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ABC MARTES, 6 DE FEBRERO DE 2018 abc. es deportes DEPORTES 51 Super Bowl Peterson trae el espectáculo guir anotaciones. Lo habitual es que en el cuarto down los equipos busquen una patada para llevarse tres puntos si están cerca del área de castigo- o para forzar al equipo contrario a empezar su posición desde la zona más lejana posible. Los Eagles, sin embargo, son el segundo equipo de la NFL que más se la ha jugado en el cuarto down durante la temporada regular: en 26 ocasiones no entregaron la cuchara e hicieron una jugada para mantener la posesión (17 veces tuvieron éxito) Fiel a su estilo Pederson no tardó en mostrar que se mantendría fiel a su estilo. Al filo del final de la primera parte, cerca del área de castigo touchdown y con el cuarto down los Eagles renunciaron a dar una patada y llevarse tres puntos y optaron por la fantasía. En contra de lo habitual, el quarterback Nick Foles, no recibió la pelota, que fue a parar a Trey Burton. Foles simuló quedarse donde estaba, pero esprintó hacia la zona de touchdown donde recibió sin oposición el pase de Burton. Es lógico que los Patriots parecieran confundidos con el engaño: Burton no había dado un pase en sus cuatro años en la NFL. Foles no recibía uno desde su época en la universidad. La jugada era un cúmulo de riesgos que podía haberles dejado sin tres puntos y tocados psicológicamente para el descanso. La apuesta salió bien. Tras el partido, Pederson la bautizó como la Philly Special nombre que quedará para la historia. Algo parecido volvió a ocurrir en el segundo tiempo, quizá en el momento clave del partido. Perdían los Eagles por un punto (33- 32) estaban de nuevo en su cuarto down y quedaban 5: 39 para el final. La decisión normal hubiera sido dar una patada, alejar la pelota, confiar es que los Patriots no anotaran en su siguiente posesión y puntuar cuando recuperaran la pelota. Pero Pederson se la jugó a ganar yardas y mantener la posesión. Foles, el héroe inesperado de la Super Bowl, un jugador que estuvo a punto de dejar la NFL hace dos años después de ser despedido por los St. Louis Rams, conectó por los pelos un pase con el recibidor Zach Ertz. Perder esa pelota hubiera sido casi despedirse del partido. Doug Pederson, entrenador de los Eagles, levanta el trofeo de campeón de la NFL REUTERS El técnico de los Eagles tiró de valentía para ganar a los Patriots la final más entretenida JAVIER ANSORENA CORRESPONSAL EN NEW YORK La gestión de riesgos es un pilar del fútbol americano. Perder una pelota por tratar de avanzar un puñado de yardas o sufrir la interceptación por jugártela con un pase complicado pueden marcar un partido en tu contra. Por eso son tan habituales las carreras contra un muro de jugadores de pocos metros, que duran apenas un par de segundos y acaban con el estruendo de la colisión de cascos. O los pases repetidos a los mismos recibidores, con menos posibilidades de perder la pelota. La obsesión por la posesión, sumada al portento físico de los jugadores, acaban por convertir muchos partidos en un cho- que de trenes monótono, con miles de pausas publicitarias. Este domingo, sin embargo, en la final de la Super Bowl, el entrenador de los Philadelphia Eagles, Doug Pederson, miró de frente a los riesgos y decidió jugar con ellos. Hacían falta arrestos: era la primera vez que su equipo llegaba a la gran final de la NFL desde que se creó la Super Bowl hace más de medio siglo y enfrente tenía al equipo dominador de esta era, los New England Patriots. El resultado fue la final más entretenida que se recuerda. Y los Eagles se llevaron el título (41- 33) Pederson se había mostrado durante toda la temporada como un jugador de ajedrez que estudia las defensas rivales, busca minar sus puntos débiles y sorprender con jugadas imprevisibles. Emplea tácticas creativas, propias de equipos universitarios, que apenas se ven en la NFL. Y no le tiembla la mano para arriesgar en el cuarto down la última de las posesiones que cada equipo tiene para avanzar yardas o conse- Varios campeones plantan a Trump Malcolm Jenkins, Torrey Smith y Chris Long, tres de los nuevos campeones de la NFL, anunciaron que no asistirán a la recepción de Donald Trump en la Casa Blanca, una tradición que honra cada año al mejor equipo de la temporada. En los últimos meses, el presidente ha atacado repetidamente a numerosos jugadores de la NFL por arrodillarse durante el himno nacional en señal de protesta contra sus políticas. No, no voy a ir a la Casa Blanca? afirmó Long, que ya desestimó la misma invitación en 2017 tras proclamarse campeón con los Patriots. Baloncesto Fórmula 1 El proyecto del Barça acaba con el despido de Sito Alonso SERGI FONT BARCELONA El circuito sustituye a las azafatas por veinte niños J. C. C. MADRID El Barcelona decidió ayer destituir a Sito Alonso tras el peor inicio de temporada en los últimos 41 años. La prematura eliminación en la Euroliga (solo 7 victorias en 21 partidos) y la humillación sufrida este fin de semana en la pista del Baskonia (96- 72) con un sonrojante 31- 7 en el primer cuarto han acelerado el desenlace. Llegaba Alonso a revitalizar un proyecto que había tocado fondo bajo la tute- la de Georgios Bartzokas, con una plantilla remodelada y para la que no se reparó en gastos, pero fue incapaz de cambiar la dinámica. Ahora, con la sección patas arriba y muchas miradas enfocadas en el palco y los despachos, ha sido el técnico el sacrificado. Alfred Julbe, que entrena en el filial, se perfila como el favorito para ocupar el puesto en el banquillo a pesar que lleva 17 años sin entrenar a un equipo de la ACB. La Fórmula 1 está cambiando. Según su antiguo dueño y rector, Bernie Ecclestone, para mal. Nos estamos volviendo unos mojigatos dice No sé a quien pueden molestar unas chicas guapas bien vestidas con el nombre de un piloto y el número de un coche Y cambia para bien según sus nuevos propietarios, que han decidido sustituir a las tradicionales azafatas de la parrilla por niños aspirantes a piloto. A partir del próximo 25 de marzo en Australia no habrá modelos en la parrilla de salida o la entrega de premios, sino niños que ejercen como pilotos de karting y sueñan con emular a Alonso y demás estrellas del volante. Los veinte niños de cada gran premio serán elegidos por los clubes automovilistas locales por méritos, por sorteo y, sobre todo, por contactos e influencias, parte esencial de la escuela de negocios de la F 1.