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ABC SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Carles Puigdemont abandona, ayer, el centro penitenciario de Neumünster, al norte de Alemania AFP Puigdemont, en libertad Somos lo que defendemos SALVADOR SOSTRES Puigdemont es la prueba de que cuando se legisla para proteger a los malos, al final los malos ganan. Las legislaciones europeas, tan garantistas, son una cueva para golpistas y delincuentes. La compasión está en la base de la civilización cristiana (que es la única que existe, y adquirimos la fuerza de lo que conquistamos) pero en nombre de este buenismo tan emocional como estéril, y que nos condena a un plus de intemperie, hemos confundido el confortar a quien yerra con la justificación del pecado. Que Puigdemont esté hoy en libertad demuestra la fragilidad de las soberanías nacionales, de la protección que los Estados tendrían que procurarse entre ellos especialmente los de la Unión Europea y de la razón jerárquica que delimita que lo contrario de la libertad no es la tiranía, sino el caos. La precariedad intelectual que nos ha traído la corrección política, medioambientalista y feminizante, nos distrae de las categorías fuertes sobre las que cualquier idea de orden necesita sustentarse: si la Unión Europea en su conjunto, y en sus distintas particularidades estatales, no puede claramente juzgar a Puigdemont por los tan obvios y gravísimos delitos que ha cometido, el problema no lo tiene España, ni el juez Llarena, ni el delito de rebelión, ni siquiera el alzamiento en toda regla de Puigdemont, sino más bien una Unión resbaladiza, meliflua, desdibujada en lo que se supone que son sus propósitos y más preocupada de sus prejuicios que de defender los principios esenciales de su supervivencia. La noticia de que el juez Llarena va a pelear con la Justicia alemana la decisión de su magistrada regional es una buena noticia no hay mal que por bien no venga y favorece la esperanza en que los estados asuman sus causas y las luchen hasta que la Unión Europea vuelva a defender sus principios fundacionales y deje de esconderse de sus enemigos como si la paz fuera rendirse y no proteger la vida libre y digna de los que pretenden hacernos creer que la rendición es una forma de tranquilidad. Los años irresponsables según sentencia de Valentí Puig han llegado al fondo de sí mismos, y si un nuevo vigor no nos hace resurgir, el degradante populismo de la dictadura de los débiles se nos llevará por delante hasta arrasarnos. Por decirlo al modo implacable de Hermann vale más que despertemos como israelíes que no nos acabe quedando más remedio que quejarnos como palestinos. Somos lo que defendemos. ESPAÑA