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ABC MIÉRCOLES, 28 DE FEBRERO DE 2018 abc. es cultura CULTURA 53 Muro y leyenda Serpiente Este broche con forma de serpiente es de origen azteca y fue recuperado en México. Abajo, pendiente de oro, Colombia ANÁLISIS MANUEL LUCENA- GIRALDO L Reina Roja Esta es la máscara funeraria llamada Reina Roja de malaquita, hallada en Palenque, México. Debajo, adorno en forma de pulpo, cultura Moche, Perú Máscaras La gran cultura de las máscaras propia de las civilizaciones prehispánicas tiene en la exposición del Metropolitan de Nueva York fabulosos exponentes. A la izquierda un recipiente decorado con un retrato, que procede de Perú. A la derecha, máscara Olmeca, de México, 800 a. C. cial protagonismo de México, Perú, Colombia, Costa Rica y Guatemala. Las salas de la exposición, que hace un recorrido de las distintas civilizaciones precolombinas desde el Sur hacia el Norte, es una explosión de lujo: coronas, máscaras, pectorales, collares, pendientes, joyas para la nariz y los labios, cascos, mantos, estelas o vasijas trabajados en oro, plata, cobre, bronce, jade, turquesa, malaquita, obsidiana, azurita o conchas marinas. Algunas piezas son fascinantes por la profusión de metales preciosos, otras por la fineza y el detalle de su orfebrería. Hay conjuntos espectaculares, como el del Señor de Sipán, la tumba precolombina más rica que no fue saqueada con joyas en oro y turquesa de un rico noble de la civilización Moche, en el actual Norte de Perú; o la llamada Reina Roja una máscara funeraria de malaquita recuperada en los hallazgos arqueológicos de Palenque, en México. La exposición recoge obras que van desde un milenio antes de Cristo hasta la llegada de los conquistadores a finales del siglo XV. Es un arco temporal y geográfico muy amplio, pero las investigaciones relacionadas con la exposición han permitido conocer más sobre la diseminación del conocimiento y los intercambios culturales entre las distintas civilizaciones. Por ejemplo, los metales comenzaron a llegar a la actual Centroamérica y el Norte de México como consecuencia del interés de las civilizaciones andinas por encontrar Spondylus, un tipo de molusco muy codiciado para la orfebrería y que tenía más valor que el oro para algunos pueblos. Para Pillsbury, si hubiera que señalar un componente común a todo este legado artístico y cultural diferente de otras tradiciones suntuarias del mundo, sería el sonido: Por ejemplo, en Costa Rica, hasta el siglo VIII de nuestra era se hacía un tipo de colgante en jade. Pero empiezan a cambiarlo por oro. Se puede pensar que el metal es más fácil de elaborar o que se dificultó el acceso al jade. Pero también que el sonido tuvo que ver en ello. La mayoría de esos ornamentos crean sonido, que es una conexión con el poder divino, como también lo son el color y la luz a combinación letal de los efectos Trump y Brexit produce en la órbita angloamericana un estropicio profundo. Ciertamente con lo que tenemos aquí, ocupados como estamos en que los médicos, además de curarnos, nos hablen en el idioma que decida el populismo rupturista de turno, o en destruir empresas y riqueza a toda velocidad, pocas lecciones podemos dar. Pero en agudo contraste con la excepcional y brillante exposición El poder del pasado. 150 años de arqueología en España del Museo arqueológico nacional, que expone hasta el 1 de abril verdaderos iconos del común pasado español, en otras latitudes han bajado el listón de la calidad de modo inconcebible. Ya sabemos que las guerras culturales y simbólicas son las primeras que se libran y pierden, por menospreciarse lo que más importa Primero muere el símbolo, luego el cuerpo. De ahí que sea tan sospechoso el revival de una especie de indigenismo museístico. Este recuerda la pasión por los indios muertos del nacionalismo decimonónico en ambas Américas, tan republicanas al norte y al sur, mientras los indios vivos morían en las selvas produciendo caucho ahora les obligan a fabricar cocaína para los relajados snobs del primer mundo En 2013, cuando el Museo británico expuso en Más allá de El Dorado. Oro y poder en la antigua Colombia un exquisito repertorio de piezas del bogotano Museo del Oro, salvadas en parte de la desaparición por las instituciones y sabios de la llamada etapa colonial (o sea monárquica y española) hubo un precedente incomprendido. Nadie se preguntó entonces, tampoco ahora, la causa de que esas piezas nativas de oro, plata, cobre, plumas o textiles, estén todavía ahí. Es como si hubieran cruzado directamente el tiempo, desde el siglo XIII, o desde el azteca Moctezuma, pongamos por caso, al XXI. Lo español (solo 3 o 4 siglos) se obvia e ignora, no existe. Es también el caso flagrante del patrimonio subacuático, las tumbas de Estado que son los buques españoles en los océanos del mundo, que nacionalizan sin miramientos algunas repúblicas, cuyas camarillas se preparan para entregar 3 lingotes y 4 botones a las empresas de la moderna piratería. Ahora el Metropolitan de Nueva York, un respeto, exhibirá Tesoros del lujo prehispánico a turistas, visitantes y hasta estudiosos, que sobrecogidos por tanta belleza sabrán que la avaricia de los conquistadores españoles culpables de todo, fue insaciable. Con habilidad, cambian de sitio el foco. Señores, abajo a la izquierda les está saliendo un muro.