Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 INTERNACIONAL DOMINGO, 6 DE MAYO DE 2018 abc. es internacional ABC Mercados privados Jangmadang El capitalismo se abre paso en la hermética y totalitaria Corea del Norte Kim Jong- un ha retomado el diálogo para que las sanciones no dañen la economía PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL A SEÚL Ni siquiera Corea del Norte, el país más aislado del mundo, puede impedir que el capitalismo traspase sus herméticas fronteras. Blindado por sus armas atómicas, el régimen estalinista de Pyongyang aspira a seguir viviendo como en tiempos de la extinta Unión Soviética o de la China de Mao, con una economía planificada donde el Estado proporcione todos los servicios y alimentos y no haya espacio para la iniciativa privada. Pero esta utopía socialista se derrumba como un castillo de naipes con solo mantener los ojos abiertos para ver más allá de lo que muestra la propaganda en las siempre controladas visitas al país. A pie o en bicicleta, por sus carreteras tercermundistas pulula un río de gente acarreando fardos de un lado para otro. Evitando las calles principales, en sus ciudades y pueblos se divisan puestos ambulantes y hasta bulliciosos mercados donde se puede encontrar prácticamente de todo: desde verduras cultivadas por los campesinos de las cooperativas estatales en los patios de sus casas hasta artículos de pequeño consumo traídos de contrabando desde la frontera con China. Sin que las autoridades puedan ponerle freno, se trata de una economía de libre mercado que se remonta a mediados de los 90. La caída del bloque comunista en la Europa del Este y luego la Gran Hambruna que se cobró entre 800.000 y dos millones de vidas, hundieron al régimen y dejó de funcionar el Sistema Público de Distribución de Alimentos que, hasta entonces, garantizaba la supervivencia de la población con cartillas de racionamiento. A partir de ese momento, los norcoreanos dejaron de confiar en el Estado y aprendieron a buscarse la vida por su cuenta. Aunque mi padre era comisario político en una fábrica estatal de pasta y cepillos de dientes, donde tenía que trabajar desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde, vendía de estraperlo gasolina y arroz porque con su sueldo de 3.000 won no podíamos comprar nada recuerda un joven que nació en plena hambruna en la provincia de Hamgyong del Norte, fronteriza con China, y se oculta bajo el nombre ficticio de Kim Gun- yong tras desertar a Corea del Sur hace tres años. A En los márgenes de las carreteras hay puestos ambulantes privados donde se vende comida cambio de pagar un dinero a la compañía estatal, su padre solo tenía que ir a trabajar tres días al mes y podía dedicar el resto del tiempo a sus negocios particulares: traer gasolina en garrafas desde la frontera con China y arroz desviado de alguna cooperativa de la provincia de Pyongan del Sur. Por supuesto, todo esto lo hacía pagando sobornos a la Policía y a los militares de la frontera, el método habitual de hacer negocios en Corea del Norte. Gracias a esta complicidad de las autoridades, que suplen con las mordidas sus exiguos salarios, algunos economistas calculan que hasta el 80 por ciento de los norcoreanos vive del comercio privado, según recoge el libro La revolución oculta de Jieun Baek. Aunque es imposible saber la cifra exacta porque el régimen lleva sin publicar estadísticas desde los años 60, ya hay una generación que no ha recibido nada del Sistema Público de PABLO M. DÍEZ Supervivencia Aunque mi padre era comisario político en una fábrica estatal de pasta de dientes, vendía gasolina de estraperlo. Con su sueldo no podíamos comprar nada Fin a los brotes verdes Las sanciones están dañando la economía, que había mejorado en los últimos tiempos gracias a un floreciente libre mercado Distribución y solo ha dependido del Jangmadang como se denomina en coreano a los mercados. Como la moneda nacional, el won, no vale nada, en el mercado negro se paga con dólares o, cerca de la frontera con China, con yuanes. Las divisas son la base de este sistema porque un sueldo medio, que suele estar en torno a los 3.000 won, no alcanza ni para comprar un kilo de arroz, que vale un dólar (7.800 won) En Pyongyang, los supermercados para la élite venden desde latas de Pepsi hasta carne congelada de Australia pasando por coñac Hennessy a 250 euros la botella. Además de comida, ropa y otros artículos para la vida cotidiana, a través de los mercados ha entrado información procedente del exterior que está provocando importantes cambios sociales en Corea del Norte. Primero en cintas VHS, luego en DVD y finalmente en lápices USB, llevo desde los diez años viendo series surcoreanas y pe-