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ABC DOMINGO, 11 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIDAS EJEMPLARES ALGO TRAE EL POTOMAC ÁLVARO VARGAS LLOSA HORAS DE PÁNICO Yerran gravemente los políticos que invocan la Bolsa para señalar el éxito de su gestión o el fracaso ajeno E L índice Dow Jones ha registrado caídas de 2,5 por ciento, 4,6 por ciento y 4,1 por ciento en menos de una semana. Caben aproximaciones razonables a estos batacazos. Pero si los mejores inversores de la historia como Warren Buffett desaconsejan reducir los movimientos de la Bolsa a explicaciones racionales y prefieren verlos como reflejos de la caprichosa y oscura psicología humana, conviene que los bípedos menos aventajados desconfiemos de la pura racionalidad interpretativa. Hay explicaciones parciales. Una es la sobrevaluación grosera de la Bolsa, divorciada del rendimiento real de las empresas. El indicador CAPE, que mide la relación entre las cotizaciones de las empresas y el promedio de sus ganancias de la última década, estaba en un nivel superior al de la víspera del crack de 1929 y no muy lejos del alcanzado justo antes del pinchazo de las punto com el año 2000. Además, la relación entre las cotizaciones y el tamaño de la economía estadounidense que, según Buffett, deben ser montos parecidos si la Bolsa no está sobrevaluada andaba en zona de alto peligro: las primeras estaban más de 40 por ciento por encima del PIB. Si a esta explicación lógica añadimos el hecho de que llevamos años con tipos de interés superficialmente bajos (en algunos casos, negativos) por razones políticas, la verdadera pregunta es por qué estos batacazos no ocurrieron antes. Los intereses bajos suelen excitar las Bolsas exageradamente, en parte por falta de alternativas mejores (los bonos rinden poco) en parte porque el exceso de dinero hay que in- vertirlo en algo y en parte porque las valoraciones se desquician. Como algunos bancos centrales, especialmente el estadounidense, aceptando la realidad, ya están subiendo los intereses, la lógica invitaba a pensar en un frenazo bursátil. Hasta aquí lo racional. Pero eso no explica por qué las cosas ocurrieron esta semana y no unos meses antes o unos meses después, por qué las caídas vinieron acompañadas de leves subidas posteriores y por qué los mismos inversores que creen que los intereses van a seguir subiendo porque la economía va mejor y puede hacer que suba la inflación no pensaban lo mismo hace meses, cuando hacía rato que Estados Unidos mejoraba. No todo en esta vida responde a cosas inteligibles, menos aun los movimientos bursátiles que reflejan las decisiones de tantas personas de inescrutable disposición anímica o psicológica (y computadoras arbitrariamente programadas) Yerran, pues, gravemente los políticos que invocan la Bolsa para señalar el éxito de su gestión o el fracaso ajeno. Trump llevaba un año diciendo que la Bolsa no paraba de subir por la confianza en sus políticas. Es probable que la promesa de reducir impuestos influyera en algo en los movimientos bursátiles de corto plazo, pero lo ocurrido esta última semana demuestra que la jactancia era riesgosa: si entramos en un periodo bajista bear market ¿de quién será la culpa? Evidentemente, culparán a Trump. Hay que prevenir contra el riesgo de que los políticos presionen a los bancos centrales para que, en respuesta a las caídas de la Bolsa y un eventual periodo bajista recurran otra vez a soluciones artificiales. Ello desembocaría en nuevas bajadas de los intereses, o detendría las subidas, ahondando los problemas incubados en estos años. Estados Unidos necesita volver a la realidad cuanto antes porque, medida por habitante, su deuda gubernamental se ha triplicado desde el año 2000. La ilusión de que esto era manejable porque los intereses estaban bajos contribuyó a patear el problema hacia adelante. Reincidir en ello no sería desactivar la bomba de tiempo sino potenciarla. La Bolsa no se inventó para corregir la realidad sino para honrarla. LUIS VENTOSO MI CASA ES MI CASTILLO El Estado y los monopolios de internet laminan la intimidad O todos los héroes de la humanidad son guerreros o estadistas. Los abogados también han cambiado