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ABC DOMINGO, 1 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIDAS EJEMPLARES ALGO TRAE EL POTOMAC ÁLVARO VARGAS LLOSA ESPAÑA, 6; ARGENTINA, 1 El fútbol argentino necesita que las partes más aventajadas de la nueva Argentina lo arrastren hacia delante L A paliza que le propinó España a Argentina hace pocos días desmiente la idea de que el fútbol refleja el momento político, económico y social de un país. No digo que no pueda reflejarlo, sólo que también puede representar un momento, incluso una tendencia, diferente de la que el país está experimentando. La selección española no refleja la España de hoy sino la de anteayer, y quizás una España de pasado mañana. La selección argentina, en cambio, refleja una Argentina de ayer. Así, ambas selecciones irían a destiempo de sus países. Pero en el caso de la selección española armoniosa, acompasada, engranada, un delicado equilibrio entre la imaginación y el orden en el que el todo suma más que las partes el destiempo entre el fútbol y la sociedad tiene que ver con el hecho de que aquel se parece a una España que ya no existe, la de la Transición universalmente admirada, y prefigura una España en paz consigo misma, con ideas claras y un sentido del norte que tal vez vuelva a existir en el futuro. El caso argentino es distinto. El destiempo no refleja un pasado que va quedando lejano sino uno tan reciente que es casi presente: el del populismo que la Argentina de Macri intenta superar pero que sigue incordiando los planes de cambio de una (relativa) mayoría que quiere volver a ser el primer mundo que sus bisabuelos alguna vez fueron. La Leo Messi selección argentina, como el populismo, depende de un caudillo: de allí que la ausencia de Messi, lesionado, fuera devastadora para el equipo que se enfrentó a España en el Wanda Metropolitano. Pero ¿habría ganado Argentina con Messi? Seguramente no. Porque no es un equipo sino un pelmazo de individualidades tan aplastadas unas con otras que la suma de talentos individuales en lugar de producir un todo cualitativamente superior acaba por anular los esfuerzos. El populismo que imperó hasta ayer en Argentina era eso: una interferencia que enemistaba a unos argentinos con otros, que hacía que las iniciativas privadas se neutralizaran entre sí por creativos que fueran los ciudadanos que las emprendían, que desorientaba y desmoralizaba a la sociedad. Pero esa no es la Argentina de hoy, es la del recientísimo ayer. Sólo que a la selección, desfasada de la nueva Argentina que intenta salir del aturdimiento populista y ordenarse, no le ha llegado el memorándum. Es lógico que así sea. El tránsito del subdesarrollo al desarrollo no ocurre nunca de forma simultánea en todos los órdenes. Sucede de forma inorgánica, a medida que unas partes van tirando retardadamente de otras. El fútbol argentino necesita que las partes más aventajadas de la nueva Argentina lo arrastren hacia delante. Pero, atención: no es muy distinto lo que ocurre en España, sólo que al revés. De un tiempo a esta parte, España se ha ido subdesarrollando en términos políticos. Su desarrollo es tan superior al de los países que conocemos como subdesarrollados que hablar de subdesarrollo en su caso suena raro. Pero todo es cuestión de grados. Que España sea bastante más desarrollada que Argentina no significa que, en términos políticos, la España de hoy no esté varios peldaños por debajo, en la escala del desarrollo, de sus mejores días. El dato curioso, pues, pensando en el partido del 6- 1, es que es el fútbol español mejor aún: la idea que proyecta el excelso fútbol español la que debe arrastrar a otras partes de España hacia un nuevo desarrollo. Por eso decía que el partido del otro día nos enseñaba acerca de España algo similar a lo de Argentina, pero al revés. LUIS VENTOSO POLÍTICOS ANALÓGICOS Afrontan los retos del siglo XXI con reflejos caducos del siglo O Su vigencia es plena. De derogar, nada de nada señala la carta. Aritmética española No dejan de llegar cartas a nuestra Redacción sobre la inconveniencia de recurrir a la terminología popularizada y prácticamente impuesta por los países anglosajones en