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78 DEPORTES DOMINGO, 11 DE FEBRERO DE 2018 abc. es deportes ABC España se resiste a dar un paso contra la muerte súbita El fallecimiento de un jugador de 15 años del Alcira reabre el debate sobre la carencia de medidas preventivas CARLOS TRISTÁN MADRID Las medidas Un electro obligatorio Los reconocimientos médicos deberían incluir una historia clínica, una exploración física y un electrocardiograma de reposo. Uno de cada trescientos deportistas jóvenes puede padecer una enfermedad relacionada con casos de muerte súbita, de ahí que sea esencial reconocimientos más exhaustivos para encontrar casos de riesgo. En España no existe una normativa que los exija. La práctica de una actividad física suele estar relacionada con una buena salud. El deporte es sinónimo de bienestar y, precisamente por eso, la muerte súbita en deportistas causa un gran impacto en la población. El último caso en nuestro país es el de Nacho Barberá, un joven de 15 años que falleció a causa de una parada cardiorrespiratoria. El menor de edad estaba haciendo lo que más le gustaba, jugar al fútbol como cada semana, cuando su corazón dejó de latir. Cuesta comprender cómo personas aparentemente sanas y que realizan un deporte puedan ser víctimas de su propio organismo. La pérdida del pulso, del conocimiento y de la capacidad para respirar dejan imágenes de angustia difíciles de digerir. Unos pocos minutos bastan para arrebatar la vida a un deportista que no presentaba signos de enfermedad; unos instantes en los que la rápida actuación es determinante para salvar a una persona. El doctor Luis Serratosa explica que la muerte súbita en el deporte ocurre con poca frecuencia y, según los estudios más fiables, se habla de una media de un fallecimiento por cada 50.000 a 100.000 deportistas jóvenes Así pues, aunque no estemos hablando de un problema común, hay casos que evidencian que existe y que, por tanto, hay que actuar en consecuencia. Para ello, es necesario que se establezcan protocolos de prevención y de actuación, algo que a día de hoy es, a su juicio, insuficiente. En España aún no tenemos una normativa que exija el electrocardiograma de reposo en el reconocimiento médico para, al menos, todos los deportistas federados. Supondría un coste asumible y estamos peleando por ello La solución para reducir este tipo de casos podría estar, entonces, en un reconocimiento médico más exhaustivo. Si realizáramos una historia clínica, una exploración física y un electrocardiograma de reposo, encontraríamos que uno de cada trescientos jóvenes tiene una de las enfermedades de corazón que normalmente se relacionan con casos de muerte súbita afirma Serratosa. En países como Italia, sí existe desde 1981 una legislación que obliga a todos los deportistas federados a pasar este tipo de pruebas. En España, en cambio, hay un borrador de decreto ley que no termina de aprobarse. Uno de los problemas podría estar relacionado con el coste económico que implicaría este modelo de reconocimiento. Coste adicional de 20 euros Francisco Díez, presidente de la Federación de Fútbol de Madrid, lleva en el cargo un año, y se presentó a las elecciones con la promesa de luchar contra la muerte súbita: Estamos haciendo un estudio para implantar un reconocimiento médico que incluya una analítica, una prueba de esfuerzo y un electrocardiograma de reposo. No vamos a encontrar la solución definitiva, pero sí vamos a evitar muchos casos Díez, como el doctor Serratosa, defiende que el problema por el que no se abordan estos casos es económico. Considera que la salud no tiene precio y es problemático que haya administraciones que miren para otro lado. Ambos coinciden también en que llevar a cabo una implantación de un reconocimiento médico como el mencionado costaría menos de 50 euros. Ahora mismo nos cuesta el reconocimiento básico unos 30 euros, siendo de los más baratos de España. Una prueba así, con reconocimiento, analítica y electro, ¿qué puede ser? ¿45 euros? Incluso los mismos padres pueden hacer frente a este gasto dice el presidente de la FFM. Se estima que el precio puede ser de alrededor de 30 euros, cuando los chavales se gastan 100 euros en unas botas. Es un precio asumible añade el doctor Serratosa. Plan nacional de formación Existencia de un plan de educación para enseñar a los niños cómo actuar llegado el caso. Además, árbitros y técnicos deberían conocer también estas prácticas. Una correcta actuación puede conseguir una supervivencia de más de un 70 por ciento, similar a cuando una parada cardiaca ocurre en un hospital. Desfibriladores El desfibrilador es el que finalmente puede devolver a la víctima a un ritmo normal. Su coste es de alrededor de 1.000 euros y actualmente no está tan presente en los recintos deportivos como debería. La edad es un factor a tener en cuenta, si bien no es determinante: Es a partir de los 35 años cuando aumentan los factores de riesgo, ya que puede influir la cardiopatía isquémica dice Serratosa. Pero añade un dato sorprendente: Dentro de los deportistas menores de 35 años, hasta 40 por ciento de casos de muerte súbita son en chicos menores de 18 años La juventud, por tanto, no es garantía de inmunidad. Otra materia en la que aún hay mucho que mejorar es en prevención secundaria. El doctor Serratosa destaca dos factores: contar con el material necesario y conocer las técnicas adecuadas: Estamos intentando que todos los recintos deportivos y las competiciones estén cardioprotegidas. Esto significa que haya personal con conocimien- Guía rápida en caso de parada cardiorrespitoria 1 Rápido reconocimiento al jugador 2 Colocarle boca arriba y llamar al 112 3 Si no respira, compresiones torácicas Podemos sospechar una parada cardiorrespiratoria cuando un deportista colapsa súbitamente, no responde a los estímulos y no respira con normalidad. Entonces, hay que actuar. Es necesario colocar inmediatamente al jugador boca arriba manejando el cuello con cuidado. Si el jugador no responde, llame al 112 y pida que le traigan un desfibrilador. Una persona se colocará tras el jugador y estabilizará el cuello. El que realice las compresiones colocará la base de una mano sobre el esternón, y la otra encima, con los dedos entrelazados.