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26 ESPAÑA DOMINGO, 27 DE MAYO DE 2018 abc. es espana ABC Zaplana o la leyenda del intocable En 20 años de exposición pública, caminó indemne sobre las brasas de una reputación dudosa pero inmune IGNACIO CAMACHO Q uince años antes de que se inventaran las redes sociales, Eduardo Zaplana HernándezSoro protagonizó de forma involuntaria una de las más veteranas fakes news de la política española. La frase estoy en política para forrarme que le ha perseguido durante toda su carrera, no es suya, aunque en las cintas del caso Naseiro una primigenia trama de financiación irregular del PP donde presuntamente figuraba dicha grabación apócrifa, sí se le escuchaba desasosegado por comprarse un coche de alta cilindrada. A Zaplana siempre le ha perseguido una fama de gusto por el lujo, por el tren de vida alto, por los trajes caros y los relojes de marca. Y, si las investigaciones de la UCO que esta semana le han conducido a prisión son acertadas, no sólo se lucró con la política sino que constituyó alrededor de ella un grupo de intereses que la juez del caso considera una auténtica trama. Esa reputación de arribista es la causa de la nula sorpresa que su arresto provocó en su propio partido. Durante años, el ex presidente de la Generalitat Valenciana y exministro de Aznar ha estado en todas las quinielas de nombres relacionados con la corrupción del PP, si bien hasta ahora había salido ileso de pesquisas y sospechas. A su sucesor en la presidencia valenciana, Francisco Camps, enfrentado con él incluso antes de acceder al cargo, le irritaba sobremanera haber sido procesado y absuelto por un presunto regalo de trajes mientras su rival quedaba al margen de cualquier escándalo. Durante años circularon dossiers sobre Zaplana en redacciones y círculos políticos; ninguno de ellos, sin embargo, contenía material susceptible de situarlo ante la justicia, ni siquiera de ponerlo en apuros. Durante veinte años de fuerte exposición pública, y mientras muchos de sus colaboradores más inmediatos acababan procesados y condenados, Zaplana caminó indemne sobre las brasas de una nombradía dudosa sin que su honorabilidad quedase salpicada por hechos probados. EFE Alcalde Arriba, su toma de posesión como alcalde de Benidorm gracias a una tránsfuga del PSOE Presidente Portavoz parlamentario Rueda de prensa ofrecida por Zaplana en su etapa como portavoz parlamentario del PP (2005) Zaplana, como presidente valenciano, con Camps, entonces su consejero de Cultura ABC EFE EFE Portavoz del Gobierno Tuvo que afrontar como portavoz del Gobierno de Aznar los atentados yihadistas del 11 de marzo Detenido El pasado lunes la vida cambió para siempre para Zaplana al ser detenido por corrupción Ni silencioso, ni discreto Y no fue el suyo un paso silencioso ni discreto por la política, en la que comenzó alzándose con la Alcaldía de Benidorm en una ruidosa moción de censura con tránsfuga incluida. Al frente de la autonomía valenciana, a la que dio un indiscutible impulso estructural que la situó al frente de las regiones de crecimiento más dinámico, tomó decisiones de riesgo como la creación de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el parque temático Terra Mítica. Como portavoz del último Gabinete de Aznar hizo frente vestido con una célebre corbata negra a las horas dramáticas del 11- M. Y como líder parlamentario del PP en la oposición, ya bajo el mando de Mariano Rajoy, dirigió la política de acoso a Zapa- tero que llevó al marianismo al doloroso fracaso electoral de 2008. Nunca pasó inadvertido ni quiso hacerlo; se movía con un estilo bizarro, expansivo, que combinaba la agresividad contra los adversarios con unas excepcionales dotes de trato personal sobre las que cimentó curiosas relaciones transversales. Amigo de periodistas, empresarios de fuste, artistas como Julio Iglesias, líderes de opinión, y dirigentes rivales en especial el socialista José Bono se especializó en tejer complicidades políticas y mediáticas. Fue capaz de pactar con los sindicatos como titular de la cartera de Trabajo, estableciendo fluidos lazos con el entonces responsable de CC OO José María Fidalgo, y hasta de acordar con Jordi Pujol uno de los asuntos más espinosos de su mandato autonómico: las normativización académica del valenciano, que reconocía mediante una alambicada perífrasis su unidad con el sistema lingüístico catalán. También fichó para su equipo al socialista