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ABC VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIDAS EJEMPLARES TRIBUNA ABIERTA LA BUFONADA JURÍDICA DEL SOBERANISMO CATALÁN POR ALFONSO TRALLERO MASÓ No hay delito en la difusión de los mensajes telefónicos de Puigdemont to, no concurre ninguna de las otras modalidades comisivas que contempla el artículo 197, interceptación de telecomunicaciones ni utilización de artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, pues en uno y otro caso se requiere precisamente que el interviniente en la comunicación cuyos secretos se captan desconozca que puede estar siendo escuchado o grabado, mientras que en el presente supuesto el señor Comín se había situado voluntariamente al alcance de esa y otras cámaras. En cuanto al Código Penal belga, el artículo 314 bis del mismo regula de un modo parecido la cuestión, al exigir que el apoderamiento de la conversación privada de otro se haga a través de aparatos o dispositivos de interceptación, poniendo así el acento en la necesidad de que el acceso a los datos de la comunicación ajena se haga de manera subrepticia, oculta a los que intervienen en la misma; lo que, de nuevo, nada tiene que ver con lo aquí ocurrido. En cualquier caso, y aunque se aceptara a efectos dialécticos que el proceder del cámara de Telecinco puede subsumirse en la descripción típica del delito de revelación de secretos, concurriría de modo evidente la eximente contemplada en el artículo 20.7 del Código Penal español, al haber obrado en el legítimo ejercicio de un derecho tanto el cámara que captó la pantalla del móvil del señor Comín como los periodistas de Telecinco que difundieron dicho pantallazo. Efectivamente, unos y otros han actuado sin duda al amparo de la libertad que el artículo 20.1. d) de la Constitución nos concede a todos para comunicar (y o recibir información veraz por cualquier medio de difusión Al respecto, nuestros tribunales Constitucional y Supremo vienen señalando que en el conflicto entre el derecho a la intimidad y el honor, por un lado, y la libertad de información, por otro, deberá entenderse esta como causa justificativa del sacrificio de los primeros siempre y cuando se cumplan los requisitos de veracidad y trascendencia de la información facilitada, lo que, en el presente supuesto, no admite discusión. Por todo ello, no tengo ninguna duda (como tampoco la deben tener el señor Comín y su abogado, por mucho que digan lo contrario) de que su cacareada querella no tendrá el más mínimo recorrido y de que, de presentarla, nos encontraremos ante un nuevo capítulo (esperemos que el último) del sainete jurídico al que han querido llevar a Cataluña quienes, tras salir huyendo, aún pretenden erigirse en referentes de la legalidad. ALFONSO TRALLERO MASÓ ES ABOGADO LUIS VENTOSO NI TAN MAL Cachondeo aparte, españoles e ingleses nos llevamos bien E L pasado miércoles, en el programa televisivo de Ana Rosa Quintana en Telecinco, saltaba la noticia de la captación, en un acto público celebrado en Lovaina, por parte de un cámara de televisión de dicha cadena, de la pantalla del móvil del exconsejero de la Generalitat Toni Comín, justo en el momento en que por este se recibían varios mensajes del expresidente Puigdemont. En dichos mensajes, este se quejaba amargamente de que el procés estaba dando sus últimos coletazos y reconocía su derrota, personal y política, suspirando porque, al menos, una salida de prisión de los preventivos del soberanismo permitiera que el ridículo no fuera histórico. Tras el impacto producido por la noticia, que destapaba una vez más la diferencia entre lo que dicen y lo que piensan los adalides del independentismo oficial, el citado Comín y su abogado se han aprestado a señalar que se iban a querellar contra Telecinco por la comisión de un presunto delito contra la intimidad, pues según ellos la captación y difusión de los referidos mensajes sería delito tanto en España como en Bélgica. Pero de nuevo se trata de una patraña, un entendimiento que se sabe absolutamente insostenible. O si es que realmente se lo creen de una nueva muestra de chapucería jurídica, digna de la peor república bananera. Efectivamente, aunque el artículo 197 del Código Penal español contempla como delito el acto de apoderarse de soportes físicos o electrónicos propiedad de otro, con la finalidad de descubrir los secretos de este o vulnerar su intimidad, es evidente que en el presente supuesto no se cumplirían las condiciones exigidas por dicho precepto. En primer