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ABC MARTES, 24 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 MONTECASSINO UNA RAYA EN EL AGUA HERMANN OFENDO LUEGO EXISTO Insultan para olvidar su sospecha de que morirán como compatriotas de Felipe VI e Iniesta E L día de Sant Jordi en Cataluña es una celebración bonita surgida de una buena idea. Regalar un libro y una rosa y convertir ese gesto de obsequio de belleza de la naturaleza y de la cultura en fiesta popular y rito social solo expone buenas intenciones y altura de miras. Es lo que se llama un hábito de sociedad avanzada. Pero era ingenuo pensar que en la vertiginosa depravación triunfante de todos los frentes de la realidad en Cataluña pudiera sobrevivir intacta una idea noble. No puede ser. No se puede fabricar y emitir odio a espuertas durante 364 días, pisotear todo el año las libertades del no separatista y frenar en seco un día para recrear un paisaje idílico del libro y la tolerancia, las letras y la armonía, la inteligencia y la libertad. No puedes ser un día una espiritual clase de filosofía del Trinity College de Cambridge en 1938 si el resto del año eres la facultad de higiene racial de Berlín y no quedan libros malditos por quemar. Así, las noticias que daba ayer el otrora cordial e ingenioso Sant Jordi son las difamaciones del jefe del Parlamento regional, Roger Torrent, contra todo el que en España aún cumple la ley, y el libro que regaló a su pareja artística el joven que cantará por España en Eurovisión. El libro elegido por el niñato, que se llama Al- fred, para regalarle a ella, que se llama Amaia, su pareja en Eurovisión en representación de España, se titula España de mierda Esto viene a ser como una intervención de Cristóbal Montoro en heroica defensa del golpista Carles Puigdemont. La primera reacción es preguntar: Alfredito (o Cristobalito) ¿A qué viene eso? Pues viene a que regalar ese libro le hace sentirse mejor. Como Cristóbal, que se siente mejor después de dejar claro que él no descontrola. Montoro por su reputación hace cualquier cosa. Lo estamos viendo. El Gobierno ha tratado el golpe de Estado antes y después del 155 como un irritante malentendido. Los golpistas molestan porque pueden fastidiar el presupuesto a Rajoy. Una lata. Lo demás ya se verá cómo se apaña. Patada para adelante y que arree quien venga después. Eso sí, lo más tarde posible. Para Alfredito de Operación Triunfo, que ya se pavoneó como separatista, sabe que insultar a España le genera simpatías entre los suyos y ningún inconveniente con los demás. Gana siempre. Por eso coge el libro del tonto agonizante eterno que es Albert Pla y se gasta la gamberrada. Ofender como única forma de saber que existe. Le pasa al propio Pla, cuyo cerebro encoge desde hace siete lustros, y le pasa al niñato de Eurovisión, que viene jibarizado sin gasto. Le pasa al rebaño de mequetrefes que solo fue a Madrid a la final a pitar al himno e insultar al resto de los españoles. Que no eran todos los culés. Pero bastantes de los culés. Para distraerse de la terrible sospecha de que todos morirán como compatriotas de Felipe VI e Iniesta. Ofender como único recurso, como única forma de existir. Como esas revistas basura de supuesto humor nada que ver con La Codorniz o El Hermano Lobo que solo buscan la burda gracia en la ofensa o la herida de creencias o convicciones de algún enemigo que tiene que ser español y no defenderse. El problema es que hace tiempo que se llegó al punto en que España ha de defenderse de la amenaza a su existencia porque no lo hizo del insulto y la agresión. Hace mucho que la cordialidad de Sant Jordi es un espejismo. IGNACIO CAMACHO LA TRINCHERA La paradoja de los Presupuestos consiste en que PNV y Gobierno construyen una barricada contra Cs... con Cs dentro ON la oposición aplicada a una larga precampaña de año y medio elecciones andaluzas, quizá catalanas, municipales, autonómicas, europeas... y luego ya veremos Rajoy se está construyendo una barricada con la ley de Presupuestos. Quizá la única que puede aprobar en lo que queda de este mandato bajo asedio. A su objetivo de estabilidad económica, que ha sido, es y será la prioridad casi exclusiva de este Gobierno, se une la necesidad de ganar tiempo para enfriar la temperatura política a ver si las expectativas de Ciudadanos frenan solas su ascenso. Todos los demás asuntos le parecen ahora subalternos. ¿Cataluña? Primero los presupuestos. ¿Cifuentes? Importan más los Presupuestos. ¿Candidatos? Después de los Presupuestos. Con un mandato en minoría absoluta, sólo tiene posibilidades de éxito en el terreno donde puede manejar el instrumento clave para ganar voluntades: el dinero. Esta semana, en la votación de enmiendas a la totalidad, sorteará el primer escollo clave del proceso. Después le queda el ajuste fino con el PNV, el último retoque del arreglo. El nacionalismo vasco ha encontrado el argumentario que necesita para dar su visto bueno: si los soberanistas catalanes provocan nuevas elecciones por su propia incapacidad de acuerdo, la persistencia del artículo 155 será a partir de mayo un problema exclusivo de ellos. Urkullu está dispuesto a mediar, pero sin pillarse los dedos. Al lendakari le preocupa que el desvarío de Puigdemont engorde aún más a Rivera y desea aprovechar este momento en que la debilidad del marianismo ofrece buenas oportunidades de rédito. Si no se le va la mano exigiendo la Seguridad Social y el acercamiento de presos que aunque se produzca nunca será reconocido como parte de ningún convenio puede lograr con el PP una curiosa carambola a tres bandas: una coalición de conveniencia contra Cs... con Cs dentro. Porque al final, lo que acerca al Gobierno y al PNV es su desconfianza común contra el partido de moda. De ahí que la mayor dificultad de la operación consista en evitar que Rivera se salga del pacto presupuestario, que ya tiene cerrado, con algún pretexto de última hora. Puede ser una petición excesiva de los vascos, la tozudez marianista con Cifuentes, una imputación imprevista, cualquier cosa. En el fondo, el delicado equilibrio del trato en ciernes depende de que el líder de Cs no se impaciente con su propio estado de forma y precipite con el pulgar hacia abajo el final de esta legislatura agónica. Mientras entienda que le quedan espacio y tiempo para crecer, Rajoy tendrá un mínimo margen de maniobra. Y a día de hoy, parece considerar que le conviene la espera. Mostrar responsabilidad de Estado y asentar su proyecto con cierta paciencia. Aunque un rival como el presidente, experto en mecanismos de autodefensa, siempre resulte complicado de desalojar cuando logra fortificarse en una trinchera. C JM NIETO Fe de ratas