el mundo y pocos han contribuido tanto a moldear nuestras libertades como el inglés Edward Coke, muerto en 1634, con 82 años. El anciano galopaba a 30 kilómetros de su mansión cuando se cayó del caballo, accidente que lo dejó con un pie en la barca de Caronte, como encajó con humor: Tengo una enfermedad que todas las drogas de Asia, todo el oro de África y todos los doctores de Europa no pueden curar: la edad Coke, un abogado que fue juez y más tarde parlamentario, es recordado por una cita: La casa de un inglés es para él como su castillo Pero su enorme influencia en nuestro mundo va más allá. Con su ciencia jurídica dobló la mano al absolutista Carlos I. Su golpe maestro fue la Petition of Right, uno de los tres grandes documentos del constitucionalismo inglés. Cuando se aprobó, el 7 de junio de 1628, se festejó en las villas de Inglaterra con fuegos y repicar de campanas. No es para menos, pues Coke había logrado establecer los derechos y libertades de los ingleses libres no más impuestos al capricho del Rey y sin aprobación del Parlamento; habeas corpus (fin de las detenciones arbitrarias) prohibido obligar a los ciudadanos a alojar soldados en su casa contra su voluntad, y adiós a la aplicación de la ley marcial a civiles. La legendaria Constitución estadounidense de 1787 debe mucho a aquel extraordinario inglés. Mi casa es mi castillo Me acuerdo de Coke ante el creciente afán de los estados por hurgar en la cocina de los ciudadanos libres. El viernes, por ejemplo, nuestro Gobierno aprobó un bienintencionado Plan Contra las Adicciones, que acertadamente aborda problemas como el alcoholismo en menores o la adicción a los sedantes. También luchará contra el enganche a internet, los videojuegos y el juego en red. A priori, todo correcto. Pero es otro indicio de la tendencia del Estado a acogotar nuestra privacidad. Me atrevo a lanzar una humilde queja libertaria. Si un individuo mayor de edad quiere pasarse el día en su casa aplatanadado frente al ordenador, ¿quién es el Estado para regañarle? Lo mismo si le apetece tirarse horas con los vídeojuegos, o si le gusta evadirse dándole al morapio, o gastarse su dinero suyo, no del Estado en el juego online. Los españoles consumen casi cuatro horas de televisión al día. ¿Sano? No parece. Entonces, ¿va el Estado a poner a parir a esos ciudadanos y darles terapia? ¿Meterá también mano a los que dilapidan las tardes dominicales enganchados a los carruseles del fútbol radiofónico? ¿Y esa peña que en la cuarentena les da por los maratones? ¿No ponen en riesgo su salud? ¿A qué espera el Estado para decomisarles las zapatillas? Encaramos una ola de neopuritanismo y control del individuo. Por una banda nos acosa el Estado. Por la otra, los gigantescos monopolios de internet, que conocen nuestra intimidad y gustos mejor que nuestras parejas y encima se lucran con ellos (amén de anular el pensamiento crítico sirviendo al usuario solo aquello que refrenda sus puntos de vista, en vez de confrontarlo a ideas que lo desafían) ¡Qué sir Edward Coke nos pille confesados! N especialistas en el tema laboral. Un resbalón en el firmamento El capellán castrense JULIÁN ESTEBAN SERRANO nos pide enmendar un pequeño despiste Me dirijo a este diario para poner en conocimiento que en la edición del periódico del domingo 4 de febrero, en la página 5 de Enfoque, acompañando a un artículo titulado Españoles y británicos, la pipa de la paz aparece una fotografía de Chris Haslam rodeado de emblemas de la religión, la cultura y la gastronomía, en la que se puede observar una litografía enmarcada de la Virgen de Guadalupe sobre el monasterio del mismo nombre y, sin embargo, el comentario que figura debajo de la foto confunde inexplicablemente con la Virgen de Montserrat. También han caído en la cuenta de este desliz BENEDICTO PALACIOS ESPADA y MANUEL MARTÍN LOBO que al igual que nuestro capellán nos informan del error. Moción de confianza Y el broche final va dirigido a un error cometido en una reciente portada de este diario La moción de confianza no existe, es la cuestión de confianza y la moción de censura nos aclara un diestro lector. Virgen de Guadalupe Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas.