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62 CULTURA DOMINGO, 27 DE MAYO DE 2018 abc. es cultura ABC Roger Waters, durante el concierto que ofreció en Madrid EFE Waters ucrónico El músico británico trajo a Madrid su máquina perfecta de revivir a Pink Floyd GABRIEL ALBIAC No hay humo. Es lo primero que el sexagenario percibe, aun antes de percibirlo, al entrar en el atiborrado WiZink Center. En el curso de los últimos treinta años ha estado aquí en tantos conciertos... Pero no, no fue aquí. Fue en lo que aquí estuvo: el Palacio de Deportes aquél ardió hace mucho. Se ajustaba a las viejas normas: las que exigen que en un concierto de rock and roll, la atmósfera esté hecha en sus dos tercios de humo de tabaco, en un ter- cio de humo de cannabis. Y que el oxígeno quede a la puerta. Y que el sonido sea horrible. Ni hay humo ni es éste espacio el de entonces. Hasta el sonido se revelará excelente. Tampoco el sexagenario es aquél que pegaba botes hace medio siglo: las articulaciones imponen su dictadura. Ni el mismo es éste que va a salir a escena, con puntualidad impropia en un rockero. Fue. Roger Waters anda por los 75. Y, sin embargo... El rock and roll atrae la lluvia, es bien sabido. Al menos en Madrid. Se lo irán a contar a este sexagenario que se calzó a pelo el tormentón que le contrataron los Stones a Lucifer para su concierto del Calderón en julio del 82. Llegar hasta el WiZink, atravesando una catarata de lluvia amazónica, ha puesto el prólogo a una noche de melancolía. El tiempo se detiene entonces. ¿Es eso bueno, es malo... Es. Waters se ha esforzado en pulir una máquina ucrónica: Pink Floyd. Sin Syd Barrett (muerto) sin Richard Wright (muerto) sin Mason (distante) ni Gilmour (peleado) Lo consigue. Al milímetro. No se puede seleccionar una banda de músicos más ajustada al sonido del legendario modelo. Y las dos platinadas voces femeninas en nada hacen añorar bueno, no demasiado, tan sólo un poquitín a los mitómanos más incurables a aquella mítica Katie Kissoon que daba la réplica a Wa- ters en los directos de hace más de envuelto en el Money de 1973, francatreinta años. mente largo y aburrido. Todos los rosRoger Waters se apoya sobre esa tros para él detestables pasan por la maquinaria virtuosa, para construir pantalla, mientras un cerdo inmenso el artificio escénico perfecto. No tiene flota sobre el público: Trump, desinhila misma voz, desde luego. Da igual: bidamente insultado; pero también silabea, con la voz reduplicada por un Theresa May, Angela Merkel, Macron... chaval que es su clon con cuarenta Hasta Mariano Rajoy tiene derecho a años menos. Nunca fue Waters un ins- un segundo y medio de burla sobre la trumentista excepcional. Pero siem- pantalla, para regocijo de la clientela. pre tuvo en torno suyo a los mejores. En otro rockero, la cosa hubiera deEn el concierto de anteayer, Dave Kil- sembocado en el desastre. Pero a Waminster hizo, con su Fender Telecas- ters se le perdonan esas cosas: va en ter, uno de los más impecables traba- su código genético. Y en su simpático jos de guitarra eléctrica anacronismo. Un poco que este sexagenario remenos largos, sus arreRoger Waters cuerda haber escuchado se apoya sobre esa batos panfletarios hasta en mucho tiempo: a la altendrían gracia. Salva el maquinaria tura de los grandes, de bache. virtuosa, para los pocos grandes. Los servicios sanitaconstruir el Waters es concepto. rios se llevan en camilla Que es lo que un intérartificio escénico a dos o tres provectos prete debe ser a alturas rockeros, fulminados por perfecto así de la vida. Se ajusta a el calor y por la mucha ello. Concepto: arquiteccerveza: nada serio. Y un El bache to visual como sonoro. Y Waters que parece sinLanza un rollo sabe que, para no ser enoceramente emocionado doctrinario joso, un concepto debe cierra la noche con un envuelto en el quedar arropado en la apoteósico homenaje al Money de 1973, público. E incluso arriesfluidez de la obra hecha: no molestar con su pre- francamente largo ga el pellejo, bajándose sencia, ser apenas visihasta la pista en la que y aburrido ble. Y que esa ausencia, sus fieles le rinden culto. sin embargo, lo llene La máquina de siempre todo. Es el arte de madurez que domi- se impone a la anécdota del maquinisnan sólo los muy grandes. ta: rock and roll. Es lo que cuenta. Y el El concierto corre el riesgo de des- público sale, al cabo, del WiZink feliz. carrilar cuando, al inicio de la segun- Ha asistido al concierto perfecto. Lo da parte, Roger Waters se deja ver de- que ya sabía. Desde hace medio siglo. masiado. En sus manías más inmemo- No hay sorpresas. No le agobia el humo. riales. Para lanzar un rollo doctrinario, Y, encima, ya no llueve.