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ABC VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 29 MONNET CO. NUEVAS REVELACIONES DEL INFORME DEL BREXIT Las trabas a los comunitarios dañarán la economía británica IVÁN ALONSO LONDRES JOSÉ M. DE AREILZA El ya famoso informe sobre el Brexit realizado por el Gobierno de Theresa May y filtrado hace unos días preveía que la economía británica se resentiría por la salida de Reino Unido de la UE. El documento aseguraba que el PIB británico crecería más lentamente en los próximos 15 años y a esto contribuiría, según nuevas filtraciones de ese análisis, el fin de la libre circulación de ciudadanos comunitarios en el país. Una política de inmigración más estricta de personas procedentes de la UE sería suficiente por sí misma, señala el informe, para contrarrestar los beneficios del previsible acuerdo comercial que se firme con EE. UU. una vez Reino Unido quede fuera de la Unión Europea. Esto ocasionaría una pérdida de algo más del 0,2 por ciento del PIB. Incluso si finalmente el Ejecutivo de May se decide a aplicar un sistema más flexible para los emigrantes procedentes de los 27 países de la UE algo poco probable la economía británica seguiría viéndose afectada. Cabe recordar que la inmigración fue el punto clave de la campaña del Brexit y que fue tomado como bandera por parte de los partidarios de la salida de Reino Unido de la UE, cuya principal consigna era que se devolviese al Ejecutivo británico el control de sus fronteras, reduciendo así el tránsito de personas procedentes de Europa. UNA ISLA SIN AMARRAS espués de un primer año de negociaciones casi perdido, apenas queda tiempo para pactar el Brexit. Los líderes continentales han dejado atrás el momento de crisis existencial, que les llevaba a querer hacer pagar un precio alto a los británicos. Pero los representantes de Londres negocian en Bruselas sin un mandato claro. El problema sigue siendo la disputa interna en el seno de los dos grandes partidos, conservador y laborista, con motines a bordo sin resolver. Como ha señalado Joseph Weiler, el Brexit interrumpe doscientos años de política exterior británica, orientada siempre a formar parte de los foros más influyentes. Sin ganar nada a cambio, el Reino Unido tendrá que perder los derechos y ventajas de su participación en la integración europea, una andadura exitosa como pocas. El período transitorio es relativamente fácil de pactar. La cuestión May: otro estatus desde 2019 Mientras, Theresa May se encuentra en China en un viaje de tres días intentando buscar aliados comerciales tras el Brexit. Desde allí, la primera ministra ha asegurado que los ciudadanos comunitarios que lleguen a Reino Unido durante el periodo de transición tras la retirada del país de la UE no tendrán el mismo estatus que los que lleguen antes del 29 de marzo de 2019, fecha de la salida. Una condición que sin duda se convertirá en otro caballo de batalla con Bruselas. May cree que debe haber una diferencia entre el antes y el después del Brexit y que es su intención hacérselo llegar a Bruselas. Soy clara. Hay una diferencia entre los que vengan antes de que nosotros nos marchemos y aquellos que entren cuando saben que el Reino Unido ya no es miembro de la UE sostiene. D más peliaguda es la relación futura. Theresa May no quiere un Brexit blando, que prorrogue la pertenencia al mercado interior y la unión aduanera, a cambio de quedar sujetos a un Derecho que ya no elaborarán. Aspira a un pacto comercial como el de Canadá- Unión Europea, pero con un potente aditivo, la libre prestación de servicios financieros. Ofrecería a cambio seguir siendo el aliado imprescindible en cuestiones de seguridad y defensa. Pero el mercado interior es indivisible, dice la ortodoxia comunitaria. Sin embargo, es distinto pertenecer a este mercado que tener acceso a partes del mismo. El actual pasaporte financiero de la City será muy difícil de mantener, pero sí caben soluciones pragmáticas e intermedias. Una condición que posiblemente pediría Bruselas sería la supervisión de los tribunales europeos sobre este sector y otra (que en el fondo favorecería a la economía británica) sería mantener la apertura a los trabajadores europeos. Nada está acordado hasta que todo esté acordado, reza el viejo principio negociador europeo. En 2018 toca pasar de la política de las emociones a la de los intereses. A los continentales nos conviene mantener la cercanía con el Reino Unido, y evitar que sea, en palabras de Martin Wolf, una isla que ha cortado amarras, a la deriva en el Atlántico.