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54 CULTURA DOMINGO, 1 DE ABRIL DE 2018 abc. es cultura ABC El autor... Almudena de Arteaga UNA VIDA DE NOVELA 1540. Bautizada como Juana de Silva, que cambiará por Ana de Mendoza. 1553. Se casa con Ruy Gómez Silva, secretario de Felipe II. Al no tener edad para consumar, se quedará en casa de su padre unos años. 1553. Ese año queda tuerta en un accidente de esgrima. Consuma el matrimonio en 1558, cuando Ruy vuelve de Inglaterra. 1572. Ruy Gómez Silva es agraciado por el Rey con el título de duque de Pastrana, pero morirá al año siguiente, en 1573. 1573. Embarazada de cinco meses, ingresa en el convento de Pastrana. Su carácter lleva a las monjas a marcharse. Almudena de Arteaga hizo justicia a la princesa de Éboli en su novela (Martínez Roca, 1998) En el mundo de las fake news y las redes reivindica a uno de los personajes más vilipendiados de nuestra historia La princesa de Éboli, la mujer que resume el siglo de Oro ALMUDENA DE ARTEAGA H ace veinte años que doña Ana de Mendoza y de la Cerda me brindó la oportunidad de colgar la toga para dedicarme en exclusiva a la literatura. ¡Cómo no va a ser mi personaje preferido, de entre todos los que he tratado en estas dos décadas! Esta bisnieta del marqués de Santillana, el poeta, nieta del cardenal Mendoza, sobrina del duque del Infantado e hija del marqués del Cenete, fue descrita por sus cronistas contemporáneos, según el pie del que cojeasen, como una joya engastada en tantos y reales esmaltes de la naturaleza y de la fortuna, como una mujer hermosa, aunque tuerta, pequeña y encantadora, menuda y con propensión al habla desgarrada y populachera hasta en las Cartas; o como la levadura de la masa en el asesinato de Escobedo. Y es que es sabido que toda persona importante suele tener tantos aduladores como detractores. Doña Ana de Mendoza y de la Cerda englobó a casi todas las mujeres del Siglo de Oro español en un solo cuerpo. Madre de diez hijos y esposa devota, también fue monja al enviudar, amante, presidiaria, carne de destierro y, por último, la cabeza de turco que acabó cumpliendo cadena perpetua por un asesinato mientras el verdadero culpable escapaba de la justicia. Una historia de apasionantes verdades que, siglos después de su muerte, fueron desvirtuándose de la mano de algunos artistas decididos a recuperarla del ostracismo en que andaba sumida para vilipendiarla en la recreación de sus obras. Voltaire en su Henriada fue el primero que insinuó sus amores con Felipe II, sin fundamento alguno, quizá Antes se manipulaban las historias con sumo arte; hoy, en cambio, el ingenio para deformar la realidad precisa de mucha menos perspicacia. Quizá fue preciLos príncipes de Éboli, en la Colegiata de Pastrana samente por aquello por lo me decidí a inbuscando una similitud con Luis de tentar limpiar la imagen de la princeMaugiron, sin más, pero ya estaba es- sa de Éboli. Era una antepasada mía crito. Tan solo hizo falta que, un tiem- que me parecía fascinante. La ponía po después, Giuseppe Verdi decidiese cara desde niña por el retrato de ella rescatar estos inventados amores de que Sánchez Coello le pintó y que mi ficción en el drama de Schiller para abuelo tenía colgado en su salón. plasmarlos en su ópera de Don Carlos con tanta ficción poética que ni La tuerta engolada siquiera Antonio Pérez aparece en la Cada vez que la observaba, la tuerta vida de doña Ana. engolada me trepanaba con su único ¿Les suena? ¿Creen de verdad que ojo visible, tal y como debió de hacer una mancha de mora roja con otra ver- en vida con sus interlocutores. de se quita? ¡Que injusto nuestro diPensé que aquella intrigante mujer cho de cuando el río suena agua lleva! tenía derecho a defenderse de todos esos ataques en primera persona, y yo Calumnias escritas mil veces la ayudaría. Claramente seductora, coHoy más que nunca, las calumnias es- queta, caprichosa y sobre todo imprucritas mil veces acaban por convertir- dente, debía de esconder mucho más se en verdades como puños para los de lo que hasta entonces se había pumás ingenuos. Ahora las redes socia- blicado sobre ella. les, como cualquier arma propaganMe dispuse entonces a bucear en los dística mal utilizada, son ametrallado- archivos para profundizar en sus paras de embustes de lo más potentes. A siones, algo que nadie había logrado mi juicio, tan solo existe una diferen- en los ensayos publicados al respecto. cia entre las mentiras del ayer y del hoy. En 1846, Mignet publicó la causa segui- da contra Antonio Pérez en su obra titulada Antonio Pérez y Felipe II El marqués de Pidal, en el XIX, dedicó uno de sus capítulos a las alteraciones en Aragón a los celos de Felipe II por los amores entre la princesa y Pérez, y Gaspar Muro en 1877 fue el primero en dedicar un ensayo en exclusiva a doña Ana. En él, reproducía cartas de su puño y letra que rompían con la desvirtuada imagen que de ella se venía forjando desde hacía dos siglos. El género epistolar es el que más logra desnudar al personaje y es en estas cartas en las que más me centré.