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ABC MARTES, 30 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 MONTECASSINO UNA RAYA EN EL AGUA HERMANN LOS NOMBRES DEL PEDESTAL Quieren borrar toda huella para negar lo sucedido L A parroquia de Callosa de Segura en la provincia de Alicante, titular de la propiedad de la Plaza de la Iglesia y de la gran cruz de piedra que en ella se erguía, denunció ayer que en la madrugada del día 29, un dispositivo policial y operarios enviados por el Ayuntamiento se han personado sin previo aviso en la Plaza de la Iglesia y han procedido por medios mecánicos, a la ocupación y retirada del Monumento denominado Cruz de los Caídos Obreros bajo órdenes del poder político invaden una propiedad privada y se apoderan de objetos que sustraen al dueño legítimo, la parroquia. Lo hacen con nocturnidad y sin orden judicial. Así, contra la voluntad expresa de multitud de vecinos, ha querido solucionar el alcalde socialista, Fran Maciá, que gobierna con comunistas en perfecto Frente Popular este pueblito alicantino, el terrible problema que es la existencia junto a la iglesia de una gran cruz en cuyo pedestal figuran los nombres de 81 vecinos asesinados como creyentes. ¿Por qué molestan? Porque son memoria auténtica de la mayor explosión de odio y crimen anticristiano habido en el mundo. España fue su escenario entre 1931 y 1939. Por eso es España el país con más mártires de la Iglesia. Porque en ocho años se asesinó a más inocentes por su fe que en siglos de persecuciones romanas del cristianismo. Estos mártires son tan poco políticos ya como esos nombres extraños del santoral cristiano de már- tires de los siglos iniciales de nuestra era. Esos nombres solo son políticos para quienes quieren que se olvide que los mataron y que eran inocentes. Sus nombres allí inscritos son el testimonio que desmiente la falsaria historia que quiere contar a las nuevas generaciones gente como la de ese consistorio. Que no quiere que se sepa que fueron los de sus partidos quienes asesinaron a esos hombres. Lo que demuestra que no, que los socialistas y comunistas no fueron todos unos héroes de la libertad, tal como dicen ahora. Que no hubo un bando bueno, muy bueno, el suyo, y un bando malo, muy malo, el de los franquistas. A esos nombres del pedestal no les dieron tiempo para ser franquistas ni malos, los mataron antes. Ese pedestal y esa cruz recuerdan que los suyos, los de Maciá, mataron mucho y además, aunque no les guste oírlo, mataron primero. Y provocaron así que mataran todos y que murieran tantos, inocentes o no, en ambos bandos. Quieren borrar huellas que desmienten y acusan. El alcalde se ampara en esa Ley de Memoria Histórica que Rodríguez Zapatero fraguó como eje de su política de revancha guerracivilista para imponer el dictado histórico ideológico del Frente Popular. Esa ley que el Gobierno de Mariano Rajoy no ha tenido jamás el valor y la decencia política de derogar cuando pudo. Ahora ya se le ha quedado pequeña al revanchismo que prepara una reforma que ya dicta prisión e inhabilitaciones para quienes contradigan las falsedades sobre República, Guerra Civil y franquismo que establezca una fantasmal Comisión de la Verdad La mayoría de los políticos creen que esta es una batalla secundaria. Inmenso error. Es parte de la ofensiva contra la Nación que se sufre también en el frente separatista. Con la inmensa mentira que alberga todo el programa ideológico tras la memoria histórica quieren destruir toda legitimidad de la transición, la reconciliación y las instituciones, la Corona la primera. El Tribunal Superior de Justicia Valenciano paralizó ayer el desmantelamiento del pedestal. Veremos cómo termina el pulso de Callosa que se da con más o menos ruido en todos los rincones de España. Se intenta borrar nuestra verdad. Y con ella nuestra libertad. IGNACIO CAMACHO LAS FLORES DEL BIEN Hoy hace veinte años; Alberto y Ascen tienen cuatro nietos. Qué son veinte años en el tiempo sin tiempo de los muertos Reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida (Miguel Hernández) EMPRANO madrugó aquella maldita madrugada, temprano comenzaron a sonar los teléfonos. Temprano se llenó la ciudad de sirenas y de luces azules, temprano se vistió de luto el andén del Ayuntamiento; temprano se alzaron las solapas de la noche, húmeda de lluvia y de lágrimas; temprano se precipitó el alba, destemplada de rabia y de desconsuelo. Era temprano para todo en aquellas horas inciertas, desordenadas, perplejas: temprano para el dolor, temprano para la zozobra, temprano para el miedo, temprano para la vida recién desabrochada y sobre todo temprano, demasiado temprano para la muerte de Ascensión y de Alberto, cadáveres jóvenes tendidos en la calle junto a unas flores desparramadas por el pavimento. Tres flores, una para cada uno de sus hijos que aún dormían y que al día siguiente debían llevarlas a una fiesta del día escolar de la paz, mirad qué ironía en el colegio. Hoy hace veinte años, veinte punzadas de ausencia apenas aliviada por la caricia de los recuerdos. Alberto y Ascen tienen cuatro nietos y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos ni nunca lo seremos. Nos queda la memoria, el testimonio de la experiencia del sufrimiento. Contra la resignación, contra el extravío, contra el desaliento, contra la tergiversación, contra la comodidad conformista del silencio. Qué son veinte años en el tiempo sin tiempo de los muertos. Todas las víctimas son iguales, todas duelen lo mismo porque todas cayeron en nuestro nombre y en nuestro nombre fueron elegidas por los asesinos. Pero por eso cada una de ellas se eleva como un símbolo de las demás ante sus allegados, ante sus vecinos, ante sus familias, ante sus amigos. Quizá esa condición universal de la muerte aleatoria que administraba fuese lo que acabó derrotando al terrorismo: cuando decidió socializar el martirio, ETA hizo despertar una conciencia civil dormida, una sacudida de rebeldía y hastío. Fue en los años de plomo, en los días de angustia sin respiro, cuando la sociedad española entendió que su libertad dependía del coraje con que se resistiera al sacrificio. Sólo hay un día del año, el 10 de noviembre, en que no se conmemore un atentado. Cada uno de nosotros guarda su propia memoria del horror y del llanto inscrita en ese siniestro calendario. El 30 de enero es una efeméride grabada en el corazón de los sevillanos: la de la noche en que su inocencia colectiva, su ingenua sensación de vivir en paz, se rompió con el eco de dos disparos. Eso es lo que no vamos a olvidar ni perdonar: no habrá eufemismos que blanqueen el relato ni emplastos que disimulen la verdad del holocausto. Para que los nietos del matrimonio Jiménez Becerril sepan siempre cuánta sangre y cuánta amargura costó que aquellas flores de paz compradas para su madre germinasen en el adoquinado. T JM NIETO Fe de ratas