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58 CULTURA DOMINGO, 27 DE MAYO DE 2018 abc. es cultura ABC Cecil Beaton La cámara que hizo eternos a los mitos del siglo XX La Fundación Canal exhibe, a partir del 31 de mayo, una retrospectiva del célebre fotógrafo británico NATIVIDAD PULIDO MADRID D icen que su talento y su ojo fotográfico fueron tan afilados como su lengua viperina. Hablar de Cecil Beaton es hablar del siglo XX. Su galería de retratados es un quién es quién de la pasada centuria. Todo aquel que quisiera ser alguien tenía que pasar ante su cámara Rolleiflex. Hijo de un comerciante de madera, nada hacía pensar que aquel niño londinense de clase media (eso le frustraba y le creaba un complejo de inferioridad) acabaría codeándose con la realeza y la aristocracia de su tiempo y que entre sus amistades figurarían las estrellas más rutilantes de Hollywood. Su vida dio un giro radical en 1927. Fue en una fiesta en casa de Stephen Tennant, el hijo frívolo y narcisista de un barón, donde descubrió que lo suyo era el lujo y el glamour y no la mediocre clase media. Tennant lideraba a los Bright Young Things (jovencitos brillantes) cachorros de la aristocracia británica que hicieron del hedonismo bohemio su bandera. Beaton se unió a ellos. Se convirtió en un dandi bon vivant y creó su propio paraíso: Ashcombe, una casa de campo en Wiltshire donde celebraba sonadas fiestas. Son los felices años 20. Ahí comienza la historia que narra la exposición Cecil Beaton: Mitos del siglo XX la primera en Madrid del célebre fotógrafo, organizada por la Fundación Canal. Comisariada por Oliva María Rubio y Joanna Ling y enmarcada en PHotoEspaña, abrirá sus puertas del 31 de mayo al 19 de agosto. Ha reunido 115 imágenes (la mayoría vintages) procedentes del Archivo Cecil Beaton, que adquirió la sala de subastas Sotheby s en 1977, aún en vida del artista. Un tesoro formado por más de 100.000 negativos, 10.000 copias impresas y 42 álbumes fotográficos. Oliva María Rubio destaca que Beaton era un trabajador ambicioso e incansable, muy perfeccionista (estuvo seis décadas en activo y ni siquiera el infarto cerebral que le paralizó su brazo derecho le hizo tirar la toalla) No acabó ninguna carrera, pero, además de fotógrafo, hizo escenografías y vestuario para tea- tro y cine, escribió 38 libros y 6 diarios. Fue un hombre del Renacimiento, que se reinventó continuamente Las fiestas, la música, el champán, las lentejuelas... Todo eso acabó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, otro de los puntos de inflexión de su carrera. Se reinventó una y otra vez Beaton puso los pies en la tierra (cambia el brillo de Ashcombe por la serenidad de Reddish) y sus fotografías barrocas también coquetea con el surrealismo explica Oliva María Rubio, se tornan más minimalistas y contenidas, centrándose cada vez más en la psicología del personaje. Una imagen de una niña de tres años herida durante un bombardeo alemán, con su muñeca en la cama del hospital, fue portada de la revista Life Tuvo una gran repercusión. En los 60, Beaton vuelve a reinven- tarse inmortalizando los movimientos agitadores de aquel efervescente Londres: músicos, diseñadores, modelos... Si algo destaca del estilo Beaton fueron sus sofistacadas producciones, precedente de fotógrafos como Annie Leibovitz. Como ella, acabó siendo tan famoso o más que sus propios retratados. Beaton decoraba con papel pintado las suites de los hoteles Plaza y Ambassador de Nueva York, donde tuvieron lugar muchas de las sesiones. Las salas de la Fundación Canal (Mateo Inurria, 2) semejan una mansión palaciega (pérgola incluida) y en el espacio abovedado se recrea la escena de las carreras de Ascot en My Fair Lady Precisamente, con esta película Cecil Beaton ganó dos Oscar (dirección artística y vestuario) Ya había ganado años antes otra estatuilla por los figurines de Gigi La protagonista de My Fair Lady era una encantadora Audrey Hepburn, a quien el fotógrafo consideraba segura sin ser engreída y tierna, pero sin sentimentalismos Al ver las fotos que le había hecho en el plató de rodaje, Hepburn le escribió: Desde que tengo memoria, he deseado ser bella. SITWELL Y HEPBURN. Arriba, la poeta y crítica Edith Sitwell (1962) que fue su mecenas. La describía como un alto y elegante espantapájaros, realmente hermoso A la derecha, Audrey Hepburn (1963) en el plató de My Fair Lady por la que Beaton ganó dos Oscar (dirección artística y vestuario)