Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES, 14 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIDAS EJEMPLARES TRIBUNA ABIERTA UN SERVIDOR DEL ESTADO POR JAVIER JIMÉNEZ- UGARTE A Carlos Robles Piquer lo criticaban por querer actuar en tres pistas como si en el trabajo no existiesen límites Los viajes con él eran siempre muy fructíferos, sin un momento de aburrimiento, gracias a su enorme curiosidad. Recuerdo el que, empezando con la independencia de Zimbabwe, nos llevó en avión a otros varios países africanos para defender la españolidad de las Canarias, o el que nos permitió visitar por carretera diversos países tras el Telón de Acero para mejorar nuestras relacione bilaterales. El 23- F almorzábamos con una delegación china en el Club 24 cuando nos avisó el conductor de la interrupción de las emisiones de radio. Fuimos en coche hacia las Cortes, y luego andando, en búsqueda de alguna explicación, retornando finalmente al Ministerio. Ya muy tarde, me comunicó que subía a ver al subsecretario para proponerle que se convocase la Comisión de Subsecretarios y pudiese asumir responsabilidades de cara a la recuperación del orden constitucional, iniciativa que llegaría a buen puerto tras lograr los necesarios apoyos. LUIS VENTOSO LOS NUEVOS PARIAS Pena que Orwell se muriese tan pronto, hoy encontraría buenos temas RIC Arthur Blair vivió en una época no demasiado lejana, pero por entonces una tuberculosis insidiosa todavía te podía llevar a criar malvas. Así le ocurrió a él, que se murió en 1950, con solo 46 años y los pulmones reventados. Cuando vio venir a la parca, aquel agnóstico y antiguo socialista impartió instrucciones de que lo enterrasen en la iglesia anglicana más cercana al lugar de su óbito. Pero al morir en un hospital de Londres resultó que no había camposanto disponible a mano. Acabó en un bucólico cementerio de Oxfordshire, en una parroquia de dos mil y pico almas y quintaesencialmente inglesa. Probablemente le habría encantado reposar para siempre en aquel entorno, pues en el fondo era un tradicionalista, un amante de los valores de su isla. En la lápida se omite el seudónimo que le dio fama, George Orwell, y solo reza que allí yace Eric Arthur Blair. Claridad, honestidad y una ironía que era un taladro, especialmente cuando la aplicaba contra su bicha personal, el totalitarismo. Tales fueron sus armas. Se coñeó a gusto del estalinismo con Rebelión en la granja y previó parte del mundo en que hoy vivimos con la angustiosa 1984 novela que anticipa el control total de la intimidad, que hoy ya ejerce el Gran Hermano digital, y también la irrupción de la posverdad (es decir, de la mentira rampante como método habitual de comunicación) Lástima que Orwell se muriese tan rápido. De vivir hoy habría lanzado nuevas y fantásticas distopías. Por ejemplo: Corre el año 2084 en Londres. Un grupo de personas de una minoría perseguida se reúnen en secreto en las catacumbas de una estación de metro abandonada. Allí intercambian penas sobre su triste situación de parias y se confabulan para intentar combatirla, aunque con una melancolía nunca expresada asumen que es ya tarea imposible. Son blancos, cristianos, heterosexuales y padres de familia casados. Son lo último de lo último. Son los intocables del año 2084. Si el párrafo anterior le ha parecido una gilipollez; vamos con otra, esta vez real y del tiempo presente. El próximo mes las Juventudes Laboristas celebrarán un congreso en Londres contra la desigualdad. Pues bien, al encuentro solo podrán asistir personas que tengan al menos una de las siguientes características: Negro, asiático o de otra minoría étnica; mujer, discapacitado; lesbiana, gay o transexual (LGTB) El Partido Conservador ha denunciado ante la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos del Parlamento esa disparatada discriminación de los hombres blancos heterosexuales. Es desconcertante que un blanco heterosexual no pueda luchar contra la discriminación se lamentan. Esta vez probablemente les darán la razón en su queja. Pero dentro de quince o veinte años... (PD: Huelga decir que el jefe del Partido Laborista es un varón, blanco y heterosexual. Se llama Jeremías y va por su tercer matrimonio. ¡Ay, la hipocresía... T RAS una vida totalmente llena humana, familiar y