigada por el supremacismo catalán simboliza al país entero. Es un engorro para sus planes pero cuando aceptó los votos separatistas debía de haberse leído las contraindicaciones del prospecto.