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ABC MIÉRCOLES, 14 DE FEBRERO DE 2018 abc. es espana madrid MADRID 73 La pistola suicida de Larra Arriba, la pistola con la que se suicidó Mariano José de Larra, el 13 de febrero de 1837, en el Museo del Romaticismo. A la izda. el salón de baile del Museo Cerralbo, con numerosas obras de temática amorosa La capital guarda su lado más romántico en viejos palacios convertidos en museos, ajenos al fenómeno de San Valentín Madrid y el arte del amor es, sin embargo, una ocasión perfecta para descubrir las piezas más singuntes de que se implantara con lares dedicadas al amor que hay exfuerza la moda de San Valen- puestas en los museos de la capital. tín en España, los romántiUno de ellos es el Museo Cerralbo cos madrileños ya tenían (calle de Ventura Rodríguez, 17) que, marcada su fecha especial en el calen- además, estrena nuevas salas que redario de febrero. Concretamente, la cuperan la decoración original que Envíspera del Día de los Enamorados y rique de Aguilera y Gamboa, el XVII no precisamente por un feliz aconte- marqués de Cerralbo, eligió antes de cimiento. Un 13 de febrero de 1837, Ma- su muerte en 1922. Este espacio, que riano José de Larra puso permite hacer un viaje en fin a su vida de un dispael tiempo, ofrece la posiEl mito ro en la sien con el que El Cerralbo y el del bilidad de elegir varios murió el hombre y nació recorridos. Uno de ellos, el mito. De aquello se Romanticismo son dedicado a los enamorados de los museos dos, adentra al visitante cumplieron ayer 181 años, con más obras de en temas recurrentes en en los que el rechazo de su amante Dolores Armiarte relacionadas el amor como los dioses jo sumado al hastío exisprotectores, los con el amor tencial que le atormenraptos mitológitaba desató presuntacos, el matrimomente el suicidio del escritor, a los 27 nio, el culto al amado, la seaños de edad, en el tercer piso del nú- paración o la galantería. mero 3 de la calle de Santa Clara. Venus y Cupido los dioSu historia bien vale una sala en el ses romanos de la sensualiMuseo del Romanticismo (calle de dad y el amor son paradas San Mateo, 13) cuyo principal atrac- obligatorias para el visitivo es la pistola con la que Larra se le- tante enamorado. La privantó la tapa de los sesos como caso mera preside la escalera paradigmático de las fuerzas irracio- de honor del palacio en nales que el amor ha ejercido sobre los forma de estatua de márartistas. La capital guarda con celo el mol blanco (siglo XIX) La lado más romántico del arte en viejos palacios como este en el que, lejos de caer en el tópico que explota hasta líReloj francés del siglo mites insospechados la celebración de XIX dedicado a Cupido, en el Museo Cerralbo San Valentín, se desmitifica. La fecha ADRIÁN DELGADO MADRID A segunda navega sobre el tiempo que marca un reloj francés en bronce dorado en su Salón Imperio. El amor también está presente en su espectacular salón comedor con dos de los raptos mitológicos por amor más reiterados en la Historia del Arte: el de Zeus a Europa y el de Poseidón a Anfítitre. Ambos, representados en dos cuadros de la escuela flamenca (s. XVII) adornados con guirnaldas de flores. No es el único. A estas dos simbólicas obras se une un misterioso cuadro de una dama se duda de su autoría, aunque se atribuye a Mariano Salvador oda al amor conyugal con una no menos enigmática nota: Amor, pues en mi silenzio oy te ofrezer esta oblación V. Z. que publiquen sus dichas todo lo que callo yo (sic) Retratos de consolación Tener una imagen de la persona amada era un privilegio reservado a muy pocos antes del nacimiento de la fotografía. El Cerralbo cuenta con una curiosa vitrina repleta de miniaturas de las escuelas flamenca, francesa, española e inglesa de los siglos XVI al XVIII que permitieron a sus dueños llevar siempre consigo al ser querido. Unas piezas de gran valor sentimental que recibían el nombre de retratos de consolación y que se pueden ver en la sala de billar del Museo. La separación de los amantes es otro tema recurrente. La colección que legó el marqués cuenta con un ejemplo singular que aborda el amor en una cultura tan lejana como la japonesa. Lo hace en dos jarrones Imari (finales del siglo XIX) que representan la dolorosa despedida entre el samurái Yoshitsune no Minamoto y su amante Shizuka Gozen. Ese recorrido concluye en la estancia más preciada del palacio: su salón de baile. Sede de la galantería y el flirteo con rigurosas normas de cortesía sus adornados muros fueron testigos de la celebración festiva del amor. Esa que, hoy concretamente, parece propiedad exclusiva de la comercial cita de San Valentín. ABC