determinadas disciplinas y, a su vez, en su eco periodístico. Desde Quito (Perú) nos escribe MAURICIO SEVILLA para recordarnos estas incongruencias lingüísticas. Acabo de ver comenta los reportajes escritos sobre la reciente goleada de España 6 a 1 a Argentina, y ¿qué creen? Otra vez los redactores de Deportes, por darse nota y tono o parecer de mundo ponen hattrick... Les cuento que en español es triplete o tripleta. ¿Qué les parece si a los jefes de Redacción (de Deportes, sobre todo) les avisamos esto, y que se enteren de cómo nació el término aquel, que surgió durante un Mundial de fútbol, cuando un goleador danés, me parece hacía el ademán de ponerse el sombrero de tres picos, típico de Flandes, un gesto que sacaron de una celebración en el rugby? Ya sabemos la historia... Ahora, usemos lo correcto. Yo vivo en Suramérica y me recabrea ver ese anglicismo ridículo, y ustedes en la mismísima España, madre y padre del español, van y usan la odiosa palabreja hattrick... Por favor que pase el acomplejamiento. Saludos y a por el idioma español Isco Alarcón Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. BAMA se reunió en febrero de 2011 con los líderes de todos los gigantes tecnológicos estadounidenses. Cada empresario podía formularle una pregunta. Pero cuando llegó el turno de Steve Jobs fue el propio Obama quien quiso plantearle una cuestión: ¿Qué se puede hacer para que volváis a fabricar el iPad en Estados Unidos? La respuesta de Jobs llegó en su línea, seca y clara: Presidente, esos empleos ya nunca volverán Cuando se produjo ese debate, Apple contaba con 20.000 trabajadores en EE. UU. y 43.000 en el extranjero. En los años cincuenta, General Motors generaba 400.000 empleos en su país y en los ochenta, General Electric mantenía cientos de miles. Obama, a pesar de su aroma de supuesta modernidad y del respaldo de los gurús liberales de Silicon Valley, era a la postre un hombre con mentalidad del siglo XX, un político analógico braceando en un océano digital que lo desbordaba. Ese hándicap lo comparten todos los presidentes occidentales. Nacieron en el mundo pre internet y no acaban de asumir que nuestras vidas se dirimen entre pantallas y algoritmos ininteligibles. Los síntomas del vuelco se agolpan. Anteayer se supo que los jóvenes británicos ya ven más Netflix, televisión de pago vía internet, que la BBC. Es decir, internet comienza a minar el larguísimo imperio de la televisión generalista, como antes centrifugó la salud económica de la prensa. Esta semana hemos sabido también que las cuentas de H M tiritan, porque el consumo de ropa está mutando. La anterior se destapó el uso orwelliano que Facebook hace de nuestra intimidad, que sirve para viciar las elecciones. Trump acaba de engancharse con Amazon. Acusa a la tienda virtual de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, de acabar con miles de pequeños comerciantes, de pagar pocos impuestos o ninguno y de utilizar al servicio postal como su chico de los recados Tiene razón. Se necesitan leyes que atajen el abuso monopolístico de esas compañías y su picaresca fiscal. ¿Pero qué consiguió con sus críticas? Amazon bajó en bolsa tras el rejón, pero al cierre ya estaba un 1,1 por encima. Trump detesta a Bezos debido a que el dueño de Amazon compró en su día The Washington Post formó una redacción de estrellas la gran prensa requiere periodistas experimentados, muy formados y bien pagados y se ha dedicado a vapulear al hoy presidente. Se apunta ahí otro problema: faltan editores clásicos, cuyo prioridad única sea la información. Bezos nunca será un editor fiable, porque sus intereses en Amazon marcan inevitablemente sus directrices. Trump era un promotor inmobiliario y un personaje televisivo, que da palos de ciego proteccionistas, desconcertado ante la gran disrupción digital. Rajoy es más analógico que un tenedor, su visión es la de un burgués de casino de mediados del siglo XX. La mentalidad de la izquierda española resulta más retro que un casete de El Fary. El mundo ha cambiado, pero los políticos no. Ahora el poder se llama Apple, Google, Amazon, Facebook y Microsoft, y el problema es que mandan sin necesidad de pasar por las urnas.