lugar, porque no cabe hablar de apoderamiento cuando el cámara de televisión se habría limitado a captar una imagen en un acto público, al que habría sido convocado tanto dicho cámara como otros muchos. El comportamiento que prohíbe el tipo penal ninguna similitud guarda con el hecho acontecido. El cámara no actúa subrepticiamente, ni ha de vencer resistencia alguna por parte del receptor de los mensajes para que éstos no lleguen a conocimiento de terceros. Por supues- A La Cruz de Callosa Tengo 76 años. Mi abuelo era de Callosa y mi padre, también. Tenían una industria del cáñamo. Solo me liga hoy a la localidad de Callosa el panteón familiar, pero me duelen los sucesos de estos días relacionados con la retirada de la Cruz de los Caídos. Nací dos meses después de que muriera mi padre, víctima de tuberculosis contraída en los años de prisión que soporto en la cárcel de Alicante, del mismo bacilo de Koch que se llevó poco tiempo después a Miguel Hernández en aquella misma cárcel con otros carceleros. Es hora de que los vivos dejemos descansar a los muertos y nada mejor que dejar la cruz en su sitio, desnuda, sin nombres, para que sea de todos y nos recuerde algo que nunca debió pasar. Releer a Miguel Hernández me acerca siempre con cariño a la Vega Baja. MANUEL MARCO CANO MADRID Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. yer, en la última de ABC, el siempre brillante Álvaro Martínez respondía con humor a una descripción irónica del carácter español que había publicado The Times Su coña marinera con los ingleses se convirtió en la web en eso que llaman noticia viral Aunque el cruce de puyas anglo- español es divertido, nos llevamos bastante bien. A los británicos les chifla España, como prueba el que son los extranjeros que más nos visitan (18 millones anuales) A su vez, más de 300.000 españoles viven en el Reino Unido. Hay más indicios. Los bares de tapas españolas triunfan en Londres (algunos buenos y otros con pinchos que lindan con el Código Penal) El vino más trasegado en Inglaterra es un rioja que aquí calificaríamos de trotero. Las empresas españolas son omnipresentes en Gran Bretaña, desde que aterrizas en Heathrow (Ferrovial) y siguiendo por O2, Santander, Sabadell o el planeta Inditex. Los dos países encabezaron los mayores imperios que ha conocido el mundo. Pero somos diferentes. Si juntas a más de cuatro ingleses frente a una puerta, de manera casi genética formarán una cola. Si haces lo mismo con cuatro españoles, su primer afán será cómo saltarse la cola. Los ingleses parecen circunspectos, pero en cuanto cruzan el umbral de un pub se activa un mecanismo psicológico no aclarado que los lleva a hablar a grito pelado. Los españoles ni somos circunspectos ni intentamos parecerlo y no se requiere un bar para hablar a voces. Los ingleses arrastran dos patologías del alma: la hipocresía y el clasismo. Las nuestras son la envidia y el auto desprecio. Los ingleses son buenos. Pero peores de lo que creen. Los españoles somos buenos, y mejores de lo que creemos. Más del 40 de los ingleses se declaran agnósticos, mientras que casi el 70 de los españoles siguen considerándose católicos. La crisis anglicana es tal que en algunas iglesias te regalan una copita de vino en el oficio dominical. En España triunfan los concursos de cocineros y en Inglaterra, los de reposteros. En general la tele británica es mejor y la construcción y el wifi, mucho peor. La prensa inglesa gasta más sentido del humor, pero en su versión amarilla es abyecta. Los ingleses inventaron la democracia moderna. Los españoles trabajamos para cargarnos la que hemos construido con gran mérito. Los españoles somos más sensuales que los ingleses, que hasta este siglo sopesaban seriamente si era más interesante en la cama el sexo o la bolsita de agua caliente (casi siempre ganaba la segunda) Los ingleses adoran a los animales, pero tal vez podrían querer un poco más a los de su propia progenie. Los españoles conservamos unos afectos familiares que son un tesoro y un milagro. La política de Westminster es sofisticadamente brutal. La de España es brutal sin sofisticaciones. Los ingleses regalaron al mundo el liberalismo, la máquina de vapor, la penicilina y los Beatles. Nosotros le dimos el catolicismo, la fregona y el futbolín, y una alegría de vivir y un poso de humanidad que ya conservan pocos pueblos. Shakespeare y Cervantes habrían hecho buenas migas. Hablarían de teatro, versos, mozas y dineros en cualquier taberna astrosa. Les daría el alba y seguirían riéndose del mañana.