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28 INTERNACIONAL DE LEJOS MARTES, 30 DE ENERO DE 2018 abc. es internacional ABC PEDRO RODRÍGUEZ Donald Trump, ayer, junto a su ministro de Sanidad (izquierda) y el vicepresidente Mike Pence TRUMPIN El problema no es tanto la injerencia de Putin como el embeleso de Trump con toda clase de autócratas B romance es un acrónimo que lleva ya cierto tiempo circulando por las redes sociales. Esta síntesis de las palabras inglesas brother y romance se utiliza para describir un intenso vínculo afectivo entre varones, con una intimidad emocional que va más allá de una relación de amistad hasta rozar el arrobamiento. La palabreja se viene utilizando desde hace dos años para describir la relación de Donald Trump con Vladimir Putin. En retrospectiva, el problema de ese bromance no sería tanto que toda esa admiración mutua, con apabullante sobredosis de testosterona, ha venido acompañada de la injerencia electoral del Kremlin en la campaña por la Casa Blanca. El gran problema es que el presidente de EE. UU. viene demostrando un desmoralizador embeleso con toda clase de autócratas empeñados en tomarse libertades con las reglas básicas de la democracia. Como resultado de esta admiración iliberal, Trump se encuentra mucho más cómodo con toda clase de tiranos iliberales que con los líderes de las democracias occidentales que tradicionalmente han sido los mejores aliados de Estados Unidos. Ya le vimos disfrutar a tope en su primera gira internacional en Arabia Saudí y encantando de que le hicieran la ola en la Polonia más retrograda. En su incesante retórica nacional- populista, Trump ha tenido palabras de comprensión hasta para el presidente con maneras genocidas de Filipinas, Rodrigo Duterte. Ha demostrado toda su estima para el neosultán Erdogan de Turquía y el golpista egipcio Al- Sisi. Incluso, pese a insultos y pulsos sobre quién tiene el botón nuclear más grande, también ha llegado a reconocer los méritos estalinistas de Kim Jongun al imponerse en la versión norcoreana de Juego de Tronos. El bromance de Trumpin coincide con un momento histórico en el que las dictaduras del mundo parecen cada vez más efectivas a la hora de preservarse y se han multiplicado los líderes electos que amenazan desde dentro la separación de poderes y el imperio de la ley. Sin olvidar las renovadas dudas sobre si las democracias son o no son inevitables. Trump aplaza la aprobación de sanciones a Putin por injerencia Dimite bajo presión el número dos del FBI, acusado de beneficiar a Hillary Clinton MANUEL ERICE CORRESPONSAL EN WASHINGTON Muchas reticencias El Senado le obliga La Cámara Alta aprobó en julio una ley para contrarrestar a los adversarios de América por medio de sanciones con 98 votos a favor y dos en contra. Firma a regañadientes Después de criticar a sus aliados republicanos, el presidente suscribió la ley en contra de su voluntad. Con el mismo desinterés con que se saltó a la torera el pasado octubre el mandato del Congreso y cuando ya vencía el nuevo plazo, Donald Trump decidió anoche aplazar la aprobación de las primeras sanciones contra Rusia por su intromisión en las elecciones presidenciales que él mismo ganó. Tras mantener la incertidumbre durante todo el día y después de horas de inquietud en las filas republicanas, temerosas de que otro plante presidencial reforzaría aún más la idea de su connivencia con Rusia, la Administración iba a dar a conocer la lista de sanciones elegidas, según había anunciado la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders. Sin embargo, la falta de comunicado alguno durante varias horas volvió a despertar la inquietud en el Congreso. Nadie era capaz de adivinar si nos encontramos ante un desafío en toda regla o ante el anticipo de otra aprobación a regañadientes. La indecisión del presidente más reacio al encontronazo con Moscú en octubre, obligado por los plazos a aprobar las primeras sanciones concretas, Trump optó por el silencio administrativo. La justificación de la Casa Blanca entonces para no poner en marcha las correspondientes medidas de castigo a Rusia consistió en explicar que la Administración del Tesoro estaba trabajando aún en una lista de sanciones y de sancionables. Ayer, el presidente, otra vez jugando al despiste desde la víspera y pasándolo por alto públicamente durante toda la jornada, no terminó dando su aprobación definitiva. Primer incumplimiento Trump incumplió el primer plazo, que le obligaba a aprobar las primeras sanciones contra Rusia por su intromisión en el proceso electoral de EE. UU. Evitar enfrentamientos El texto legislativo que sirve de paraguas para las medidas aprobadas incluye doce tipos de medidas de las que el ocupante del Despacho Oval debía elegir cinco. Diversas fuentes del Congreso daban por hecho que Trump se iba a decantar por las más suaves, en su permanente voluntad de evitar un encontronazo con Putin. Para el presidente outsider que derrotó a todo el establishment contra pronóstico, la asunción de medidas contra Rusia es un acto de reconocimiento de que recibió su ayuda para el triunfo. Algo que una personalidad como la de Trump difícilmente va a reconocer nunca. Por encima, incluso, de las conclusiones que suscribieron en su día las principales agencias de Inteligencia estadounidense, recogidas en un categórico informe. En un Washington salpicado cada la historia reciente prolonga un largo proceso de tirante relación con los propios congresistas republicanos. Desde que en julio el Senado aprobó casi por unanimidad una ley que le obliga a sancionar a Rusia, las reticencias de Trump a aplicarla han sido permanentes. En agosto, obligado por los plazos para sancionarla, no ahorró críticas contra los senadores de su partido, de los que llegó a insinuar que habían impulsado una norma inconstitucional, por invadir el ámbito presidencial. Hizo ruido, pero firmó. Cuando llegó