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ABC JUEVES, 15 DE MARZO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN ES DE JUSTICIA La prisión permanente revisable no es venganza, no es inútil, no va contra la Constitución y no es oportunista N O es nada parecido a la venganza, en contra de lo que aducen torticeramente quienes se oponen a ella. Por el contrario, al tratarse de una pena severa, proporcional a determinados delitos especialmente execrables, la prisión permanente revisable es uno de los pocos instrumentos legales capaces de disuadir cualquier tentación de esa naturaleza. El único que adecúa el castigo a la gravedad del daño causado y garantiza que el criminal no recobre la libertad si no existen garantías sólidas de que está rehabilitado. No contraviene ni el espíritu ni la letra de la Constitución, cuyo artículo 25 establece que las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social porque no excluye que ese objetivo pueda conseguirse. Si al producirse la revisión prevista en la ley el reo acreditara estar en condiciones de regresar a la sociedad sin constituir un peligro, nada impediría que la orientación señalada por la Carta Magna pudiera alcanzar su meta. De no ser así, lo que busca esta medida, respaldada por la inmensa mayoría de los españoles y vigente en multitud de democracias, es que ciertos delincuentes irrecuperables no anden sueltos por las calles y que quienes hayan atentado de forma notoriamente cruel contra nuestra convivencia lo purguen con una larga estancia en la cárcel. Si el Tribunal Constitucional hubiera encontrado un hueco en los últimos tres años para pronunciar- se al respecto, se habrían resuelto las dudas. Pero se ve que sus señorías andan demasiado ocupadas o eluden meter las togas en estos berenjenales incómodos. Considerando que el recurso a la vigente ley del aborto lleva lustro y medio en un cajón, tampoco resulta extraño. Indignante, mucho. Sorprendente, nada. No es en modo alguno inútil, como aseguran quienes le achacan no haber servido para prevenir los crímenes que sanciona. De todos los argumentos empleados contra ella, éste es el más endeble, por no decir miserable. La prisión permanente revisable no obra el milagro de impedir que todos los asesinos maten o todos los violadores violen, no. Ninguna de las penas recogidas en el Código Penal ha logrado el prodigio de acabar con los delitos contemplados en él. ¿Lo abolimos directamente por deficiencia en el servicio? ¿Damos carta blanca al delincuente? Las sanciones nacen con la pretensión de ser disuasorias, desde luego, pero también de castigar a quienes incumplen la ley. Y el castigo debe estar a la altura de la falta. Porque creemos en la civilización y respetamos la vida, hemos trascendido el Talión y rechazamos el ojo por ojo. Quien asesina a sangre fría, no obstante, debe penar en la cárcel. Es el único modo de compensar a las víctimas. No son oportunistas quienes defienden hoy en el Congreso la necesidad de mantener en vigor esta medida, sino los que promovieron el debate en torno a su derogación. Los señores del Partido Nacionalista Vasco, deseosos de arrebatar a Batasuna Bildu la bandera de los terroristas de ETA presos. La izquierda más o menos radical, tan atenta a las demandas sociales cuando llevan agua a su molino y tan sorda al clamor popular que exige más severidad con ciertos depredadores. El PP introdujo la prisión permanente en el sistema legal mucho antes de que Ana Julia asfixiara al pequeño Gabriel o el Chicle secuestrara, matara y escondiera durante meses el cadáver de Diana Quer. También Ciudadanos presentó sus enmiendas, encaminadas a reducir drásticamente los permisos carcelarios y las progresiones de grado arbitrarias, con carácter previo a estas tragedias. Esto no es cuestión de oportunismo ni de votos, sino de justicia. Y es de justicia exigir que quien la haga, la pague. IGNACIO CAMACHO NERUDA FARENHEIT Mal comienzo lleva una pedagogía que propone un decálogo de 19 puntos y pretende prohibir los versos de los poetas JM NIETO Fe de ratas UÉ les habrá hecho Neruda a esas feministas de Comisiones Obreras que quieren eliminar sus versos de la enseñanza para desheterosexualizar la escuela. Eso sí, heterosexual desde luego era. Y mucho. Pero con qué mirada obtusa, con qué clase de sesgo doctrinario habrán leído su estremecimiento enamoradizo, su desesperación derretida, su desvelo anhelante, su angustia sedienta. Qué torcido designio patriarcal habrán podido ver en esa lírica zarandeada por tempestades de pasión y ahogada en naufragios de soledad y de ausencia. Pedagogas dicen que son, pero mal camino lleva una pedagogía que empieza por proponer un decálogo de ¡diecinueve puntos! y continúa por prohibir a los poetas. Porque, vamos a ver, que proscriban a Pérez Reverte o a Javier Marías tiene un cierto sentido lógico. Estos dos compadres son irrecuperables para la causa, como el protagonista de Las manos sucias de Sartre, al que por cierto fusilaban los comunistas ortodoxos. Llaman coñazo a cualquier pesadez y no transigen con el lenguaje inclusivo por un arrogante prurito de filólogos. Derraman testosterona académica y crean personajes de mujer fatal que perpetúan el estereotipo sexista con odiosos tópicos. No tienen remedio, son especímenes execrables, viejunos, anacrónicos. Machirulos presuntuosos sin cabida posible en el nuevo orden despatologizado (qué querrá decir eso) y anti- LGTBIfóbico. Tampoco es mala idea la de suprimir el fútbol en el recreo. Eso está puesto en razón: a balonazos y puntapiés no se puede construir una humanidad pospatriarcal ni despatologizar nada en serio. Otra gran ocurrencia es eliminar la opresiva terminación léxica en o y sustituirla por una neutral e todes por ejemplo que no ofende a nadie y acaba con el cansino debate del género. Todo eso, y lo de cambiar el currículum de Ciencia y de Historia, es muy pertinente y cabal aunque los términos prohibir eliminar y similares abunden demasiado en el texto; cualquier malpensado machista podría intuir en tal proyecto una pulsión inquisitorial o una voluntad totalitaria de enajenación del pensamiento. Pero el pobre Neruda, que hasta era comunista, qué tendrá de políticamente incorrecto. Tal vez lo de me gustas cuando callas sea el delito misógino que lo condena al destierro, pero nunca se sabe qué ciego reduccionismo puede provocar tanta oscuridad en un cerebro. Quizá sea en el fondo un consuelo que la neocensura del radicalfeminismo lo mande, reo de blasfemia, a su simbólica hoguera. Porque se podrán recitar sus versos clandestinos con el placer secreto, íntimo, de quien contraviene un desafuero o desafía una condena. Y será un acto subversivo decir en voz alta crepúsculo, amapola, boca, cintura, tormenta, pájaro, fruta, espiga, mariposa, beso, gaviota, estrella. Farenheit 451 en versión posmoderna. Q ...La hora del estupor que ardía como un faro (Pablo Neruda)