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28 INTERNACIONAL LUNES, 2 DE ABRIL DE 2018 abc. es internacional ABC La intervención de Putin en Siria, la guerra comercial entre Trump y Xi o el sultanato de Erdogan muestran cómo el mundo se enfrenta a los líderes más autoritarios desde el siglo XX Campeones de la testosterona VLADÍMIR PUTIN EL maestro El presidente ruso se ha convertido en el modelo a imitar por los campeones de la testosterona. Intenta exportar su estilo al mundo entero. Levanta la admiración desde Erdogan a Donald Trump. ERDOGAN Patriarcado islamista Modélico de lo que por estos pagos algunos denominarían el patriarcado heterosexual Fue un eficaz primer ministro, hasta que cayó bajo el influjo del putinismo cuando se vio al borde del abismo. El liderazgo de los machos alfa ALBERTO SOTILLO MADRID E n la antigua URSS había un género cinematográfico sin par en el resto del mundo. Eran las películas sobre heroicos agentes del KGB. Sujetos pulcros, repeinados, envarados, puritanos, abstemios, pero infalibles para deshacer inicuas conspiraciones internacionales, que carecían del menor escrúpulo cuando se trataba de aniquilar a los enemigos de clase y a quienes osasen amenazar a la madre patria A menudo parece como si el presidente ruso, Vladímir Putin, veterano pero mediocre exagente del KGB, hubiera tomado como modelo de conducta a aquellos héroes desfasados. El 31 de diciembre de 1999 Boris Yeltsin presentó su dimisión y dio el campanazo presentando como su sucesor al callado y solitario Putin, su jefe del Servicio Federal de Seguridad, el nuevo KGB. Ese mismo día, Putin lanzó su primera advertencia: Quiero subrayar que ni por un minuto en el país habrá un vacío de poder y las autoridades cortarán de raíz cualquier intento de quebrantar la legislación Quienes conocieran la biografía de Putin tal vez recordaran entonces los tiempos en los que este aprendió a pelear a cabezazos con los matones de su barrio de Leningrado. Si alguien le insultaba de la forma que fuese, Volodia se le lanzaba encima inmediatamente, le arañaba, le mordía y le arrancaba el pelo a mechones, era capaz de cualquier cosa con tal de no permitir que nadie lo humillase recuerda Viktor Borisenko, un amigo de infancia del presidente ruso. El propio Putin alardeó de sus inclinaciones peleonas, cuando recordó por qué fue expulsado de los Pioneros del Partido: Yo no era un pionero. Era un gamberro... un matón Nada más tomar posesión de la presidencia, Putin lanzó una fiera ofensiva contra los independentistas chechenos. Según la ONG Memorial, ahí murieron unos 20.000 civiles. Pero ese es un curioso conflicto en el que las fuentes oficiales elevan el número de muertos a cifras astronómicas: entre 150.000 y 200.000 en las dos guerras. Como si quisieran dejar bien impreso en la memoria de los rusos el baño de sangre con el que saldó la rebelión. Putin no es un demócrata ni desea serlo. Encarcela y humilla a la oposición, y no tiene el menor interés en jugar limpio con quien le lleva la contraria en su país. Pero es muy probable que hubiese ganado sin problemas varias elecciones. A su manera, Yeltsin intentó civilizar a Rusia y acercarla a Europa. Pero se vio desbordado por el apocalipsis que sucedió al derrumbe de la URSS. La economía entró en una recesión en espiral, las ciudades- fábrica creadas por Stalin cerraban por quiebra, la sublevación de Chechenia amenazaba con romper la Federación Rusa en mil pedazos y la privatización de la economía se convirtió en una guerra a tiro limpio de magnates con aires de gangsters, surgidos muchos de ellos de la mafia del Partido Comunista de la URSS. Putin se convirtió entonces en modelo de macho alfa de la política, bajo el que a veces las sociedades se guarecen cuando se sienten inseguras, ven amenazada su identidad, su integridad territorial o sus garantías de ir tirando en la cotidiana lucha por la vida. Fascinación Putin creó escuela y aún hoy es modelo de aprendices de autócratas como el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Este humilde hijo de un guardacostas, que de joven se ganó la vida vendiendo limonada y rosquillas de sésamo se sintió fascinado por la testosterona política del presidente ruso en los momentos más difíciles de su Gobierno. Erdogan fue al principio un primer ministro pragmático que imprimió a su país un vigoroso crecimiento económico y lo dejó irreconocible con la modernización de carreteras y construcción de hospitales y barrios de negocios. Luego apostó por la Primavera Árabe, y perdió. Se le vio llorar cuando encarcelaron al expresidente egipcio, el islamista Mohamed Mursi. Apostó por buscar un entendimiento con los kurdos, y perdió. Buscó un cambio de régimen en Siria, y volvió a perder. Siempre fue bastante reaccionario: lo que algunos definirían como un líder del patriarcado heterosexual. Intentó penalizar el adulterio y crear zonas libres de alcohol (no pudo) Condenó el feminismo y el control de natalidad y nunca creyó en las relaciones de igual- dad entre hombres y mujeres. Pero mantuvo las formas democráticas, hasta que se vio acosado por el terrorismo de Daesh y del secesionismo kurdo y a punto de ser derrotado en Siria. Entonces llegó el frustrado golpe de estado. Y ahí fue cuando se le subió a la cabeza el apelativo de Sultán se volvió hacia el maestro Putin (un viejo enemigo, pero pelillos a la mar) y descubrió las ventajas de la autocracia. Se cree un líder indispensable para su país y a nadie le caben dudas de que jamás se va a apear del poder. Fracaso de Tahrir El caso de Erdogan subraya las dificultades de democratización de los países musulmanes. Y el del presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, aún mucho más. Al Sisi llegó al poder dando un golpe de estado contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes, elegido libremente en las urnas. Pero hay que reconocer que se lo pusieron fácil. La Hermandad acometió una reforma de la Constitución sin contar con el consenso de los jóve- Putin, el gamberro El propio Putin reconoció que le expulsaron de los Pioneros Comunistas por matón y gamberro Arrojado desde un helicóptero Duterte ha alardeado de arrojar al vacío desde un helicóptero a uno de sus odiados narcotraficantes