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12 OPINIÓN TIEMPO RECOBRADO PUEBLA JUEVES, 3 DE MAYO DE 2018 abc. es opinion ABC PEDRO GARCÍA CUARTANGO BAJO EL PAVÉS, LA PLAYA Mayo del 68 no fue un fracaso. Sus sueños quedaron intactos y siguen hoy vivos M AYO del 68 fue una fábrica de eslóganes como sed realistas, pedid lo imposible o la imaginación al poder Pero el que más me gusta y resume mejor el espíritu de la revuelta es aquel que dice sous le pavés, la plage Aquellos estudiantes que se movilizaron hace ahora 50 años creían que, bajo el pavés de las calles de París, había una playa como las de los Mares del Sur. Todo fue un espejismo, los sindicatos y el Partido Comunista dieron marcha atrás y el general De Gaulle volvió a hacerse con las riendas. El desencanto cayó como una pesada losa sobre los jóvenes que querían hacer una revolución no para conquistar el poder sino para ser felices. Apunta Gabriel Albiac en su nuevo y excelente libro una idea que me ha llamado la atención y que me parece acertada: aquellos jóvenes que salieron a la calle poseían una cultura libresca, eran estudiantes de la Sorbona y otras universidades parisinas que frecuentaban librerías como Maspero o La joie de lire, donde no se adoptaban medidas contra quienes robaban las existencias. Visto con perspectiva, Mayo del 68 fue un movimiento de bibliófilos que querían plasmar en la realidad los sueños que habían vivido en los libros. No sólo en los textos de Althusser, Lacan o Foucault sino, sobre todo, en las novelas de Balzac, Flaubert y Stendhal. Este último habla del amor como una cristalización lo que viene a ser una imagen ideal de la persona querida que uno se forja en su mente. Pues bien, Mayo del 68 fue una cristalización en el sentido stendhaliano porque los estudiantes se habían enamorado de la Revolución con la misma pasión que Fabrizio del Dongo pretende a su tía, la duquesa de Sanseverina. Resulta evidente que los activistas de Mayo nunca se creyeron que era posible convertirse en una alternativa al poder y ni siquiera socializar los medios de producción. Lo que querían era luchar por una utopía, por un relato, como diríamos hoy, que diera sentido a sus vidas. Por esta razón, Mayo del 68 no fue un fracaso. Sus sueños quedaron intactos y siguen hoy vivos porque los hombres no sólo persiguen satisfacer sus necesidades sino que además buscan un sentido a la existencia que sólo puede venir de la utopía. Albert Camus escribió que estamos acechados por el absurdo y que es imposible encontrar un sentido a la vida, pero también dijo que el hombre está obligado a defender su dignidad y la de los demás. Mayo del 68 fue un grito de protesta contra la injusticia, un clamor de los jóvenes contra un mundo que sólo les ofrecía un nivel de vida confortable con tal de aceptar los valores de un régimen caduco y sin grandeza. De Gaulle no representaba nada para quienes habían nacido después de 1945. En una época en que se desploman los partidos tradicionales y que crece la falta de fe en la política y las instituciones, podemos entender perfectamente lo que sentían aquellos estudiantes que buscaban la playa bajo el pavés de París. Seguiremos soñando con lo imposible sencillamente porque lo posible no nos convence. CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC IRÁN: LA FARSA Los misiles iraníes no son ni intimidatorios ni disuasorios. Tienen blancos asignados INGÚN presidente, desde John Fitzgerald Kennedy, tuvo un dominio tal de la escenografía. La primera vez que escuché hablar a Barak Obama quedé literalmente deslumbrado: nadie iba a impedir que el por entonces aún muy joven político se llevase por delante a sus competidores. No era, en rigor, sólo un retórico; era un actor de recursos amplísimos. Un político actual tiene que serlo para alcanzar la cumbre. El poder, que alguna vez imaginamos en la punta del fusil, está ahora en la pantalla de los televisores. Lamentarlo sería vivir en otro mundo. Un político es hoy, antes que nada, una imagen. Tras llegar a la presidencia, fuimos percibiendo poco a poco el drama. Obama era, en efecto, eso: el mejor de los oradores, el perfecto actor de teatro. Y sólo eso. Bastó con que la fundación Nobel le diera, en vísperas de su acceso a la Casa Blanca, un papel a la medida: el Nobel de la paz para premiar a un político todavía no estrenado. Se alzó el telón. Y la comedia estaba escrita. El pacificador entró en escena. La realidad no importa, cuando manda el espectáculo. Lo malo es que, pasado el tiempo, la realidad se empeña en retornar. Vengativa. Y lo por desagradable al público no hecho, vuelve para arruinar la fiesta. Volvió la guerra en Irak, las primaveras árabes revelaron ser muy tradicionales guerras civiles... E Irán, el triunfo de los triunfos pa- N cificadores del expresidente, queda ahora al desnudo: nada más que una farsa. Y, tras la farsa, el peligro más grave. Como siempre. Los documentos que los servicios de inteligencia israelíes han puesto a disposición del Gobierno norteamericano son aplastantes. Por más que tanto benévolo suicida europeo se empeñe en negar su realidad. Israel ha hecho lo que era demasiado desagradable para que nadie en Occidente se atreviera siquiera a plantearlo. Es lógico. Allá donde los europeos pueden taparse los ojos a la espera de una intervención celeste, los israelíes viven en la certeza de que serán aniquilados si ellos mismos no se ocupan de impedirlo. Los misiles iraníes no son ni intimidatorios ni disuasorios. Tienen blancos asignados desde antes de ser construidos. Los blancos prioritarios son, desde luego, las ciudades israelíes. Luego, en segunda opción, las tierras habitadas por los heréticos hermanos sunitas en el Golfo. Sólo en segunda opción. Para el Supremo Guía Khamenei y para los ayatolas que componen su Consejo de Guardianes, la existencia de un Estado judío es un tumor canceroso una abominación de imposible cura. El uso de armas nucleares es mandato teológico contra el pueblo sacrílego. No se negocia con eso. El acuerdo de 2015 para la limitación de las armas nucleares iraníes fue una farsa. Nadie puede fingir sorpresa: esto que ahora queda al desnudo era algo que supo siempre todo el mundo. Pero no interesaba decirlo. Obama, al final de su viaje, lograba identificarse con el papel que la Academia de Oslo le impusiera en 2009. Rostro y máscara acababan por fundirse para cerrar sus ocho años de mandato. Irán blindaba el desarrollo secreto de un plan nuclear muy avanzado y lo ponía al abrigo de las molestas interferencias estadounidenses. Europa podía seguir entonando cantos bucólicos a la bondad humana y desentenderse del coste militar que entrañaría poner en pie una verdadera autodefensa... A Israel no la tienta esa retórica. No puede, ni pudo nunca, encomendarse a la bucólica bondad humanitaria. Es una nación acechada. Combate o muere. Con las armas. También con la inteligencia.