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ABC DOMINGO, 11 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS LA PORTACOZ Igual que es delito el maltrato a las mujeres, deberían tipificarse las coces de la progresía contra el español C OMO la Real Academia Española traga y acepta que a su Diccionario le hagan cuantas revisiones políticamente correctas tengan por conveniente, habrá que defender nuestra Lengua diciendo que no es un idioma, sino un toro bravo, o un león, o un tigre, o algo así. Lo digo por el maltrato. En esta España tan celosa con el maltrato animal, que en muchos ayuntamientos ya no dejan que los leones, los tigres o los elefantes amaestrados actúen en los circos, pueden impunemente arremeter contra un bien de nuestro intangible patrimonio cultural cual es la lengua, y deformarla, y dejarla irreconocible, que no te pasa nada. Al revés, tienes tus cinco minutos de gloria muy bien despachados y el aplauso de toda la progresía y de los que viven de la mamandurria y del mangazo de dinero público en forma de escaño, y no lo digo de coña. Lo digo por la portacoz parlamentaria de Podemos, Irene Montero, que ha superado a Carmen Romero y a Bibiana Aído en el maltrato a nuestra lengua y va camino del Libro Guinness de las Grandes Gilipolleces Españolas. Sí, he dicho portacoz y no es errata. La señora Montero, en el maltrato de dar patadas y coces al español, ha superado el jóvenes y jóvenas de Carmen Romero, la ex de Felipe González, y el miembros y miembras de Bibiana Aído... que ha ido a Nueva York a buscarse un enchufe de no te menees en la ONU, ¡a trincar se ha dicho! Lo de Irene Montero llega más lejos, y retuerce la estructura de nuestra lengua de tal forma que hasta hace feme- ninos donde no se necesitan ni son posibles. O sea, lo que no pué sé, no pué sé y además es imposible pero en versión lingüística. La Montero, poniéndose la lengua castellana por montera, por aquello de Montero y Montera, claro, ha anunciado que en un acto de Podemos en el Círculo de Bellas Artes iban a participar portavoces y portavozas del grupo parlamentario ¿Y el acto? ¿Qué le ha hecho el acto a la señora Montero y Montera para que celebren un acto y no un acto y un acta? Por descontado que en el Círculo de Bellas Artes y en la Círcula de Bellos Artos. Hartos de ver cómo se maltrata a la lengua. La RAE, tan cobardona como Puigdemont para cortar por lo sano con esta destrucción de la lengua, lo tiene más que aclarado en torno a estas gilipolleces y gilipollezas: La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos ¡Pues al Código Penal con estos desdoblamientos! Vamos a dejar los desdoblamientos para la carretera de Cádiz, para la Nacional IV, que es un matadero de criaturas entre Los Palacios y El Cuervo. Vamos a dejar los desdoblamientos para la carretera de Vejer a Algeciras, que hacen más falta. Y que la portacoz, como tantos (y tantas, faltaría más) deje de dar patadas a la lengua. ¿No multan por dañar un monumento nacional? Pidamos que se extiendan al tesoro vivo de la lengua española las leyes protectoras de nuestro patrimonio artístico e histórico. Pues la lengua es nuestro más universal e intangible monumento nacional. Por eso igual que es delito el maltrato animal, y el maltrato a las mujeres, y a los niños, y a los seres indefensos, deberían tipificarse en el Código Penal las coces de la progresía (y del progresío) contra el español, desvalido ante la ola de imbecilidades que nos tienen rodeados (y rodeadas) Y entre los delitos de odio, debería incluirse el más que demostrado odio de toda esta gentuza a la corrección gramatical. Como la Luna es una mujer en la hermosa canción de Moraleda, Llovet y Lara, digamos que nuestra lengua española es también otra señora, y que se le debe caer el pelo a quien la maltrate. IGNACIO CAMACHO LA PARTITURA Después de la Constitución, el sistema electoral constituye la pieza clave de la democracia, su segunda viga maestra N los regímenes no presidencialistas, la función de las elecciones generales no es sólo la de constituir una asamblea legislativa sino la de producir un gobierno. Por tanto los sistemas electorales deben atender al principio de gobernabilidad tanto como al justo reparto de los diputados electos. A tal efecto bastantes países tienden a reforzar la estabilidad con balotajes, primas de escaños a la fuerza más votada u otros métodos que compensen la fragmentación del parlamento. En dirección contraria, la reforma recién propuesta por Ciudadanos y Podemos tiende a aumentar la proporcionalidad para beneficiarlos a ellos y volverlos imprescindibles en cualquier acuerdo. En la práctica, si la fórmula de Hont responde a una pauta mayoritaria y potencia un bipartidismo imperfecto, la de Saint Lagüe otorga a las minorías un cierto derecho efectivo de veto. Las leyes electorales son la partitura de la democracia, pero todas tienen tantas virtudes como defectos. Por eso lo más importante es que, cualquiera que sea el criterio, su música esté escrita con amplio consenso y a ser posible suene por un tiempo duradero. Lo que representa un error catastrófico es tratar de cambiar sin mayoría cualificada las reglas de juego. Ese movimiento se puede entender en un partido radical e insurgente como Podemos pero de C s, que aspira a gobernar desde el centro, cabe esperar una voluntad más integradora, una responsabilidad más seria y un mayor sentido estratégico. Su base sociológica moderada quizá no vaya a comprender demasiado bien que para favorecer su propia proyección elija esa clase de compañeros. Lo más probable es que la reforma se frustre porque para prosperar necesita a un PSOE poco entusiasmado con la idea. Sin embargo no cabe descartar que la dirección socialista, cuyo programa se resume en sacar del poder a la derecha, se sienta tentada con la posibilidad de acelerar el desalojo del PP por esta vía torticera. Los sanchistas no se ven a corto plazo como ganadores de las elecciones y cualquier iniciativa que jibarice a su principal adversario les puede parecer buena. Si eso ocurriese, el pacto esencial de la Transición saltaría por los aires con graves consecuencias. Para los nuevos partidos, que en su ambición refundacional tratan la política de Estado con cierta ligereza, quizá no se trate de ninguna tragedia, pero la organización que más tiempo ha gobernado España no debería ser la que prendiese esa mecha. La modificación del procedimiento electoral es para cualquier nación nitroglicerina política, que hay que manejar con suma delicadeza. Después de la Constitución, esa norma constituye la pieza clave del orden democrático, su segunda viga maestra, cuya alteración repercute en toda la arquitectura del sistema. Cualquier político sin vocación dinamitera se lo pensaría mucho antes de meterle mano sólo porque le va bien en las encuestas. E JM NIETO Fe de ratas