profesionalmente ha fallecido Carlos Robles Piquer. Imagino que muchas otras personas más prominentes que yo, coetáneos suyos, comentarán muchos aspectos de su admirable personalidad. Sin embargo, querría yo aportar algunos recuerdos de hechos que viví con él durante los varios años que trabajé a sus órdenes, primero cuando era embajador en Roma (1977- 79) y yo un joven subordinado, y luego en el Ministerio, cuando me nombró su jefe de gabinete (1979- 81) Ya en la etapa romana, aprendí de él que nunca cabe considerar que uno ha hecho bastante como servidor del Estado dando ejemplo al respecto con su actitud abierta, generosa y de total entrega y respeto a los demás. Eran frecuentes las amistosas críticas que se le hacían por querer actuar en tres pistas como si en el trabajo no existiesen límites. Consideraba que España, durante ese período en el que acababa de iniciar una ejemplar Transición, debía recuperar, como amigo y aliado, al pueblo y al Gobierno de Italia, país que pensaba habernos adelantado en todas las áreas. Guardo aún un precioso opúsculo, Parole Italiane que publicamos en 1978 con sus principales intervenciones durante encuentros hispano- italianos al máximo nivel en el mundo cultural, militar, jurídico, empresarial, político, comercial, periodístico, poético y parlamentario, que reflejan cómo supo cubrir todas las áreas de actuación de la mejor diplomacia. Sin duda, fue esa gran labor lo que llevó al presidente Suárez a nombrarle secretario de Estado de Exteriores para potenciar así la tarea que estaba llevando a cabo el ministro Marcelino Oreja. Su etapa en el Ministerio, para mí como auténtico co- ministro de Exteriores también había coemperadores en Bizancio fue de enorme intensidad y grandes resultados. Marcelino y él supieron con muy pocos medios abarcar una totalidad de cuestiones en un admirable ejercicio de coordinación o reparto de áreas y tiempos. Pienso que nuestra política exterior vivió un auténtico período de gloria para España, cubriendo, entre otras, las siguientes temáticas: Pacto Andino, Movimiento de los No Alineados, Canarias ante el Comité de los 24 de la Organización de Unidad Africana, acogida de refugiados procedentes de Asia (boat pople) apoyo bien planificado a Guinea Ecuatorial tras el prometedor Golpe de la Libertad abastecimiento de gas desde el Norte de África, sin olvidar los dos años de negociaciones para el futuro Convenio de Amistad, Defensa y Cooperación Hispano- Americano, tan vinculado a nuestro ingreso en la OTAN y al futuro acceso a la Unión Europea. Su capacidad de estar siempre disponible para todos los directores generales deseosos de compartir problemas y soluciones en interés para España reconocía que su única debilidad era no saber decir que no hizo que su despacho fuese el primero en encender las luces conservaba su título ganado de muy joven de abominable hombre de las nueve y el último en apagarlas. E MIGUEL BERROCAL También admiré mucho su capacidad de improvisación y su creatividad, cuando, tras haber cumplido en Nueva York con sus compromisos en Naciones Unidas, acudimos al despacho del director del MOMA para una visita de cortesía Terminadas las palabras de rigor, para mi sorpresa y sobre todo para la del director, decidió Robles dar por hecho el inmediato retorno del Guernica a España, pues nuestro país cumplía ya con todos los requisitos democráticos exigidos por Picasso Sorprendido, y sin saber qué contestar, el director convocó al jefe del Servicio Jurídico, que, casi sin sentarse, no pudo dejar de compartir la solidez jurídica y política del planteamiento español. Luego, unos y otros harían lo necesario para la venida a España del famoso cuadro. Carlos Robles, con su gran sencillez, no consideró que estas dos grandes aportaciones suyas, durante el 23- F y con el Guernica mereciesen figurar en sus muy meritorias Memorias de Cuatro Españas Sí encontró, en cambio, espacio en las mismas para un último capítulo, en el que confiesa al lector con humildad las ambiciones no logradas durante su larga carrera, todas de menor interés que las muchas logradas. Sin embargo, hay una, su deseo de acceder a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que siempre pensaré que tenía que haberse hecho realidad. JAVIER JIMÉNEZ- UGARTE ES DIPLOMÁTICO