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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU ACABADO Gracias por tanto, Puchi. Gracias por las crónicas, aunque hayan derivado a un tono humorístico que no era el previsto UGUETE roto, modelo desmontable con las piezas esparcidas sobre la mesa, Puigdemont. O el primer loco que se cree Puigdemont, como dijo Víctor Hugo que Napoleón fue el primer lunático que proclamaba ser Napoleón incluso desde aquel exilio marítimo, junto a expatriados escogidos como el Les Cases del Memorial, donde no habría sido posible concebir una cobertura de móvil para los desahogos. Ay, Puchi, Puchi, el móvil no, hombre, el móvil no. Cualquier adúltero avezado le habría advertido a usted de los peligros inherentes a la costumbre de aliviarse en el móvil. Gracias a Dios, no envió a Comín una fotografía erótica un selfi ante el espejo del cuarto de baño, desnudo salvo por una vara de salvapatrias municipal y una banda patriótica cruzada, erecto de destino manifiesto porque entonces el ridículo habría sido histórico, histórico, histórico. Histórico. Un ridículo de los que decía Perón que no hay cómo volver: Perón, que volvió de todo. En realidad, lo era ya, ridícula, histórica y autoparódica, la imagen de los mossos revisando ante el Parlamento de Ciudadela los bajos de un camión por si acaso el heredero estético de Tarradellas se ató con un cinturón al eje del vehículo como Robert De Niro en El cabo del miedo Gracias por tanto, Puchi. Gracias por las crónicas, aunque hayan derivado a un tono humorístico que no era el previsto cuando nos las veíamos con el Hecho Histórico de nuestras vidas, nosotros que llegamos tarde hasta para la caída del Muro. Gracias pero, hombre, el móvil no. Alíviese con un barman, con un sacerdote, incluso con una señorita de barra fija. ¡Pero con un ambicioso que piensa en su supervivencia y por escrito! Los despojos de Puigdemont, que la siguiente hornada independentista implorará a los GEO que se los saquen de encima, manifiesta no concebir en los años de vida que aún le queden sino la dedicación a la defensa propia. Tengo una buena noticia para Puigdemont: dispondrá de un juicio para hacerlo. Un juicio con mal pronóstico pero para el cual, si de acomodar su posteridad se trata, puede ir ensayando ya frases que estén a la altura, por ejemplo, de la de Castro después del asalto de Moncada: La historia me absolverá O, al menos, la Rahola, anfitriona de las reuniones guitarreras de la alegre pandilla, de los nuevos divinos en su trámite incipiente. Una oportunidad tal no puede perderse a cambio de la disolución progresiva en Bélgica, donde no tardará en llegar el momento, triste, solitario y final, en el que un guasap de Puigdemont no le importará a nadie, ni aunque sea de contenido erótico, porque el tiempo y la política habrán ingresado ya en otros ciclos. Embriagado por su propia noción de agente redentor de la historia, Puigdemont no tratará sino de compensar la estafa de no haber terminado como Allende en la Moneda. Si no fuera todo tan ridículo, pensaríamos que para eso quería entrar, aunque fuera atado al eje de un camión. J MONTECASSINO HERMANN LA TIRANÍA DE LA MUGRE Un coro mediático compacto impide la información libre y promueve la propaganda L presidente Donald Trump pronunció un discurso sobre el estado de la Unión que, según un primer sondeo de la cadena CBS, nada sospechosa de serle favorable, mereció la aprobación del 75 por los norteamericanos y emocionó al 65 de ellos. No está mal. Imaginen que dos tercios de los españoles se emocionan con Mariano Rajoy. Sería noticia. Pues poco se ha dicho aquí del discurso de Washington. Precisamente por eso. Porque fue sólido, emocionante y sin histrionismo. Eso no sirve para la caricatura ridiculizante, única forma de tratar todo lo relacionado con él. La información sobre Trump suele ser más ridícula de lo que nunca pueda ser Trump. Muchos medios enloquecieron en EE. UU. al coger como prioridad suprema su destrucción como presidente y persona. Han perdido credibilidad a chorros. La mera resistencia ante tan masiva operación de acoso y derribo aumenta su prestigio entre los suyos. Son los medios los que sufren. Cada día sin acabar con él es un fracaso. En Europa se ha hecho seguidismo de los peores enemigos de Trump. Y en España eso ha alcanzado, cómo no, niveles esperpénticos. Hasta el último mequetrefe da lecciones al magnate E Como no se trata de informar sino de desacreditar al personaje, nadie entendió nada. Ni por qué pudo ganar y ni por qué no es depuesto como se anuncia a diario. La dominación total del escenario por un coro mediático compacto impide la información libre y promueve la propaganda. Que es lo que consumimos sin cesar. Sin necesidad de obediencias perrunas como en el periodismo catalán, la pluralidad es ilusoria. En España hay alegre camaradería de quienes no se pisan la manguera desde la extrema izquierda hasta los voceros del Gobierno. Ayer los omnipresentes portavoces mediáticos extraoficiales de La Moncloa desmentían en coro que existiera un plan Moncloa como sugerían medios cercanos al fantasma de Bruselas. De repente los golpistas más golpistas, la Esquerra Republicana (ERC) de Junqueras y del Rufián del tuit de las monedas es la parte moderada de un separatismo que, como repiten las cacatúas televisivas es perfectamente legitimo ¿Golpismo legítimo? Ahora que, dicen, ha triunfado Moncloa y se acaba la vía unilateral, hay que pensar en ser generosos. Hay que salvar a los separatistas. Ya se oyen advertencias sobre los peligros del centralismo y el nacionalismo español. El consenso mediático sirve para un roto y un descosido. Para tapar los fracasos de la vicepresidenta, para ensañarse con Julián Muñoz donde se protegía a Bolinaga, para defender la Ley de Memoria Histórica y denigrar a quien la critica, para justificar el saqueo fiscal o el cupo vasco y descalificar o rehabilitar a quien convenga. Periodismo de consenso mediático o la tiranía de la mugre. La extrema izquierda y Casals, el pastel publicitario, Ferreras y el madridismo, Roures, el duopolio y el separatismo, Godó y el gobierno de las licencias y sinergias tertulianas. En EE. UU. el accidente Trump ha quebrado ya esa costra de mugre de intereses que supone el tramposo consenso mediático izquierdista que protegió a Obama y Clinton en todos sus desmanes. Aquí hace falta que suceda. Tanto como respirar.