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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MARTES, 30 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA CUANDO RIVERA RESPALDA AL PDECAT Y A PUIGDEMONT Ciudadanos no mueve un dedo por expulsar de su grupo europeo a los secesionistas A actuación del secesionismo catalán en los últimos meses, que aspira a tener un nuevo jalón hoy en el Parlamento catalán con una sesión de investidura inviable, ha tenido enfrente a un Gobierno que se ha ido dejando la piel al intentar aplicar a los sediciosos la legislación vigente. Y también un gran beneficiado que es el partido de Albert Rivera, que ha visto todo este proceso desde la comodidad de no tener que responder por su acción de Gobierno en ningún lugar mínimamente relevante. Por ello, en esta hora trascendente, no está de más recordar alguna actuación con la que Rivera y Ciudadanos han contribuido a dar aire al secesionismo de Convergencia, hogaño PDECat. En el Parlamento Europeo Convergencia Democrática de Cataluña estuvo siempre alineada con el grupo liberal, hogaño la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE) Este grupo parlamentario no deja de ser como el parking de El Corte Inglés: Tiene 68 diputados de 38 partidos y media decena de independientes; son de 21 países. El ALDE es también un partido europeo en el que por España están los mismos partidos que en su grupo de la Eurocámara: PNV al que Aznar expulsó en su día del PPE PDECat, Ciudadanos, UPyD y algunos independientes. El peso de Ciudadanos dentro de ese partido es muy alto porque se calcula la representatividad también en función de los parlamentos nacionales. Pues bien: Albert Rivera no mueve un dedo por expulsar de ALDE al PDECat de Puigdemont. Y no solo eso, el eurodiputado del PDECat, Ramón Tremosa, famoso por sus mentiras online, como las de sus fotos con Elio Di Rupo, se ha convertido en el portavoz de ALDE en materia económica ¡nada menos! ¿Por qué no mueve Ciudadanos un dedo para impedir que su partido europeo, en el que tienen mucho más peso que el PDECat, sea empleado como herramienta de propaganda por el secesionismo catalán? Las instituciones europeas, que este año recibieron el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, han sido siempre un objetivo prioritario del secesionismo catalán. Y la dejadez y pasividad de los gobiernos españoles de uno y otro signo nos han hecho mucho daño. Durante lustros el Parlamento Europeo publicó cada año una agenda en la que se ofrecían los contactos de los parlamentos de los 28 estados miembros y... el de Cataluña. Ni PP ni PSOE hicieron desde el Gobierno nada por cambiar eso. Tras la última elección al PE en 2014 un diputado entonces de UPyD, Enrique Calvet, pidió a la Representación Española encabezada a la sazón por Alfonso Dastis que se hiciese algo. Nada se hizo. No convenía tensionar. Cuando el propio Calvet lo denunció ante la mesa del Parlamento, Cataluña desapareció de la agenda. Y es que, por desgracia, hay demasiadas pruebas de que hasta hace unos días a los secesionistas no se les ha plantado cara lo suficiente. L COSAS MÍAS EDURNE URIARTE LA VEZ QUE RAJOY HIZO POLÍTICA Los mismos que exigían más política a Rajoy en Cataluña le han dicho que haga el favor de hacer menos política P ERMÍTANME los lectores que asuma en el titular el uso incorrecto del concepto hacer política Incorrecto, pero muy popular, sobre todo entre algunos críticos de Mariano Rajoy que exigen al presidente más política para frenar los desmanes independentistas, en otras palabras, actos y declaraciones más contundentes y radicales. Tal definición de política no pasará a los textos de la Ciencia Política, como sí lo hizo la expresión chica fácil al diccionario de la RAE, con polémica añadida de Pérez Reverte por querer explicar que la RAE lo acepta todo, pero tiene una notable influencia en el debate sobre Cataluña. Hasta este fin de semana, al menos, cuando los mismos que exigían a Rajoy que hiciera política le han dicho que haga el favor de no hacer tanta política. Muy especialmente Albert Rivera, que se puso de perfil ante lo que calculó respuesta negativa del Constitucional al arriesgado recurso del Gobierno para impedir la investidura fraudulenta de Puigdemont. Y le dijo al Gobierno que le apoyaba, pero no si la respuesta del Constitucional era negativa. En un reconocimiento de facto por parte de Rivera de que hacer política también puede consistir en evitar desencuentros con el Tribunal Constitucional. O que hacer política también consiste en buscar apoyos suficientes para lograr la legitimidad de una medida extraordinaria como es el 155. De hecho, Rajoy atendió durante semanas a las reticencias de Rivera hacia su aplicación, no sólo del PSOE, y esperó hasta el último momento para aprobarlo. Y también estuvo de acuerdo con Rivera en que hacer política consistía igualmente en una convocatoria inmediata de elecciones en Cataluña para minimizar la posible tensión que pudiera provocar el 155. Eso sí, después, y con una habilidad comunicativa extraordinaria, los líderes de Cs han conseguido convencer a una notable parte de los españoles de que ellos jamás tuvieron reticencia alguna hacia el 155 y de que esas elecciones inmediatas que han dado lugar a otra mayoría independentista eran cosa exclusiva de Rajoy. Pero lo de este fin de semana no hay habilidad comunicativa que lo distorsione. Y menos mal. Quizá tengamos que aceptar lo de chica fácil de la RAE, pero seguramente podremos volver a usar correctamente la expresión hacer política. Y librarla de tanto populismo como se le insufla cuando de Cataluña se trata. No sólo para reconocer que hay una mitad de población nacionalista en Cataluña formada a lo largo de décadas que sólo podrá variar en número, si lo hace, en otras tantas décadas y no tras una medida contundente de Mariano Rajoy. También para recordar los límites del Estado de Derecho que pueden amparar incluso la burla a la ley de Puigdemont, como de hecho han estado a punto de hacerlo si se hubieran impuesto las tesis de una parte del Tribunal Constitucional. Hacer política también consiste a veces en no hacer nada, como lo está haciendo Inés Arrimadas en Cataluña al renunciar a presentar su candidatura en el Parlamento, porque escenificar una derrota segura tiene un alto riesgo político, como aprendió Arrimadas de Rajoy tras las elecciones de 2015. Y hacer política también significa contar a los ciudadanos que esto es lo que hay, o que el independentismo catalán consiste en un conflicto permanente para el que no existe receta milagrosa alguna. Tan sólo respuestas complejas y lentas. De hecho, en cuarenta años y después de mucho hacer política, a nadie se le ha ocurrido aún la solución.