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10 OPINIÓN PECADOS CAPITALES PUEBLA JUEVES, 12 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion ABC MAYTE ALCARAZ A QUIÉN LE IMPORTA Cifuentes se irá no en nombre de la decencia sino de la estrategia C RISTINA Cifuentes se irá. Si no es hoy, será mañana y si no, pasado. No la echará Rajoy ni Rivera ni la noble sociedad madrileña ni la decencia pública, defendida hoy bochornosamente por algunos políticos cuyas biografías, ejecutorias y reputación solo sobreviven en el lado oscuro gracias a que nadie ha sentido la necesidad de prender el interruptor. Que se encienda esa luz en un futuro no dependerá desgraciadamente de la vocación de regenerar la vida pública ni siquiera de la gravedad de la falta. Ojalá fuera así también en el caso de la presidenta de Madrid, a la que sus propios errores hubieran sentenciado. Dependerá de los muertos que se haya dejado vivos, de la factura del callista que hayan tenido que pagar las vanidades heridas y de los altavoces mediáticos que voceen el pescado podrido. Cifuentes se irá. Pero, no nos engañemos, no se irá por el daño hecho a la sociedad. Si esa fuera la justa vara de medir, la presidenta andaluza no tendría el apoyo de un partido que solo busca la limpieza política. Ni Errejón estaría preparando su ajuar para pugnar por la Comunidad de Madrid. Ni Espinar sesteando en el Senado tras disfrutar de un piso público vendido a precio de mercado. Escándalos todos que no despertaron el interés de las televisiones ni dispararon el share como el caso Cifuentes O el caso Soria De todos ellos la prensa seria informó pero solo algunos prendieron en las escaletas televisivas, disparando la curva de audiencia, gracias a que la carne de corrupto si es de derechas siempre es más magra para comer, frente a la tele, con cuchillo y tenedor. Cifuentes se irá. Pero no (solo) por lo que ha hecho. Cifuentes se irá porque Albert Rivera ha calculado que para sus intereses electorales le conviene dejarla caer sin despeinarse en una moción de censura; o se irá porque el PP quiere que Ciudadanos les haga parte del discurso pactando con la izquierda y propiciando que retorne una porción del voto que se le fugó al partido naranja; o se irá porque Sánchez quiere hacerle una campaña exprés a Gabilondo a un año de las elecciones; o se irá porque a Podemos le estimula ver a los socialistas genuflexos en la primera moción de censura de la izquierda. Con esas cábalas, a quién le importa el principal objetivo, la decencia política, frente a las luces cortas de los partidos. Y para qué hablar de la Universidad, la gran damnificada. Mi padre soñaba con que yo estudiase en la Universidad. Era el arcano, la solución a todos los problemas en casa del obrero. Saber que los hijos íbamos a alcanzar un nivel educativo superior, era la llave que nos abriría la puerta del paraíso, la revocación del destino familiar. Pisar la Universidad fue para mí una reivindicación del sueño paterno, la reafirmación de que las utopías existen. Por eso, ese retrato sucio y malbaratado de la universidad que se está dibujando ha maltrecho ese amor angelical por ella que mantienen nuestros mayores y que nos hizo pisar con orgullo las aulas, el campus y sobre todo la cafetería, donde tantas fantasías de juventud nacieron entre cafés y menús grasientos. Pero eso, como la decencia política, a quién le importa. CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC DOS MODELOS ¿Qué resultó de esa caridad de bandolero? Lo previsible: Andalucía ha perdido el tren de la economía moderna U NA presidenta autónoma, en Madrid, obtiene mediante fraude un ridículo diploma universitario: basta eso para que esté políticamente muerta. Y bien está. Es un signo de la salud moral de la salud mental, sin más de los ciudadanos madrileños no perdonar que un poderoso les tome el pelo. Aunque no haya robado un céntimo. El dinero, en materia de corrupción, potencia el envilecimiento. Pero la corrupción no nace directamente del dinero. Exige una torcedura del recto juicio, sin la cual saberse un ladrón sería muy insoportable. Antes de robar, es necesario generar un clima ético como estético de indiferencia hacia lo verdadero. Dicen los clásicos que corromper el lenguaje es la raíz de todas las corrupciones. Cualquier cosa valdrá para quien impone, a su medida, sentido a las palabras: aquel que borró las lindes entre verdadero y falso está exento de cualquier remordimiento. También del de robar. Pero no es lo mismo dar este último paso que no darlo. En Andalucía, el paso fue dado desde el inicio de esto a lo cual llamamos Estado de las Autonomías. Y que allá abajo no fue nunca otra cosa que Estado del robo. Desde el inicio mismo. La España democrática nacía con muchas rémoras: desiguales desarrollos económicos, resentimientos políticos nunca cicatrizados... De los primeros podía derivarse una hostilidad entre regiones, cuya última consecuencia estamos pagando ahora. De los segundos, un uso sectario de la política como machete con el que deslindar los míos de los otros En Andalucía, la doble desigualdad se conjugaba con pureza de laboratorio. Nadie pareció pensar lo peligroso que era explotar ese drama para hacer de él crisol de votos. El PSOE es un monopartido imperfecto en Andalucía. En donde su régimen vence ya en longevidad al de la dictadura. Su control es total: desde las instituciones autonómicas hasta los sindicatos, pasando por coimas empresariales y bancarias. Porque un control así de hermético no puede ser puesto en pie sin repartir mucho dinero. Desde el primer día. Hasta hoy. ¿De dónde podían salir los miles de millones que, a lo largo de estos cuatro decenios, vinieron alimentando una bolsa de votos que no lo era sólo a efectos locales, que movía decisivamente el equilibrio electoral en toda España? De Europa, sobre todo: de los inmensos fondos con que Europa planificaba financiar una homogeneidad de territorios sobre la cual la UE pudiera alzar su proyecto de país federal único a medio plazo. Desde el PER hasta los ERE, no hubo un céntimo de ese maná que no acabase por pagar los votos del omnímodo poder que lo repartía entre esos ciudadanos cada vez más condenados a vivir, o bien de la limosna de la Junta o bien de nada. Y no hay limosna en esta vida que no se pague. Carísima, en política. Un exceso de confianza en su impunidad hace que dos de esos todopoderosos presidentes socialistas, Griñán y Chaves, deban ahora sentarse en el banquillo. Con la vergüenza ante los ojos de tener que justificar lo injustificable: el reparto de esa fortuna entre amiguetes; o entre siervos, a cambio de una papeleta. ¿Qué resultó de esa caridad de bandolero? Lo previsible: Andalucía ha perdido el tren de la economía moderna, al cual el resto de España se subió hace mucho. Y continúa votando por su servidumbre. No tiene otra cosa. El ciudadano madrileño puede decapitar a una presidenta que exhibe títulos falsos. El andaluz se aferra a dirigentes corruptos, de cuyas migajas vive. Aunque ese vivir sea apenas supervivencia.