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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 23 DE MARZO DE 2018 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU CARLITOS Si lo que Puigdemont quería era ser tomado en serio como mártir, lo que tendría que haber hecho es quedarse en España y dar la cara ARA sentirse uno un exiliado respetable, tampoco hace falta constar en la lista de asuntos pendientes de las partidas de envenenadores rusos en Londongrado. Aquello que decía William Munny de que cada vez que veía un jinete acercarse creía que era alguien que venía a matarlo por algo que hizo en el pasado. Pero, hombre, aunque sólo sea para cultivar el fatalismo y la bizarría del hombre enfrentado a la maquinaria opresiva de un Estado culpable, qué menos que sufrir un respingo cuando suena el timbre a deshora por no estar seguro de que sea el lechero de Churchill. Veamos en qué situación deja esto a Puigdemont. Le suena el timbre a deshora mientras llueve en la morne plaine de Waterloo y resulta que no se trata ni de un envenenador ni de un lechero ilustrativo de las apacibles costumbres democráticas. Resulta que es Boadella con una tienda de campaña, un megáfono y una invitación a un encuentro entre próceres al más bajo nivel ¡Carlitos, sal! De todo, creo que lo peor es lo de Carlitos. Porque ahonda en el drama personal de un tipo que se sintió llamado a jugar un papel en la historia, que, como ocurre con los fanáticos, de todo puede recuperarse salvo de no ser tomado en serio, y que ahora sufre porque se da cuenta de que ya no es sino un inmenso hazmerreír del cual no quedará otra memoria que la relacionada con la mofa. Suponiendo que quede memoria porque las cosas seguirán su curso y de Carlitos, olvidado en Waterloo, apenas trascenderá una impresión remota como la que a veces se tiene de una canción que sonó un verano. Ha de ser frustrante: tanto daño infligido a una sociedad, tanto quebrantar la ley y soltar discursos pomposos, para luego no pasar de Carlitos o Puchi, el del pelo Beatle, el que sólo es molestado en su escondite de perseguido por el Gran Bufón español. En Los Soprano hay un gánster que explica a un rapero que sus canciones tienen poco éxito porque va de duro y de hijo del gueto pero jamás recibió un disparo. Se ofrece a pegárselo y, a partir de entonces, el artista remonta en ventas y le queda agradecido. No sé si esto puede inspirar a Carlitos para fabricarse un empaque de oprimido fingiendo un pequeño envenenamiento con mejillones pasados o un secuestro, a lo Bartolín, por parte de oscuros operadores de los servicios españoles. Una cosa como lo del fiscal Nisman pero con munición de fogueo, algo de lo que no nos podamos reír, propio de un exiliado fetén y de un auténtico enemigo del fascismo. Porque lo de hacerse acompañar por un escolta de atrezo no ha funcionado. En realidad, si lo que Puigdemont quería era ser tomado en serio como mártir y no convertirse en un chiste ambulante, lo que tendría que haber hecho es quedarse en España y dar la cara en los tribunales. Porque ese prestigio que pide se lo habría dado la cárcel, pero jamás una espantá de esas de las que un Carlos aparece degradado a Carlitos. Si es que no sale ni aunque lo rete Boadella, que para hacer kárate no está. P MONTECASSINO HERMANN EL CHANTAJE PERMANENTE Europa no puede acoger indefinidamente africanos sin estallar en un mar de violencia G RAN parte de la sociedad española se ha asustado al ver lo fácil que es organizar una turba enloquecida y destructiva de inmigrantes que arrase un barrio en pleno centro de una gran ciudad. En este caso de la capital del país que les ha dado todo lo que tienen desde que llegaron ilegalmente. Pese a haber llegado violando las leyes del país anfitrión y algunos con violencia en las fronteras de España, todos han recibido la asistencia sanitaria, la beneficencia, las redes sociales de apoyo, la hospitalidad de uno de los países menos racistas del mundo y, cuando tienen problemas con las leyes, en vez de ser deportados, gozan del trato de una Policía profesional y una Justicia garantista hasta el absurdo. Absurdo porque ese garantismo de la mala conciencia solo alimenta la degradación de la seguridad de la sociedad. El miedo a ser tachado de racista o islamófobo lleva a los servidores públicos en toda Europa a actitudes que son no ya pasividad sino complicidad y ocultación. Y negligencia criminal hacia la sociedad. Basta recordar a las niñas de Róterdam o la Nochevieja en Colonia. En diversa escala estos escándalos se reproducen por todo un continente que está siendo invadido sin que los responsables de su defensa se atrevan a llamar a las cosas por su nombre. Sin decirlo, han renunciado a una integración en la sociedad democrática que saben imposible. Y ocultan los efectos devastadores de esta presencia de grandes grupos de inmigrantes de culturas antagónicas y que niegan a asimilarse a la sociedad de acogida. En su mayoría musulmanes, tienen clara vocación de poder, dominación y hegemonía. Bastó una mentira difundida por grupos de extrema izquierda y por el ayuntamiento comunista de Madrid para que grupos de jóvenes africanos apoyados por elementos antisistema se dedicaran a quemar y destruir lo que buenamente quisieron. Muchos españoles se han asustado tanto por esta violencia como se han sorprendido por la ingratitud vista en escenas televisivas en las que jóvenes negros despreciaban y maltrataban a vecinos del barrio madrileño y disponían del espacio público como si fuera suyo. Podemos y el ayuntamiento de Madrid han protegido a los violentos. Tras alimentar la violencia con sus falsedades contra la Policía en las redes y las televisiones. En España aun no tenemos esas no- go zones que son los barrios en los que el Estado ha renunciado a imponer la ley con presencia policial y los entrega al dominio de grupos islamistas o de bandas de inmigrantes. Estamos en ello. Ya hay bandas en las que todo es ilegal pero que se presentan ante las cámaras para, con victimismo militante, jamás pedir perdón por sus abusos, delitos y agresiones y siempre clamar contra el supuesto racismo que supone hacerles frente. Informes desde África dicen que hay países como Senegal, Ghana o Nigeria donde entre el 38 y el 44 de población dice querer emigrar en los próximos cinco años. En el año 2050 África duplicará su población actual de 1.300 millones, ¿Cuántos cree Carmena que puede acoger en su chalecito? ¿Cuántos pretenden traer todas esas ONG en su abierta complicidad con los traficantes de ilegales? En Francia más de cien intelectuales franceses han firmado un manifiesto advirtiendo a la sociedad contra ese victimismo utilizado para imponer un nuevo totalitarismo islamista que estrangula la libertad misma. Publicado en Le Figaro denuncia la grave amenaza de un islamismo totalitario que ocupa el espacio público y recurre sistemáticamente al victimismo con mecanismo de chantaje permanente a la sociedad de acogida. Todo lo que no sea darles el poder y la impunidad es islamofobia y racismo. Y muchos ilusos e insensatos les siguen el juego criminal y suicida.