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ABC VIERNES, 4 DE MAYO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA LA VOZ EN OFF No, querida voz, no: La Paz que yo busco se fundamenta en meterte a ti en la cárcel. Lo siento U NA voz en Off. Ni siquiera una imagen. Solo un tono monocorde anunciando que el pueblo de tal se disolvía en la masa de cual. Josu Ternera, el asesino total, hizo de locutor de continuidad de la banda, de narrador en el docudrama de la disolución, de locutor de fondo en la publicidad siniestra de despedida, como cuando un comercio anuncia a sus clientes que entra en liquidación y que pueden pasar a adquirir a precio de saldo cualquiera de sus muchos productos. Josu Ternera: el asesino al que el PNV colocó en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco para que así tuviera conciencia de lo duro de la acción terrorista de sus correligionarios (esa fue la respuesta que le dio a este columnista un destacado parlamentario vasco cuando le interpeló por la poca vergüenza que suponía nombrar a un animal como el mencionado miembro de una comisión con ese nombre) Esa voz en off es la que ha ordenado crímenes de todo tipo en el nombre de la sacrosanta independencia vasca. Esa voz es la que viene ahora a decirnos que ese periodo ha acabado y que la lucha debe continuar por otros medios, que el tiempo de la sangre y las lágrimas ha finalizado y que ya estamos todos muy mayores para seguir matando. La voz en off viene a decir que lo matado bien matado está, que para algo lo ordenó él, y que la sangre derramada era consecuencia de un conflicto que aún continúa pero que debe ser solucionado por otros medios, no necesariamente criminales. Ternera, el asesino que llegó a sentarse en los escaños de un parlamento, el vasco, es quien hoy nos imparte la doctrina final. Lo que hay que ver. Deberíamos preguntarle a ese carnicero: ¿de qué han servido tantos muertos? ¿de qué tanto sufrimiento? De nada. No aparece esta reflexión en ninguna de las comunicaciones de la banda. Ni ese maldito criminal ni su amiguita Soledad Anboto se atreven a cuestionar el hecho de que no han sido más que miembros de una banda de sacamantecas, de un grupo de fanáticos enloquecidos que han torturado al pueblo al que dicen pertenecer y a todo el país al que extendieron sus prácticas criminales. Y todo para nada. Para condenar a parte de una generación de vascos a la cárcel, al exilio y a los cementerios. Hoy habrá un no demasiado nutrido grupo de ilusos y otro no menos frecuentado de cretinos que celebrarán infantilmente el anuncio de disolución de la banda: qué bien que ya no nos van a matar y qué guay que han traído La Paz a nuestra tierra. Indudablemente es mejor que no te maten, pero no es cualquier cosa permitirles el relato del fin de la actividad terrorista. Aquellos a los que solo les importa que se disuelvan sin más, deben reflexionar seriamente acerca del peligro que supone dejar en manos de individuos como Josu Ternera la redacción de los epitafios de ETA. El epitafio de ETA no lo pueden escribir ni Ternera, ni Anboto, ni la madre que los parió: lo hemos de escribir los demás, los que hemos sufrido, baja a baja, el goteo de los muertos, de los secuestrados, de los trasterrados, de los extorsionados, de los atemorizados, de los amenazados y de los insultados por ellos y por sus corifeos. La voz en off pretende, como algunos colaboradores de la idea majadera de pelillos a la mar poner el contador a cero. Ni vosotros ni nosotros. La guerra se acabó: intercambiemos rehenes, armas, posiciones y sembremos una idea de paz duradera. No, querida voz, no: mis rehenes están muertos, mis armas son las del Estado de Derecho, mis posiciones son las que siempre fueron y La Paz que yo busco se fundamenta en meterte a ti en la cárcel. Lo siento. IGNACIO CAMACHO EL LOCUTOR La extraña impunidad de Josu Ternera sugiere demasiadas suspicacias sobre los entresijos del final de ETA L JM NIETO Fe de ratas A prueba más fehaciente del verdadero tono moral de la disolución de ETA es que el comunicado en vídeo lo han leído Marixol Anboto y Josu Ternera. Al menos la primera está presa pero el segundo sigue huido y con una grave acusación la responsabilidad por la matanza del cuartel de Zaragoza de once muertes a cuestas. Claro que una rendición la han de anunciar los jefes que tienen autoridad para imponerla, pero el modo en que Ternera lleva moviéndose por Europa una década y media sugiere una impunidad consentida o controlada que se parece mucho a una estrategia. Ha sido el único dirigente que se salvó de las sucesivas redadas con que el Estado le apretó a la banda las últimas tuercas, y en los círculos de la inteligencia antiterrorista se le consideró siempre el hombre capaz de dar la orden postrera de bajar la persiana, apagar la luz y cerrar la puerta. La necesidad de la memoria de la resistencia, del relato veraz que mantenga viva la lucha contra el olvido, no es un mantra político que pueda perder fuerza a base de repeticiones, sino una premisa esencial del posterrorismo. Pero los primeros obligados a recordar son los agentes institucionales y políticos, que tienen la obligación de hacer cumplir las leyes sin excepciones, ni vista gorda, ni resquicios. Por mucho que ETA se haya disuelto, le quedan cuentas que rendir y hay muchos crímenes por aclarar, estén o no prescritos. De la actitud del Estado ante la nueva situación, de su diligencia para exigir los términos de la justicia y de la reparación hasta el último requisito, depende que este desenlace sea una victoria o un armisticio. A la sociedad le corresponde sostener la dignidad de las víctimas como homenaje a su sacrificio, pero son las instituciones y los partidos quienes tienen el imperativo de disipar cualquier suspicacia, por remota que sea, de acuerdo o compromiso. De momento, los requerimientos primordiales no se han cumplido. No ya por la vergonzosa, humillante petición de perdón selectivo, sino porque en el epitafio de la banda no hay un ápice de arrepentimiento, ni de autocrítica, ni de contrición, ni de fracaso de sus objetivos. Antes al contrario, pretende justificar su infame pasado por escrito, se declara orgullosa de su trayectoria criminal, aunque no esté dicho se permite formular reproches a quienes la han combatido y señala la continuación de su proyecto por otro camino Que es hasta cierto punto lógico que se exprese así, de acuerdo, pero el diablo está en los detalles y en los signos y no se puede abrir una sola rendija, ni de crédito ni de respeto ni de simple negligencia, a un grupo de asesinos. Para creer en un final sin recelos hay que empezar por una demostración de firmeza. La retórica no basta para cerrar grietas. Sobre todo, si es el tal Josu Urruticoextea el locutor de una renuncia con tantos cabos sueltos y tantas condiciones insatisfechas.