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ABC LUNES, 2 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN EL MUY LEAL PNV, CON LOS GOLPISTAS Ortuzar dice exactamente lo mismo que Puigdemont. De nada ha servido el cuponazo pactado con Rajoy en 2017 H AN sido inútiles las prebendas destinadas a hacer realidad lo que tanto desearía el PP: que el PNV fuese leal a un gobierno de España. Inútiles han sido también los halagos. Tanto las buenas palabras como el cuantioso dinero ofrendados desde Madrid han fracasado estrepitosamente ante el sentimiento antiespañol que habita en lo más profundo de su ser político. Por mucho empeño que haya puesto Mariano Rajoy en seducirles, los nacionalistas vascos siguen a lo suyo, mucho más cerca del golpismo catalán que de la Constitución democrática. Lo demostró una vez más ayer su presidente, Andoni Ortuzar, con la diatriba lanzada desde el púlpito que le brinda cada domingo de Pascua la celebración del Aberri Eguna. El día de la patria vasca, se sobreentiende. Nuestra posición es clara y es una posición de principios bramó el sucesor de Arzalluz Con el 155 no jugamos... No queremos gente en la cárcel por defender ideas políticas... Queremos que los autogobiernos catalán y vasco estén exclusivamente en manos de sus legítimos representantes... No queremos que sean los jueces quienes, por encima de la voluntad popular, decidan quién puede gobernar y quién no O sea, exactamente lo mismo que dicen Carles Puigdemont y sus secuaces golpistas. Idéntico discurso, idéntico desprecio por las reglas de la democracia, idéntico empeño en ignorar la separación de poderes propia de un Estado de Derecho, idéntica demagogia. Lo único que varía es la estrategia momentánea, toda vez que el separatismo catalán ha asumido la vanguardia del movimiento rupturista mientras que el vasco permanece en retaguardia. No hace mucho era a la inversa y no es descartable que vuelva a serlo. Uno y otro comparten un mismo afán que prevalece sobre cualquier diferencia: el anhelo de romper España. Como suele ser habitual en ese mitin sabiniano celebrado últimamente en Bilbao (si mi padre y mi abuelo levantaran la cabeza, se volverían a morir de pena) el líder del partido asumió el papel de agitador, cediendo al lehendakari Urkullu el de gestor moderado. Ser vasco es ser europeo proclamó desde la tribuna este último, saltándose el escalón español sin el cual tal afirmación constituye un burdo engaño Luego reconoció que su objetivo es conseguir de la Unión Europea el respaldo necesario para que las comunidades políticas puedan consultar a su ciudadanía en un referéndum legal y pactado Dicho de otro modo, blanquear lo que ahora, según el marco legal vigente en la mayoría de los países, constituye un delito de sedición. En vano se empeñan los populares en distinguir entre el PNV y Ezquerra Republicana, Junts per Cataluña o las CUP. Son todos cuña de la misma madera. Aceptarán lo que se les dé, como ese! cuponazo infame acordado el año pasado con la oposición de Ciudadanos, convertido ahora en blanco de sus más feroces ataques. Cogerán la bolsa sin renunciar a la vida; esto es, sin alterar un ápice sus exigencias ni aceptar que forman parte de una nación única e indisoluble. No rechazarán los privilegios derivados de supuestos fueros históricos inherentes a su pertenencia a España, gracias a los cuales un ciudadano vasco dispone de 4.600 euros de financiación mientras que un madrileño ha de conformarse con 1.800. Verán con agrado que Madrid aporte 19.000 millones anuales a la caja de solidaridad y Euskadi reciba de ella más de 3.000. Incluso es posible que lleguen a respaldar con sus votos unos presupuestos, siempre que se les pague lo que pidan. De ahí a considerarlos leales dista un abismo ético que ningún español demócrata debería atreverse a cruzar. IGNACIO CAMACHO DE ESPECULACIONES Y OTROS PASATIEMPOS Huele a fin de ciclo pero Rajoy no convertirá su sucesión en un circo. Cuando dices que te vas ya te has ido A forma más eficaz de atornillar en el cargo a Rajoy consiste en especular sobre su despedida. Sin embargo el Madrid del poder, el de la industria de la conspiración, lleva semanas dedicado a ello, quizá como pasatiempo para entretener una legislatura yerma en la que el Gobierno no puede gobernar y la oposición no tiene alternativa. Una cosa es segura: cualquiera que sea su plan, lo tenga o no pensado, el presidente no se irá ni porque ni cuando se lo pidan. De todas las resoluciones que está a su alcance adoptar, ésa es la que pertenece a su esfera más hermética, intransferible e íntima. Y ningún hombre acostumbrado al poder renuncia a esa franquicia. Es cierto que huele a fin de ciclo. Pero precisamente por eso, porque el Gabinete está colapsado y el PP en flagrante estado de desorientación y zozobra, Rajoy no va a abrir ahora el debate del posmarianismo. Vivió en carne propia el famoso hipódromo de la sucesión de Aznar y sabe el daño que aquel conciliábulo de apuestas le hizo al partido. Aunque en algún momento tendrá que tomar, si no lo ha hecho ya, una decisión sobre sí mismo, no está dispuesto a que el proceso de un probable relevo se convierta en un circo. En política, como en el resto de la vida, cuando dices que te vas ya te has ido. Lo que sugiere la lógica es que éste sea, si logra extenderlo hasta finales de 2019, su último mandato. Eso supone, contando con la larga etapa en funciones, un total de ocho años, el período estándar de un liderazgo. Cosa distinta podría suceder si se viese en la necesidad de acortarlo, asfixiado por la falta de acuerdos presupuestarios. Nadie está en condiciones de adivinar qué ocurriría en ese caso. Por un lado, ante unas elecciones anticipadas y sin tiempo para remontar unas circunstancias claramente adversas, el presidente sentiría sin duda la tentación de posponer el recambio, incluso para asumir en persona el presentido fracaso. Y en sentido contrario, las malas perspectivas y el desgaste acumulado estimularían en el electorado clásico del PP la reclamación de un nuevo candidato. Sea como fuere, el presidente tendrá que asumir en el plano partidista un legado antipático: la fractura del centro- derecha, la partición electoral de la casa común del voto moderado. Eso ya es un hecho al margen de cuál sea la verdadera proyección del actual auge de Ciudadanos. El conflicto de Cataluña ha provocado un corrimiento de tierras del que el Gobierno ha salido lisiado. Entre sus sectores de apoyo se ha producido una quiebra de confianza, un malestar palmario, y ahora existe en su mismo espectro ideológico una fuerza pujante en disposición de aprovechar ese desencanto. La clave del futuro marianista reside en las opciones que Rajoy crea tener para revertir siquiera en parte el previsible descalabro. Y la única certeza es que nadie logrará que anuncie su conclusión por adelantado. L JM NIETO Fe de ratas