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ABC SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2018 abc. es espana ESPAÑA 25 PINCHO DE TORTILLA Y CAÑA POR LUIS HERRERO LA HORA FÚNEBRE ay una regla implacable en política que coloca a Cristina Cifuentes en una situación insostenible: Así es si así os parece Y lo que parece es que la presidenta madrileña, durante el relato de sus peripecias posgrado en la Rey Juan Carlos, ha bordeado la mentira si es que no la ha abrazado con pasión. Durante la comparecencia parlamentaria del pasado miércoles dijo que había defendido el trabajo de fin de máster de forma presencial en el campus de Vicálvaro a las cuatro de la tarde del 2 de julio de 2012 durante diez o quince minutos. Decía mi admirado Santiago Amón que para hacer creíble una mentira era preciso datarla, ubicarla y justificarla. A la hora de excusar una ausencia no es lo mismo decir estuve en el cine que fui al Palafox, a la sesión de siete, a ver Mogambo La segunda versión suena indubitable y pasará por buena ante cualquier auditorio, siempre que no llegue a oídos de alguien que sepa que Mogambo no está en la cartelera. La película que Cifuentes fue a ver a Vicálvaro el dos de julio de 2012 a las 4 de la tarde no estaba. El H jueves, una de las profesoras negó que el acto académico hubiera tenido lugar. Ella nunca estuvo allí. Alguien falsificó su firma. Luego supimos que la falsificación, burda y mal garabateada, fue el resultado de una decisión desdichada. Una profesora pintarrajeó las rúbricas de dos colegas siguiendo las instrucciones del director del máster. El plan consistía en improvisar un acta que avalara las explicaciones que estaba esgrimiendo la presidenta para salir del lío. Cuando se descubrió el pastel, la mentira se quedó sin recorrido y fue el rector, ayer viernes, quien le dio una vuelta de tuerca a la versión de la profesora: Ni consta el acta de presentación del trabajo de fin de máster en el servicio de posgrado de la Universidad ni se puede acreditar que haya defendido este trabajo ante un tribunal En medio de este tufo no hay nadie juicioso que no acabe pellizcándose la nariz. La historia hiede a engaños múltiples. El pecado de mayor cuantía de Cifuentes no es el de haber cursado un máster en condiciones ventajosas (algo que por otra parte está al alcance de muchos, políticos o no) sino el de haber fal- tado a la verdad en sede parlamentaria. Ella todavía sostiene que los hechos de fondo son ciertos (cursó el máster, lo aprobó y redactó el trabajo correspondiente) y se niega a dimitir porque hacerlo dijo ayer en Sevilla equivaldría a admitir que actuó de forma deshonrosa. Se equivoca en todo. Aunque los hechos de fondo fueran ciertos, lo cual ya es mucho suponer, la manera de acreditarlos es infame. No se puede defender la verdad con la mentira. Y en cuanto al asunto de la honra, ¿no es ya bastante deshonroso de por sí permitir que terceras personas se jueguen la suya falsificando firmas y liquidar la cuestión cargándoles el muerto? ¿Alguien se cree que si no hubiera estado en juego el futuro político de la presidenta autonómica, la Universidad Rey Juan Carlos se hubiera prestado al bochornoso juego de Cristina Cifuentes falsificar las pruebas? Estos tres datos son irrefutables: ha habido crimen (falsificaciones y mentiras) el crimen se perpetró para beneficiar a Cifuentes (se trataba de avalar sus explicaciones públicas) y todos los indicios racionales de criminalidad la señalan a ella en calidad de inductora. ¿O es que no pidió que le echaran una mano para salir airosa del apuro? Así es si así os parece Los mismos hipócritas que le dan palmaditas de ánimo en la espalda cuando se cruzan con ella en la Convención de Sevilla musitan palabras fúnebres cuando se alejan. Pincho de tortilla y caña a que Rajoy la dejará caer cuando la presión interna se haga insostenible. Y al ritmo que vamos, no falta mucho. Todo sufrimiento es estéril si no sirve para traer redención o esperanza. Cada minuto de más de Cristina Cifuentes en la presidencia madrileña es un tributo masoquista.