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ABC JUEVES, 3 DE MAYO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN ¿SE NOS HELARÁ LA SANGRE? La presunta disolución de ETA se asienta sobre una base de ignominia, desmemoria, engaño e impunidad A principios de 2006, cuando el dirigente socialista Patxi López se reunió en San Sebastián con Arnaldo Otegui, una vez conocida la trastienda de la negociación llevada a cabo en secreto entre Zapatero y ETA, la madre de Joseba Pagazaurtundúa formuló un augurio terrible: Patxi, dirás y harás cosas que nos helarán la sangre El único error de Pilar Ruiz fue quedarse muy corta. Primero, porque el líder del PSOE vasco era solo un pequeño engranaje en una maquinaria de mentira y manipulación de la que ya formaba parte la izquierda, además del nacionalismo, y a la que pronto se sumaría también el PP. Segundo, porque la sangre de los españoles, lejos de congelarse ante tamaña felonía, siguió fluyendo tranquila por las venas de la sociedad. Con pocas excepciones honrosas, quienes deberían haber denunciado el chanchullo callaron y los llamados a castigarlo en las urnas premiaron el cambalache. En este caso, como en otros muchos, España ha cumplido a la perfección el refrán: El muerto al hoyo, el vivo al bollo Todo sea por la paz aunque esta ficción se construya sobre una viscosa base de ignominia, desmemoria, engaño e impunidad. Porque aún quedan cerca de cuatrocientos asesinatos por esclarecer y nadie se manifiesta en las calles exigiendo justicia para esas víctimas. Esos muertos no dan votos ni levantan la indignación de los comunicadores de moda. Mañana viernes, dicen los enterados, los sicarios del hacha y la serpiente van a escenificar el penúltimo acto de su siniestro drama sanguinario con la celebración, en la localidad francesa de Cambo, de un aquelarre en el que participarán etarras, simpatizantes y mediadores a sueldo del contribuyente para informarnos de que los terroristas dan por terminado su ciclo histórico y su función El encuentro viene precedido de una carta destinada a rubricar que la banda pone fin a su recorrido al dar por concluida su iniciativa política como si el coche- bomba y el tiro en la nuca pudiesen calificarse de iniciativa política o como si el brazo político de la bestia, Batasuna Bildu, tuviese la menor intención de disolverse. La traca final del espectáculo será un vídeo grabado que se prestará a emitir la BBC. ¡Quién te ha visto y quién te ve, presunta expresión máxima del periodismo de referencia! Según lo publicado, en la grabación en cuestión aparece lo mejorcito de esa organización mafiosa anunciando la disolución de la banda: José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, máximo cabecilla de los pistoleros durante los Años de Plomo y pese a ello interlocutor del Gobierno en los inicios del proceso huido de la justicia con la aquiescencia implícita de las autoridades responsables de capturarlo (dado que hasta José Alcaraz Martos, ex presidente de la AVT, fue capaz de dar con su paradero y comunicárselo a quien correspondía) Mikel Albisu Iriarte, alias Mikel Antza, jefe de los terroristas en la época en que fueron diezmados los concejales del PP y el PSOE vascos con la pretensión de doblegar al Estado. Soledad Iparraguirre, alias Anboto, compañera y cómplice de esa alimaña. ¿Se nos helará la sangre escuchando las palabras huecas de semejante ralea criminal? A mí sí, desde luego. Jamás creeré nada salido de sus bocas de lengua bífida. Pero temo que estaré muy sola. El mero hecho de que se les haya permitido grabar esa basura indica que, como aventuró Pilar Ruiz, nos aguardan cosas mucho peores: el acercamiento a cárceles próximas a sus domicilios, terceros grados penitenciarios a mansalva y, en muy poco tiempo, la libertad, sin que nadie haga un ruido en las calles ni clame en las televisiones. Todo está pactado y se cumplirá. IGNACIO CAMACHO EL POSTERRORISMO La paz es lo contrario de la desmemoria voluntaria, del silencio encubridor y de la reconciliación simulada E JM NIETO Fe de ratas N torno al terrorismo vasco hay una noticia buena y otra mala. La buena es que la disolución de ETA significa el reconocimiento de que ha sido derrotada, aunque lo admita a su modo torcido, deshonesto, innoble y lleno de falsa arrogancia. La mala consiste en el riesgo cierto de que su derrota no quede clara; en la posibilidad de que el relato de esta siniestra etapa se vuelva confuso o ambiguo para una sociedad ansiosa de pasar página. Y en que la desaparición de la banda, sin pedir perdón a todas sus víctimas, sin colaborar con la justicia en el esclarecimiento de los trescientos crímenes pendientes de autoría y sin una entrega real y efectiva de las armas, dé lugar a la continuidad de su proyecto a través de uno o varios partidos dispuestos a asumir su herencia impartiendo encima lecciones de democracia. La paz es algo distinto de la ausencia de violencia armada. La paz significa memoria, dignidad, justicia y verdad, como las víctimas reclaman, pero también un escenario político y social en el que los autores y cómplices del sufrimiento no puedan aspirar a ninguna clase de relevancia. No ya a la que esperan con el burdo montaje de esta semana, con esa mostrenca escenificación destinada a tratar de obtener ilusoria alguna contrapartida penitenciaria, sino a la que les pueda conceder una parte de la población vasca con el entendimiento reblandecido por cierta especie de amnesia espontánea. La paz es lo contrario del silencio encubridor y de la indiferencia voluntaria. La paz después de tanto dolor no puede brotar de un empate autoconcedido, ni de un ignorancia forzosa o inducida, ni de una reconciliación simulada. La paz no puede incluir la prolongación política el partido ETA de los postulados que sustentaron la agresión armada, ni aceptar la fraudulenta teoría del conflicto, ni contemplar que la estructura civil de los asesinos quede intacta. El propósito de convivencia es engañoso porque el designio totalitario del independentismo radical no ha desaparecido. La cohesión democrática de España, bajo zozobra tras la revuelta catalana, estará en peligro si el Estado y sus agentes públicos ceden a la tentación del olvido y se conforman con el mero cumplimiento formal y aun así incompleto de unos exiguos requisitos. La banda está vencida pero su proyecto de ruptura excluyente no ha prescrito, y lo que pretende es continuarlo bajo un disfraz representativo. Y aunque las leyes actuales no lo pueden impedir, las autoridades y las instituciones están ante el imperativo de continuar exigiendo responsabilidades en sus términos más estrictos. No sólo con penas de cumplimiento íntegro, sin componendas ni beneficios, sino con una pedagogía política que transmita tal como fue la experiencia del sufrimiento de un pueblo digno acosado por una manada de asesinos. Sin esa narrativa de la verdad, lo que vendrá no es la paz sino el posterrorismo.