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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MARTES, 24 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA LA VERDADERA CARA SOCIALDEMÓCRATA Para Willy Brandt, los europeos que estaban detrás del Telón de Acero debían seguir sometidos ONFIESO mi alegría el pasado domingo al ver por primera vez a Pedro Sánchez intentando hacer una labor de hombre de Estado: defendió durante el congreso del SPD alemán la unidad de España y la legitimidad de la acción de los tribunales españoles contra quienes quieren violar la ley. Recordarles que hemos hecho lo mismo que ellos harían parecería innecesario si no fuera por lo ocurrido en Schleswig- Holstein y por las palabras de la ministra de Justicia alemana, que estaba convocada en el acto en el que habló Sánchez para refutarla. No hubiera pensado en hablar hoy de los graves problemas que vive el SPD alemán, si no fuera por una foto de ese congreso que me ha impactado. Es la de la nueva jefa del partido, Andrea Nahles, recibiendo un regalo de felicitación por su elección. El regalo se lo entrega el candidato fallido de la última elección, Martin Schulz. Se trata de un cuadro de Willy Brandt. Éste es el estado de la socialdemocracia alemana. Siguen reivindicando la figura de un canciller que nos hubiera garantizado la permanencia del Muro de Berlín y la ruptura de Europa hasta nuestros días. Willy Brandt fue alcalde de Berlín Occidental entre 1957 y 1966. Días de gloria política para Brandt con visitas como la de Kennedy declarándose berlinés ante el muro. Brandt fue después ministro de Exteriores (1966- 69) y canciller (19691974) Durante esos ocho años promovió la Ostpolitik, un intento de endulzar la relación con las dictaduras de Europa Central y del Este. Después presidió la Internacional Socialista entre 1976 y 1992 y en las primeras elecciones al Parlamento Europeo en 1979 fue elegido eurodiputado. En aquel Parlamento la comisión más relevante era la Comisión Política, más tarde llamada la Comisión de Asuntos Exteriores. Dada la naturaleza de ese Parlamento, un miembro de la Comisión, eurodiputado por los socialcristianos bávaros, pidió que en las sesiones de la comisión hubiese siempre una silla vacía para recordar a los pueblos que estaban del otro lado del Telón de Acero. Willy Brandt armó la de San Quintín denunciando que esa silla implicaba romper el statu quo y que eso era inaceptable. Porque para este personaje que Schulz quiere que inspire la actividad de la nueva dirigente del SPD, los europeos que estaban detrás del Telón de Acero, los alemanes que estaban sometidos al Muro de Berlín, debían seguir así. No había que buscarse problemas con el Kremlin comunista. Casi más triste que todo esto es ver que la socialdemocracia que pierde elecciones en el voto directo de los ciudadanos que han negado la victoria a Schulz, las gana de forma indirecta porque las políticas de Angela Merkel son cada día más próximas a las de esa familia ideológica a la que siempre quisieron vencer los cristianodemócratas de Adenauer y Kohl. Si es que no paramos de mejorar. C COSAS MÍAS EDURNE URIARTE VALLS Y LA ESPAÑA ACOMPLEJADA Valls es francés y de izquierdas, el colmo de la credibilidad para la España acomplejada C ADA vez que escucho a quienes claman al Gobierno que arregle lo de nuestra imagen exterior de centralistas poco respetuosos con la pluralidad regional y las libertades, les recuerdo que el problema tiene unas cuantas décadas de antigüedad. Que viene del franquismo y de una Europa que aún nos mira como herederos del franquismo y de sus ideas. Y les pongo el ejemplo de Francia y ETA, de un país que no sólo ha acogido y protegido a los terroristas de ETA hasta su final, sino que acaba de erigir en una de sus ciudades, Bayona, un monumento de simpatías etarras. Porque décadas de crímenes terroristas a treinta kilómetros y plena democracia no les han sido suficientes para la comprensión del fenómeno etarra. Pero nuestro problema europeo quizá no sería tan grave si no estuviera acompañado de nuestro complejo interior, ese según el cual aquello que viene del resto de Europa Occidental y, además, es de izquierdas, tiene un plus de modernidad y de sofisticación democrática. Por ejemplo, Manuel Valls. La oferta de Ciudadanos a Valls para que sea su candidato a la alcaldía de Barcelona, ¿es una ejemplo de cosmopolitismo y de europeísmo? ¿O un reflejo de la España acomplejada que admira en el francés Valls lo que rechaza en un político español? A mí me gustan la biografía de Valls y su labor tantas veces a contracorriente como ministro del Interior y después jefe de Gobierno de Hollande. Pero difícilmente encaja en las ideas que Ciudadanos defiende en España, las que están en el núcleo de su propuesta de alternativa al PP. Sobre todo, aquello del rechazo a la vieja política y a los políticos con mucho pasado o profesionales de la política. Y Valls es todo eso, al menos tanto como Mariano Rajoy. Valls entró en política a los 24 años, y, desde entonces, jamás la dejó, lo que a mí me parece muy respetable, pero no a los líderes de Ciudadanos. Es un representante puro de lo que consideran la vieja política y los viejos partidos. Pero, además, si finalmente acepta la propuesta de Cs, lo hará tras haber fracasado no sólo como parte del Gobierno de Hollande, sino en el Partido Socialista, en las primarias de hace poco más de un año, en las que fue derrotado por Benoît Hamon. Ni siquiera se considera liberal o postideológico, en la línea de Ciudadanos, un partido que aspira a hacerse con el voto de la derecha sociológica española. Hace tan sólo un año, Valls afirmó en relación con su partido, el PS, que porque soy un hombre de izquierdas y porque sigo siendo socialista no voy a renegar de mis treinta años de compromiso Lo hizo cuando se presentó de candidato a la Asamblea Nacional, y hasta que unas semanas más tarde dejó su partido para integrarse en el LRM de Macron, más bien porque fue el PS quien le dejó a él, como manifestó aquellos días: Dejo el Partido Socialista, o el Partido Socialista me deja a mí Pero es precisamente esa marca de izquierdas la que le ha dado tanta popularidad en sus discursos en Cataluña contra el independentismo. Francés, y, además, de izquierdas, el colmo de la credibilidad para la España acomplejada. De ahí que aquello de que este nacionalismo es la guerra que dijo en marzo en Barcelona fuera ampliamente aplaudido, cuando frases bastante menos agresivas de españoles tan ilustres como Valls pero de derechas han sido calificadas de poco menos que fascistas. Porque, cuarenta años después, la ministra socialista de Alemania aún no se cree del todo la democracia española, pero tampoco algunos españoles.